Ciclo de cine mudo

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Hablar sin palabras

Es cierto que la llegada del sonido en el cine supuso un avance hacia nuevas fórmulas de narrativa innovadoras y enriquecedoras que ampliaron sus horizontes. Pero ello no quita que con la desaparición del filme mudo se perdiera un lenguaje cinematográfico difícilmente recuperable. ¿A que se debe esta dificultad? Pues, sencillamente, al hecho de habernos acostumbrado, emisor y receptor, a concebir las imágenes con sonido.

En primer lugar, nuestros ojos pueden pasar por alto un error de rácord, una imagen borrosa e incluso un montaje descuidado, pero es inconcebible imaginar una película con un sonido molesto, puesto que el oído es el sentido que usamos de forma más instintiva. En segundo lugar, la posibilidad de narrar con acompañamiento sonoro supuso todo un ahorro en recursos visuales: un tipo de voz determinada caracterizaba de un modo u otro a un personaje (recordemos, por ejemplo, las voces de Peter Lorre y Orson Welles), del mismo modo que el uso de ciertos ruidos eliminaban la necesidad de mostrar según qué imágenes (la llegada de un tren, por ejemplo, podía ser narrada con el sencillo uso de un sonido de carriles y su identificativo bocinazo). En la era muda, un director debía encontrar la forma de distraer al espectador del vacío sonoro, echo que condujo al cine a un lenguaje muy concreto ideado para lograr transparencias con métodos que el cine sonoro no necesita.

En pocas palabras, la inexistencia de una herramienta obligó a utilizar recursos que hoy en día se han convertido en innecesarios. Pero eso no es todo. Pensemos, en primer lugar, en como las imágenes sonoras han eliminado toda la transparencia que pudieran lograr los recursos utilizados en el cine mudo. Y recordemos, en segundo lugar, como de la llegada del sonido nació un lenguaje audiovisual fuertemente vínculo con el ruido; un lenguaje que usan incluso películas como The Artist y Blancanieves (tal vez muy respetables en ciertos aspectos, pero sin duda no por su semejanza al lenguaje del auténtico cine mudo).

De modo que, hoy en día, acostumbrados como estamos a conocer a los personajes de los filmes a través de los diálogos (al menos en gran parte), a construir con la imaginación parte de lo que se nos muestra ayudados por el sonido, y a distraer la irrealidad de lo contemplado mediante la hipnosis sonora, es un ejercicio más que interesante sumergirse en una era cinematográfica en la que los personajes eran caracterizados sin diálogos (a los que el público llegaba a querer a pesar de no oír sus voces), las imágenes construidas sin sonido y las historias ideadas con el propósito de entretener con la gran responsabilidad de lograr que el vacío sonoro pasara desapercibido.

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