Posesión Infernal [ 2013 ]

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En los inicios de este mismo año hice referencia a tres películas contemporáneas a las que definí como principales representantes del Nuevo Cine del Siglo XXI situadas en la posición de embajadoras genéricas. Hablamos de los tres títulos Los vengadores, representante del cine de aventuras (y compañera de títulos como Indiana Jones o Tras el corazón verde)La vida de Pi, en tanto que película de reflexión introspectiva destinada a todos los públicos (como podrían ser también Contact o Big fish) y Los Miserables, esta como drama social en donde el espectáculo para masas y la profundidad argumental logran una inusual harmonía (comparable, por ejemplo, a films como Amadeus Las amistades peligrosas). Pues bien, hoy parece que podemos anunciar la llegado a nuestras pantallas de la cuarta entrega de esta serie de piezas definidoras de la corriente mencionada, ahora representando el género de terror.

1.- El terror dentro del Nuevo Cine del Siglo XXI

En anteriores artículos definimos al Nuevo Cine del Siglo XX como una corriente cinematográfica que se caracteriza por devolver la madurez al cine comercial mediante la reinvención genérica. Este rasgo no representa un fenómeno nuevo si tenemos en cuenta al New Hollywood de los años setenta, etapa plagada de títulos que renovaron el cine mediante la actualización de géneros: el cine de aventuras con Star Wars, la novela negra con China Town, el cine de mafia con El padrino, el estilo bélico con El cazador yApocalipse Now o el género de terror con El exorcista. Lo que convierte a Posesión infernal 2013 (Fede Alvarez, 2013) en otro de los principales exponentes del Nuevo Cine del Siglo XXI es que estamos ante una de las películas de terror más maduras de los últimos años que reinventa el género mediante la aplicación de nuevas fórmulas y la rotura de (despreciables) convenciones.

1.1 Pasar miedo en los años noventa

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Es probable que el cine de terror sea una de las partes más afectadas por el reduccionismo cinematográfico que tuvo lugar en la década de los años noventa. Observemos el caso. En aquel entonces el cine histórico se redujo al héroe sin personalidad cuyo único objetivo era hacer justicia mediante la venganza (Bailando con Lobos, Braveheart), al tiempo que el estilo romántico se tiñó por una capa de ingenuidad camuflada bajo la apariencia de reproducción de época (Shakespeare in Love, Titánic) mientras que la comedia descubría el ancho potencial del humor histriónico y del gag verde olvidando así el complejo guión de enredos (Age Ventura, Algo pasa con Mery, American Pie) y en el género de acción la espectacularidad aprendía a justificar su absoluta ausencia de profundidad (La Roca, Independence Day). Pero el hecho es que en todos los ejemplos citados podemos encontrar, más o menos, el esqueleto de un guión y la persencia de ciertos personajes.

En cuanto al género de terror, sencillamente se convirtió en un circo de sobresaltos y salpicaduras de sangre en donde la exagerada pretensión de producir miedo terminó por borrar del mapa cualquier tipo de trama y convirtió a los personajes en simples monigotes destinados a ser desmembrados. En pocas palabras, se vivió la sensación de que el cine se empeñaba en adquirir los aspectos más superficiales de sus referentes, pues lo único que pareció haberse entendido de El silencio de los corderos es que la violencia estremece, y la única lección que pareció llegar a los directores de antaño con El sexto sentido fué que los muertos saben dar sustos. Tómense como ejemplo los títulos Scream (Wes Craven, 1996), Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997), Leyenda urbana (James Blanks, 1998) o las paranormales Vampiros (John Carpenter, 1998) La guarida (Jan de Bont, 1999), The house on the haunted hill (William Malone, 1999) o El último escalón (David Koepp, 1999).

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1.2 Pasar miedo en el nuevo siglo

En la segunda mitad de la década del 2000 tuvieron lugar dos estrenos que en cierto modo premonizaron un cambio en el género. Estoy hablando de las muy respetables[Rec] (Jaume Balagueró, Paco Plaza, 2007) y Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008). Ambos títulos nos recordaron que el peso de los personajes tenía la capacidad de construir la atmósfera deseada y que el gore y los sobresaltos podían estar al servicio de una buena trama. Si en Scream o La guarida la sangre y la atmósfera claustrofóbica asumían todo el protagonismo y los personajes adquirían un papel circunstancial, en[Rec] eran estos últimos los que nos hacían estremecer al sentirnos identificados con su angustia. Si en El último escalón o Vampiros nos encontramos ante una montaña rusa de sustos, gore y criaturas diabólicas, Déjame entrar encogió nuestros corazones con las tristes desventuras de una niña condenada a la eternidad y su joven y desprotegido compañero que anhela poder ayudarla.

