¿Donde encajan las películas Lincoln y Django Desencadenado dentro del cine contemporaneo?

     [ Cuarta parte del artículo Nueva etapa de cine para todos los públicos]

Spielberg y Tarantino, antiguos reformadores de la narrativa – Tercera parte

Los identificables estilos de Quentin Tarantino y Steven Spielberg poseen tantos rasgos parecidos entre si como otros exageradamente distintos. En la primera categoría tenemos la cinefília, esta pasión por el cine que conduce ambos autores a plantear cada escena desde la plena conciencia de estar tergiversando la realidad en favor de su discurso. En la segunda categoría encontramos dos tendencias opuestas relativas al discurso, una amante del relato políticamente correcto provisto de moraleja y la otra partidaria de la historieta gamberra de valores confusos y desenlace aleatorio. En todo caso, tanto los parecidos como las diferencias entre estos directores nos son de gran utilidad para comprender el impacto que en su momento causó su irrupción en el cine en contrapunto al encaje de sus respectivas últimas producciones dentro del contexto cinematográfico actual.

Dos autores que reinventaron un lenguaje

Remontándonos al punto de arranque de los dos cineastas, lo primero que encontramos es que ambos entraron en la historia del cine encabezando una corriente. Spielberg experimentó su primer gran éxito comercial durante la época que hoy es conocida como la Segunda Edad de Oro de Hollywood (momento en que la ola de nuevos directores formada por Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, George Lucas, Terrence Malick, Peter Bogdanovich o Robert Altman propuso una renovación del lenguaje cinematográfico) mientras que Tarantino revolucionó el cine independiente con sus dos primeras películas apadrinadas por Miramax, en un momento en que títulos como El paciente inglés, Mi pié izquierdo o Juego de lágrimas reivindicaban el potencial de dicho cine. Y el caso es que las diferencias más básicas entre la aportación artística de uno y otro nos sirven para encontrar el encaje de Lincoln y Django desencadenado en la ola de nuevo cine comercial que está teniendo lugar en nuestros días. Empecemos.

Existen llamativas diferencias en el tipo de movimiento estilístico que encabezaron ambos directores y en la personalidad del estilo que convirtiera a cada uno en principal exponente de su cine contemporáneo. En lo que se refiere a autoría, donde uno planteó la unión de géneros para encontrar un estilo propio, el otro propuso la agrupación de estilos para inventar un género personal. Es decir, si Spielberg aunaba la aventura, el drama, el terror, la ciencia-ficción y el género policíaco para lograr una pieza de un estilo personal claramente definido, Tarantino reunía las formas de directores de películas muy diversas para lograr un aglomerado de estilos que constituía su firma en un género propio que no era ni el drama, ni la acción, ni la comedia ni la aventura.

Para resumir los distintos métodos que uno y otro emplearan para renovar el lenguaje, podemos decir que donde uno propuso una actualización de reglas narrativas el otro optó directamente por romperlas. Spielberg recurrió a multitud de géneros preestablecidos destinados a causar sensaciones determinadas. Tarantino propuso la deconstrucción del género para ofrecer sensaciones no experimentadas hasta entonces. En esta misma linea encontramos el hecho de que el autor de Pulp Fiction propusiera el relato de tiempo fragmentado, en donde lo más llamativo no era el uso del flashback sino la presentación de diversas historias donde el final de una podía encontrarse en la mitad de otra. Lo dicho pues: uno propuso la renovación políticamente correcta mientras que el otro impuso un agresivo golpe narrativo dispuesto a romper las reglas.

