Nueva etapa de cine para todos los públicos

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Tal vez sea cierto que finalmente ha llegado la nueva fórmula. Me hace sospechar que así es el que esta sea la tercera vez en un año que me dispongo a escribir sobre una superproducción de calidad. Pero empecemos por el principio.

Resulta una obviedad decir que el cine nunca ha sido inmune a los cambios. A finales de los años 50 tuvimos la primera muestra de ello: la llegada de la TV, la aparición del público juvenil a causa del baby-boom, el agotamiento de formas hollywoodienses y ciertas sacudidas sociales inesperadas arrojaron al cine de masas a su primera crisis creativa. Añadamos a todo ello el posterior cambio de generación, que entre otras cosas, convirtió la industria cinematográfica en un negocio palomitero manejado por sujetos que poco o nada sabían sobre el séptimo arte.

El resultado fue una década de incertidumbre durante la cual directores y productores estuvieron dando palos de ciego en frustrados intentos de encontrar nuevas fórmulas comerciales. Fue en los años 70 cuando, obviando contados episodios predecesores y los primeros síntomas de cambio, llegó la respuesta esperada con el fenómeno conocido como New Hollywood, que culminó con el estreno de las dos piezas Tiburón y Star Wars. El nuevo cine de masas había llegado. Público y crítica se reconciliaron y se abrieron nuevas puertas estilísticas que nos conducirían a más de una década de remarcables producciones, como la saga Indiana Jones, la trilogía de Regreso al Futuro, las dos primeras Terminator o Jurassic Park.

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Poco después el cine independiente irrumpió en la gran pantalla gracias a la intervención de Miramax, con títulos como El Paciente Inglés, Pulp Fiction o Shakespeare in Love. Fue una inesperada y agradable sorpresa, puesto que de repente parecía existir vida cinematográfica más allá de las paredes de Hollywood. Pero ello no tardó en adquirir su verdadero aspecto: en realidad no se trataba de una alternativa hollywoodiense, sino de una “sub-reinvención” de estilo. A decir verdad, aquello no llegó a ser más que una pequeña prolongación del fenómeno setentero y la fugaz sorpresa fue engullida con rapidez por la gran industria (no hay más que ver en que posición se encuentran ahora los directores responsables del pequeño surgimiento).

El canto de cisne de esta era tuvo lugar a finales de los años noventa con la estrena de los títulos  Titanic y Matrix, últimas superproducciones que lograron captar la atención de público y crítica simultáneamente. Y si mucho apuramos, aún podríamos hablar de los ecos del ciclo con la trilogía El Señor de los Anillos (y de rebote, apurando aún más, la primera entrega de Harry Potter). Desde entonces y hasta hoy todo ha sido incertidumbre (evidentemente, salvo contadas excepciones). Seguramente las dos causas principales de ello hayan sido la llegada de los efectos especiales generados por ordenador y el impresionante fenómeno social que ha sido la aparición de Internet. De este modo llegamos, como sucediera en la década de los 60, a una época de frustrados intentos de reinvención que hasta ahora no parecía encontrar su camino.

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Hace año y medio escribí la crítica de Super 8, película que me sorprendió gratamente por su capacidad de aunar público y cinefilia. Pero debo decir, a mi pesar, que en el fondo no fue más que una mirada nostálgica hacia una era cinematográfica ya acabada. El trabajo de J.J. Abrams no apuntaba nuevas fórmulas ni suponía ningún tipo de descubrimiento. Era tan solo un pequeño guiño (aunque bien hecho) a los cinéfilos añorados del buen cine destinado a la toda familia. Aun así, podemos decir que su aparición puede verse ahora como una señal premonitoria, o tal vez como un grito de auxilio para recordarnos que la convivencia entre comercialidad y calidad era posible. Bien, pues al parecer logró su cometido. Y es que el gran cine tal vez este resurgiendo.

Tras un largo tiempo de espera parecen haber tenido lugar las primeras muestra de cierta reaparición comercial. Este año, con la llegada de las visionarias superproducciones Los Vengadores, La Vida de Pi y una tercera producción quizás incluso más impresionante, hemos podido recordar qué era entrar en el cine con los amigos y palomitas en mano para disfrutar sin peros de puro espectáculo cinematográfico. Me dispongo ahora a escribir la crítica de dicha tercera producción, al parecer, la pieza que supone la consagración del nuevo cine comercial.

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3 comentarios el “Nueva etapa de cine para todos los públicos

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