Bestias del sur salvaje

Cuestionando convenciones se reinventa el género – Tercera parte

Bestias del sur salvaje es una magnífica demostración de cómo una película de formas sencillas  rodada con modestia y dignidad puede llegar a ser mucho más compleja de lo que en un principio cabría esperar. La belleza de la ópera prima de Benh Zeitlin se encuentra en un logrado juego de contrastes que comienza en la sorprendente profundidad que esconde algo aparentemente sencillo y termina en una tesis concerniente al humanismo en medio de una historia repleta de naturaleza salvaje. La prueba de la abundancia de simbolismos y reflexiones que se esconden tras esta aventura de envoltorio pretendidamente engañoso es la dificultad que me está suponiendo plasmar en palabras algo que resulta  tan evidente en el aspecto emocional. Veamos.

En un principio podríamos pensar que nos encontramos ante un relato naturalista relativo al instinto humano como herramienta necesaria para sobrevivir en el mundo, una reivindicación de la necesaria  convivencia entre personas y naturaleza. Pero lo cierto es que toda esta reflexión, en cierto modo presente en la película, acaba por tener muy poca importancia en la verdadera historia. El planteamiento del ser humano como criatura salvaje prisionera de la sociedad es algo que la película de por conocido, y evita cuidadosamente que este se confunda con el verdadero aprendizaje. De hecho, la lección de vida adquirida por la protagonista de la aventura casi podría extrapolarse a  cualquier otro contexto.

El argumento de la película no gira en torno a la vida salvaje de la joven protagonista, sino que trata sobre la relación que esta tiene con su padre. Así, el hecho de que los dos protagonistas se hallen en medio del bosque apartados de la urbanización no le sirve al director para hablar de asuntos naturalistas, sino para dejar al desnudo la verdadera esencia de una relación paterno-filial. Benh Zeitlin se pregunta cómo es la vida familiar cuando no existen envoltorios superficiales (como la televisión o los regalos materiales) que puedan enmascarar un vacío afectuoso. Y lo cierto es que encontrar la respuesta no resulta fácil.

Al principio todo parece indicar que Hushpuppy (la pequeña niña que protagoniza la aventura) lleva una vida perfecta y a la que nada le falta, repleta de felicidad y diversión. Ella es una criatura valiente, decidida y con iniciativa, y esto es algo que enorgullece a su padre. “Ni una sola lágrima”, le repita una y otra vez, pues la filosofía de vida de la pequeña comunidad a la que pertenecen se reduce a la constante lucha por la supervivencia, llevada a cabo con entusiasmo y sin tiempo para las lamentaciones. Y el hecho es que a Hushpuppy parece sentarle bien. Sin embargo, llega un día en que su padre desaparece, y lo peor de la experiencia se da cuando este regresa para mostrarse sorprendentemente distante negándose a hablar de lo ocurrido. ¿Podría ser que en realidad algo fallara?

El director Benh Zeitlin nos muestra cómo la pequeña Hushpuppy va desarrollando su sentido salvaje para ganarse poco a poco su propia autonomía. Cada día adquiere nuevos conocimientos que ensanchan su fortaleza física, y cada obstáculo que encuentra en su camino le sirve para aprender nuevas lecciones de supervivencia. “Ni una lágrima”, se repite. Aun así, de vez en cuando se imagina a si misma hablando con su madre fallecida, quien para ella no es más que un ente sin forma al que su padre sólo describe como una criatura fantástica cuya imagen desprendía tanta belleza que los fogones se encendían cuando pasaba por su lado. Y del mismo modo, también imagina su carácter salvaje como algo tangible, representado en su mente como unas extrañas y gigantescas criaturas que lo derriban todo a su paso. Así pues, mientras el físico de la pequeña lucha por la supervivencia, su imaginación, empleada como arma de auto-conocimiento, gestiona como puede su apartado emocional. Y lo hace de este modo porque esta imaginación es la única herramienta con la que puede contar dentro del terreno sentimental.

Para exponer la bella tesis del relato sin desvelar su desenlace, diremos que el objetivo de Hushpuppy  acabará siendo reunir la fuerza suficiente para dejar a un lado su aspecto salvaje y prestar atención a las lágrimas que recorren sus mejillas. Pues saber llorar también requiere un duro aprendizaje, y este es, en realidad, el que costará más esfuerzo a la pequeña protagonista. Y es que en realidad, la aventura de Hushpuppy consiste en descubrir por si misma aquello que su padre nunca se ha atrevido a mostrarle, aquello a lo que él solo se refiere mediante adornos fabulescos para camuflar la tristeza. Es solo entonces cuando padre e hija lograrán encontrarse, ya que aprender a vivir tal vez signifique combatir duramente con esfuerzo y sin tregua, pero en el mundo real las lágrimas existen y aprender a aceptarlas también puede suponer la victoria de un combate.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s