Dos corrientes cinematográficas: El Nuevo Hollywood y la irrupción del Cine Independiente

Imatge

Pero el hecho es que las discrepancias entre las dos formas de innovación encuentran en parte su razón de ser en la naturaleza de la corriente cinematográfica a la que pertenece cada autor. En primer lugar tenemos las claras diferencias de proporciones entre los dos movimientos: en el caso de Spielberg, nos encontramos ante un cambio de amplia magnitud que reinventaría el lenguaje cinematográfico hollywoodiense llegando a ser una influencia cinematográfica universal durante décadas. Tarantino, en cambio, propuso una renovación lingüística dirigida a un sector más concreto del público con un estilo más específico y de menor flexibilidad. Para entendernos y sin que ello signifique nada peyorativo para ninguno de los dos directores, Spielberg pudo permitirse tantear múltiples géneros cinematográficos mientras que Tarantino sencillamente se centró en el suyo, algo que inevitablemente reduce posibilidades comerciales (aunque, como luego veremos, este haya logrado convertirse en el plato principal del terreno comercial).

En segundo lugar, está el hecho de que mientras el éxito de Spielberg resultara de una explosión de talento que tubo lugar en el sitio indicado y en el momento oportuno, Tarantino fue el creador del torbellino estilístico al que pertenecen sus primeras obras. Expliquémonos. Como hemos dicho, en los años setenta tuvo lugar la aparición de un nuevo estilo cinematográfico al que ahora nos referimos como Nuevo Hollywood. Primero fue la llegada de pelícuImatgelas como Bonny and Clyde y En busca de mi destino (Easy Rider), que reivindicaban el Modernismo Europeo como fuente de innovación cinematográfica; palabra que fue tomada por directores como William Friedkin, Robert Altman, Peter Bogdanovich o Francis Ford Coppola cuando llevaron a las pantallas títulos como Contra el imperio de la droga, Los vividores, La última película o La conversación. Lo siguiente fue la consagración del movimiento con la aparición de las películas El Exorcista, Nashville, Luna de Papel y las dos primeras entregas de El Padrino. En medio de todo este movimiento se encontraba Spielberg cuando presentó la película que se convertiría, junto a Star Wars, en la asentadora de estilos del posterior cine comercial, es decir, Tiburón.

En el caso de Tarantino, hablamos de un director que prácticamente salió de la nada. A inicios de los años noventa, los ahora consagrados hermanos Weinstein dedicaban sudor y lágrimas a hacer crecer la pequeña empresa independiente que en aquel momento era Miramax, logrando puntuales aciertos como las antes mencionadas Mi pie Izquierdo y Juego de lágrimas pero por lo general dando palos de ciego sin lograr encontrar un patrón a seguir que les introduciera definitivamente en la industria. En en aquel entonces irrumpió Tarantino en los estudios Weinstein con sus Reservoir Dogs y Pulp Fiction, films que se convirtirían en referente para gran parte de las piezas independientes que las seguirían y que supondrían la actualización reglamentaria del grado de violencia permitido mostrar en pantalla.

Movimiento y “sub-movimiento”

De modo que tenemos el caso de un director que en medio de un inmenso proceso de renovación narrativa logra presentar un trabajo que asiente las bases de dicha renovación y otro que consigue reinventar la narrativa perteneciente a un terreno más reducido pero sin contar con referentes (en lo que a renovación se refiere) y dispuesto igualmente a crear escuela. Se trata de dos métodos de innovación igual de respetables, cada uno poseedor de sus méritos y ventajas frente al otro. Así, Spielberg no creó un movimiento de la nada, pero asentó las bases de un cine comercial que llegarían prácticamente a todos los estilos, y por su parte Tarantino no logró crear una escuela tan amplia como la de Spielberg, pero sí logró descubrir un género nunca visto hasta entonces del que nacerían incontables piezas cinematográfica (recuérdese, por ejemplo, la filmografía de Guy Ritchie, en especial Lock’n’Stock, Snatch: cerdos y diamantes y Rock’n’rolla).

Si fueron las características de cada movimiento las que condicionaran el estilo de los directores o si por el contrario fue su estilo el que acabo por determinar la naturaleza de la corriente a la que pertenecen es algo más relacionado con la opinión individual que con una supuesta realidad objetiva. En todo caso, el estilo de ambos autores y el contexto cinematográfico al que pertenecen terminaría por situar a los dos cineastas en posiciones muy distintas… o al menos esto podía preverse.

