Mapa

Olvidemos lo aprendido

En mi último artículo concerniente al Nuevo Cine del Siglo XXI entredije que el principal obstáculo del cine contemporáneo es su insistencia en verse a si mismo como único referente posible. Es como si desde el momento en que los primeros cineastas-cinéfilos entraron en acción los directores de cine hubieran olvidado cómo hablar de personajes reales: de repente el único camino a seguir es explotar mecanismos narrativos ya ensayados.

Vaya por delante, estoy convencido de que la dosis de cinefília que cineastas como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola o Steven Spielberg insuflaron al cine de los años setenta resultó muy productiva, pero el caso es que a partir de entonces casi nadie pareció recordar cómo era hacer películas que remitieran a la realidad y no a si mismas.

Por eso es una agradable sorpresa encontrar en la cartelera títulos como No es país para viejos, En tierra hostil o Los miserables, películas que, en definitiva, explotan al máximo las posibilidades narrativas cinematográficas sin limitar su lenguaje al uso exclusivo de los recursos ya empleados por otros. Recordemos cómo los Coen sortearon numerosas convenciones narrativas para plasmar en imágenes la crudeza del libro de Cormac McCarthy, al tiempo que Kathryn Bigelow se despojaba de los tópicos del cine bélico para contar con sinceridad los sucesos de Iraq, mientras que Tom Hooper rechazaba los personajes planos del cine comercial para adaptar con fidelidad un famoso musical. Gracias a todo ello los tres cineastas encontraron una nueva posición para hablarle al público, y en eso consiste precisamente el logro de Mapa, un film profundamente sincero que nace del absurdo deseo de rodar una película sin tener nada que contar.

En realidad, la reivindicación del cine como arte capaz de romper fronteras lingüísticas no excluye al director cinéfilo, sencillamente propone un lenguaje cuyos recursos se actualicen regularmente gracias al sustento de las aportaciones de los cineastas anteriores. Es decir, lo descubierto hasta el momento se usa como plataforma para subir a un nivel superior. Y lo que encontramos en el documental de León Siminiani no es otra cosa que la conquista de un nuevo escalón en la narrativa.

Del objetivo nace el resultado

La premisa de esta cinta se reduce a la presentación de un personaje (el propio director) que decide grabar todo lo que encuentra en su camino con el objetivo de reunir el material necesario para montar una película. Y adivinen lo que sucede. Lógicamente, de ello nace un juego de espejos en el que León Siminiani se convierte en el protagonista de su propio relato, fenómeno del que resulta un argumento metalingüístico en el que el protagonista de la película tiene por objetivo rodar esta misma película. Bien, por si se han perdido, vuelvo a intentarlo.

Mapa no es otra cosa que el visionado de una serie de imágenes captadas por un sujeto cualquiera (al menos aparentemente) acompañadas por una voz en off que nos desvela su intención al tomarlas. Pero en realidad hay algo más. Lo que convierte esta propuesta banal en un producto francamente interesante es el mero hecho de anunciar, nada más empezar, que la intención del director es construir una película, algo que convierte al objetivo real de este director en el hilo conductor de la aventura vivida por el protagonista – que es, a su vez, el mismo director-. Y lo cierto es que la apuesta funciona.

De repente nos encontramos ante una mezcla de comedia, reflexión psicológica y radiografía social llevada a cabo mediante un viaje hacia ninguna parte, en realidad más introspectivo que turístico. Esta sencilla intención de cerrar un ciclo abierto a propósito es la que se encarga de construir el esqueleto de un guión improvisado sin necesidad de contar nada en particular. En pocas palabras, el propio objetivo de hacer la película acaba haciendo la película. Y no, no resulta para nada aburrido.

Evidentemente, Mapa se nutre de recursos narrativos “afanados” de otras películas (como en ocasiones el director llega a reconocer, recordemos por ejemplo la divertida secuencia que resume el elipsis de dos años), pero lo más llamativo es que, además de hacerlo con su propia personalidad, León Siminiani emplea dichos recursos para construir un esquema discursivo antes nunca visto (al menos por parte de un servidor). De modo que Mapa termina por ser un producto tan original como desconcertante que deja con muy buen sabor de boca a pesar de no contar con ningún referente. En resumen, esta es la primera vez en mucho tiempo que el cine español nos brinda un producto innovador.

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Un comentario el “Mapa

  1. […] a destacar (tal vez con una pequeña excepción: el curioso documental de León Siminani llamado Mapa) salvo contados casos que apenas rayan la mediocridad (y que, por respeto a los títulos citados, […]

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