B) El nacimiento de un lenguaje

Imatge

Probablemente la era del cine mudo reúne el más heterogéneo y dispar conjunto de piezas que quepan dentro de cualquiera de sus colectivos. La explicación es evidente: el cine nació mudo, y por lo tanto, el camino recorrido desde la imagen inexpresiva hasta la composición de escenas pertenece a la era no sonora. Pero debemos recordar que el cine no solo nació mudo por carecer de sonido, sino también por no tener lenguaje. Debemos recordar que en un principio las imágenes en movimiento no fueron concebidas para narrar, por lo cual  podemos afirmar que, en su aparición, el cine no sabía hablar. Y lo más interesante es que tubo que aprender a hacerlo sin palabras.

Al parecer, cuando la imagen en movimiento empezó a perder su encanto de novedad tras ser explotada como dispositivo narrativo (gracias a las primeras creaciones visuales concebidas para entretener, como Asalto y Robo de un Tren o Viaje a la Luna) nació un fuerte vínculo entre cine y narrativa que perduraría hasta nuestros días. Así, el cine se convirtió en una fuente de narraciones, pero aun tenia que pasar algún  tiempo hasta que la imagen en movimiento se hiciera con la totalidad (o práctica totalidad) del relato. Recordemos que, durante mucho tiempo, esta fue socorrida por los intertítulos.

A pesar de su ausencia en los primeros filmes de la historia, lo cierto es que los intertítulos fueron creados con el objeto de hacerlos llegar allí donde la imagen no pudiera. Pero a medida que la narrativa visual evolucionaba, el diseño de los intertítulos también lo hacía, hasta llegar a un punto en que imagen y letra casi eran dos dispositivos narrativos expuestos de forma paralela, cada uno por su camino (recordemos, por ejemplo, el caso de Amanecer, donde casi se puede decir que las letras en movimiento adquieren vida propia).

La comparativa es interesante: así como las últimas piezas mudas recuerdan a un duelo entre imagen y palabra (en ocasiones magistral), en su inicio ambos conceptos iban tan de la mano que casi se confundían. No parecía existir ningún criterio que definiese cuando era necesario el uso del intertítulo y cuando no lo era, de modo que en ocasiones la imagen casi resultaba repetitiva (por conocer el público de antemano lo que esta iba a mostrar) y en otras, la palabra era redundante. Podríamos decir que el arte no se encontraba ni en la imagen ni en la palabra: resultaba de la suma de ambas.

Hay dos hechos que convierten a Intolerancia en la pieza ideal para analizar dicha coexistencia. El primero es que se trata de una de las películas en que este fusionamiento se ve con más claridad. El segundo es que resulta impresionante como aun siendo una de las piezas en donde se aprecia con más facilidad su inseguridad de narrar con imágenes, este es uno de los trabajos de la era muda que mejor soporta el paso del tiempo.

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