ImatgeMientras el sorprendente éxito de Reservoir Dogs y Pulp Fiction creaba un hueco para el nombre de Quentin Tarantino dentro del modesto submundo que es el cine independiente, el ambicioso Steven Spielberg continuaba su trabajo como director visionario introduciendo los dinosaurios generados por ordenador en el cine y presentando una bien lograda revisión cinematográfica del holocausto judío. Así era como parecían avanzar ambos directores, cada uno dirigiéndose a un público determinado y por caminos distintos. Pero la increíble (e inesperada) resonancia que llegó a tener Pulp Fiction (el famoso baile de Uma Thurman y John Tavolta, los inolvidables diálogos, la bien escogida banda sonora…) situó al joven director en una posición prematuramente alta y dirigió hacia él las miradas de crítica y público con grandes expectativas. Y aquello era algo que Tarantino no pensaba desaprovechar.

Obviando algún que otro pequeño encontronazo entre crítica y artista, el director de Jackie Brawn fue labrando desde entonces su reputación, apuntando cada vez más alto, en el mismo momento en que el legado de Spielberg y toda su creatividad empezaban a tocar techo. Y así llegamos al nuevo siglo y con él nos encontramos ante la crisis creativa hollywoodiense mencionada ya en mis anteriores artículos sobre la Nueva etapa de cine para todos los públicos. Todas las posibilidades que ofrecía el Nuevo Hollywood habían sido agotadas y el cine comercial pedía a gritos una reforma narrativa que devolviera la calidad al cine “palomitero”. Y como en la década de los sesenta, lo que siguió entonces fue una era de incertidumbre en la que abundaron los éxitos inesperados junto a igualmente inesperados fracasos comerciales.

Buscando la nueva fórmula se descubren nuevos genios

No es ningún secreto que épocas inciertas como esta suelen beneficiar a los jóvenes artistas. La visible desorientación por parte de los productores sobre qué se debe ofrecer al público favorece la diversidad de propuestas a modo de experimento comercial, algo que explica la participación de películas tan poco comerciales como No es país para viejos

o Un tipo serio en los premios de la academia, como también justifica el inesperado galardón de la primera o el del insustancial título que es Infiltrados, al menos comparado con decenas de otros títulos del mismo director. Con todo, la desorientación creativa predominante en las producciones cinematográficas de la primera década del 2000 permitió situarse en el terreno comercial a numerosos directores que hasta entonces solo se habían expresado como hermanos pequeños del auténtico cine. Este fue el caso de directores como los Hermanos Coen, Paul Thomas Anderson, Darren Aronofsky, Christopher Nolan y, evidentemente, Quentin Tarantino.

Fue a lo largo de esta década cuando tuvieron lugar los estrenos de Kill Bill y Malditos Bastardos, dos piezas (o tres si contamos con la fragmentación en dos volúmenes de la primera) de pretensiones más ambiciosas que las anteriores propuestas del director orientadas a ser disfrutadas por el gran público. Y así es como encontramos, en medio de un período cinematográfico en el que el adjetivo “comercial” queda relegado al cine de mala calidad, dos obras cinematográficas de notable valor tan características y personales como poco frecuentes en la cartelera. De este modo logró Quentin Tarantino situarse en la posición del gran director que nada tiene que envidiar a sujetos como Steven Spielberg. Y ablando de Spielberg, ¿qué ocurría mientras tanto con el experimentado director?

Pues al parecer el hombre que una vez dirigiera Encuentros en la tercera fase no estaba teniendo un buen comienzo de siglo. Títulos como I. A. Inteligencia Artificial, Minority Report, Atrápame si puedes o La guerra de los mundos eran comentados en voz baja para ser rápidamente olvidados. Y aquí es donde en parte se confirma la teoría según la cuál el éxito de Spielberg se debió a que este supiera sacar el máximo potencial a una corriente cinematográfica ya existente; pues el “flojeo spielbergiano” del que ahora hablamos parece deberse a que el agotamiento creativo de inicios del nuevo siglo eliminara todos los posibles referentes cinematográficos contemporáneos, dejando al director sin fuente alguna de la que beber. Y en el extremo opuesto de la situación estaba Tarantino, quien gracias a la inexistencia de pautas comerciales pudo desarrollar sus creaciones cinematográficas alejado de toda posibilidad de quedar al margen de la industria. Así fue como dos directores de estilos claramente distintos se encontraron el uno al lado del otro.

