Rompiendo convenciones

Imatge
Uno de los pocos aspectos compartidos por la mayoría de los filmes que más me transmitieron es la inquietante sensación de estar a un paso de entender. Hablo de casos como 2001, Odisea en el Espacio, Mulholand Drive, Mi noche con Maud o El Árbol de la Vida. Todos ellos transmiten un mensaje que percibimos de forma más sensorial que verbal. Nos hacen sentir más que escuchar, reflexionar más que memorizar, nos sugieren más que nos dictan. Ello no quiere decir que no entendamos de qué se nos habla, ya que tales piezas suelen exponer un planteamiento y una tesis fácilmente entendible, pero lo hacen dejando ciertas puertas abiertas y un amplio espacio a la interpretación personal. Y esta es, en mi opinión, la forma más honesta y acertada de hablar de la vida.

Sin duda, dicho aspecto está presente en la película que nos ocupa. ¿Qué podemos comentar, entonces, que Ozon no deje en manos de la interpretación personal? Pues, afortunadamente, y como solo logran los grandes directores, muchas cosas. En la casa nos habla del proceso de construir un relato para lograr con ello una excelente reflexión metalingüística, además de una demoledora reflexión social y psicológica que no deja títere con cabeza. Son tantos los detalles y temas a los que apunta esta película que difícilmente podríamos comentarlos todos.

Es muy llamativo que En la Casa, siendo con toda evidencia una película anticonvencional, se haga entender sin problemas mediante un lenguaje visual apto para todos los públicos (plano general para presentar situaciones, primer plano para los momentos íntimos, acompañamiento musical para magnificar las escenas…). Sin duda, ello es una prueba de lo lejos que se encuentra Ozon de los directores que presentan una pieza de contenido vacío tras el escudo de “arte experimental”. Y es que el gran logro de su trabajo es que este prescinde de cualquier tipo de red: En la casa consiste en una ágil filigrana que, en el peor de los casos, funciona a la perfección como una divertida historieta comprensible para todo el mundo (disfrutable o no, ya es arena de otro costal).

Pero lo cierto es que hay mucho más. Empezando por lo evidente, está el fantástico cruce entre realidad y ficción, dos aspectos que a lo largo del film se confunden y a ratos acaban por fusionarse (recordemos las –maravillosas- escenas en las que el protagonista irrumpe en una situación para criticar la misma, al más puro estilo de Woody Allen). Aquí es donde aparece el aspecto metalingüístico en forma de reflexión sobre cómo nuestra vida influye en nuestro arte y como nuestro arte acaba por influir en nuestra vida, dando lugar al nacimiento de un bucle interminable. Y para rizar aun más el rizo, Ozon cuestiona los convencionalismos del relato (el suyo y en general) utilizando para ello al protagonista principal (Germain), quien no hace más que criticar la historia que redacta su alumno (Claude), esto es, la historia mediante la cual va construyéndose la película.

Más allá del aspecto poético que pueda tener el relato dentro del relato, el director de Bajo la Arena también utiliza dicho recurso para hablarnos de la personalidad de sus personajes. Es fácil darse cuenta de cómo los fallidos intentos de mejorar la redacción de Claude por parte de Germain (fantásticamente interpretado por Fabrice Luchini) no son más que el reflejo de una clara incapacidad por mejorar su vida, al igual que sucede con la relación que mantiene con su pareja sentimental, ambos problemas causados por la ausencia de hijos y la frustración de él por no llegar a ser escritor. En pocas palabras, Germain intenta reescribir su vida sirviéndose de la facilidad de redacción que posee su alumno, visto que sus cualidades como escritor son dudosas y que las mismas han derivado al desastre que es ahora su vida.

Del mismo modo, el personaje de Claude funciona como metáfora del mundo fantástico en el que vive Germain, siendo este tan intenso para el último que acaba sobreponiéndose a su vida, resultando finalmente más tangible que su propia realidad (en la secuencia final, Claude hace referencia a ello con toda claridad). En resumen, En la casa es una película valiente, provocadora y tremendamente compleja, todo un mérito teniendo en cuenta la facilidad y naturalidad con que se desenvuelve.

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