Dos directores consagrados en una nueva era cinematográfica

Pero entonces aparece el Nuevo Cine del Siglo XXI. Entre finales de la primera década e inicios de la segunda irrumpen en las salas nuevos autores como Joss Weadon (Los Vengadores), Ben Affleck (Argo), Tom Hooper (El discurso del Rey, Los Miserables) o Bennett Miller (Moneyball) y artesanos reinventados como Ang Lee (La vida de Pi), Wes Anderson (Moonrise Kingdom), David O. Russell (El luchador, El lado bueno de las cosas) y al parecer Robert Zemeckis (El vuelo) arrojando nueva luz al terreno comercial para reinventar el estilo y restablecer las reglas del buen cine para toda la familia. De modo que, al parecer, nos encontramos ante una nueva corriente cinematográfica con la que el cine comercial parece retomar su camino. ¿Qué ocurre ahora con nuestros dos directores?

Aquí es donde entran en escena los recientes estrenos de Lincoln y Django desencadenado. Y es que el visionado de ambas piezas casi parece un pequeño resumen de todo lo dicho hasta ahora. Por una parte, Spielberg parece haber resurgido de las cenizas con su digno y convincente discurso sobre la abolición de la esclavitud. Es como si la reciente renovación de estilos hubiese creado nuevos referentes de los que el director pudiera beber para mantener como siempre su inconfundible firma y aportar su visión innovadora a la corriente. A Tarantino, en cambio, parece temblarle el pulso por primera vez. Por ejemplo, el abuso de autoreferencias de su última obra (exagerados incluso tratándose de Tarantino) aparecen en la película como un intento desesperado de reafirmar su autoría recurriendo a los guiños cinematográficos que en su momento lo condujeran a la fama.

¿Qué papel tienen entonces las películas Lincoln y Django desencadenado en el movimiento que parece estar llegando con este Nuevo Cine del Siglo XXI? Pues resulta que podemos ver a ambos directores como reflejo de la situación cinematográfica en la que vivimos a día de hoy. Donde uno fracasa en el intento de exprimir al máximo el potencial comercial de un estilo de cine más personal que de consumo (cuyo éxito se debió precisamente a no pretender llegar a todos los públicos en un momento en que el cine comercial flojeaba) el otro triunfa al reencontrar la fórmula adecuada para inyectar nueva energía en el terreno de alto consumo. Y para reforzar tal afirmación me remito a las recientes palabras del propio Tarantino, según las cuales el director se siente alejado del cine contemporáneo, algo que le hace plantear una posible e inminente retirada.

Para resumir la situación y sin que ello niegue la posibilidad del resurgimiento de uno o la recaída del otro, da la sensación de que Quentin Tarantino solo funciona cuando él es el responsable de la corriente a la que pertenece, o cuando sus films representan la única alternativa al cine comercial de baja calidad; mientras que Spielberg se siente desprovisto de armas cuando la fuente comercial se agota (algo que puede verse en el progresivo declive de su filmografía – antes de su último estreno – y especialmente en el fallido intento de retomar sus fórmulas iniciales con Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal) y se encuentra como en casa dentro de las corrientes cinematográficas comerciales que le brindan nuevas posibilidades narrativas para explorar. Si aceptamos las premisas mencionadas (tal vez altamente discutibles), el primer resbalón de Quentin Tarantino y el inesperado resurgimiento del veterano Steven Spielberg suponen la prueba definitiva de que nos encontramos ante una nueva corriente de cine comercial.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s