Pero el caso es que, en lo que a reinvención se refiere, Posesión Infernal 2013 va incluso más allá. En realidad, el logro del primer largometraje de Fede Alvarez ya no se resume sencillamente en la recuperación del peso de los personajes y en haber devuelto la seriedad al género de terror, sino que consiste básicamente en el planteamiento de una tesis tan coherente como interesante que el director no deja de sostener en ningún momento y que da forma a toda la angustiosa experiencia de los protagonistas. Y es que a pesar de las incontables escenas sangrientas del film y de la explicidad de la violencia y de cierto recreo por parte del director en el sufrimiento de los personajes, no hay absolutamente nada gratuito en el remacke del clásico terrotífico de Sam Raimi, al que, a mi parecer, la película actual incluso supera.

1.3 Pasar miedo con Posesión Infernal 2013

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En un primer momento podemos tener la sensación de encontrarnos ante otra repetición de una de las premisas más manidas dentro el género de terror: años después de un oscuro suceso diabólico, un grupo de jóvenes se encuentran en el mismo apartamento donde éste tuvo lugar con el objetivo de pasar allí el fin de semana. No obstante, en seguida nos llaman la atención ciertas particularidades del argumento no vistas hasta la fecha y que justifican numerosos clichés genéricos normalmente chirriantes. En primer lugar, esta vez no se trata de una visita de placer, sino de la decisión por parte de cuatro personajes de terminar con la adicción a la heroína de su amiga, Mia. Gracias a este hecho la película queda impregnado por una especie de aura negativa que no necesita sucesos paranormales, algo que elimina el problema que supone para muchos films hacer creíble la violenta interrupción de la euforia de cuatro jóvenes juerguistas por el terreno espiritual. En otras palabras, el drama está presente desde el principio.

También gracias a ello podemos entender que los protagonistas de la cinta duden constantemente sobre cómo actuar ante al problema con que se encuentran, es decir, ante la posesión de su amiga. De algún modo el director nos recuerda que a pesar de poseída, Mia sigue siendo Mia, igual que un ser querido sigue siendo un ser querido incluso cuando su dependencia a los narcóticos le conduce a llevar a cabo acciones catastróficas. Y aquí interviene el campo de la metáfora: la insistencia de David (hermano de la poseída) por encontrar una forma de hacer regresar al mundo a la auténtica Mia frente a la insistencia con que sus compañeros sugieren acabar con ella está tratada con la misma seriedad y credibilidad con que lo estaría la lucha de alguien que trata de desenganchar a su hermano de las drogas, contradiciendo a los consejos de aquellos que lo rodean según los cuales debería alejarse del problema.

A partir de aquí, todo el film está estructurado del mismo modo que lo estaría una película sobre la desintoxicación y los efectos colaterales producidos por la experiencia, es decir, un camino angustioso y doloroso que probablemente nos conduzca a perder seres queridos e incluso ciertos aspectos de nosotros mismos. Como dije anteriormente, se trata de una metáfora que la película no descuida en ningún momento y que además llega a prevalecer por encima de las posesiones: las situaciones extremas (más allá de su evidente atractivo estético) sirven para desnudar la verdadera personalidad de los personajes y situarlos en la posición que les corresponde. Por ejemplo, así es como David recupera su amistad con Eric, redime su culpabilidad respecto al problema de Mia y descubre que su relación con Natalie estaba desprovista de futuro. De modo que toda la película puede entenderse como la historia de dos personajes que deben recorrer un duro camino para recuperar su fe hacia la vida, en donde el carácter terrorífico actúa como alegoría de los duros conflictos vivenciales.

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2 .- El terror se metamorfosea

Toda esta relectura genérica – que en parte convierte al cine de terror en “cine-metáfora” – conlleva una serie de cambios reglamentarios que conduce la película a la casi total imprevisibilidad (al menos en lo que a aspectos formales se refiere). Por ejemplo, enPosesión Infernal 2013 no son necesarias las eternas (y en muchas ocasiones cansinas) resurrecciones de los poseídos que previamente dábamos por muertos, como tampoco es imprescindible resolver todos los  clímax de violencia con una impactante explosión de sangre (aquí me remito especialmente a la magnífica secuencia en la que David debe enfrentarse al cuerpo poseída de su novia). Mención especial merece también el desenlace, tanto por el inesperado cambio de roles de los personajes principales como por la valiente forma con que el director logra dar la vuelta al típico giro dramático del cine de terror, mostrando una imagen que, si bien puede interpretarse como dicho giro, también puede verse sencillamente como símbolo de cierre de la tesis planteada.

Estamos hablando de una gran propuesta reformadora para un estilo de cine que desde los años noventa parecía confundir el concepto de producir miedo con el de producir vergüenza ajena; una reforma que devuelve la vida a una tipología de personajes que desde hacía tiempo parecían haberse convertido en títeres inanimados. Esta reforma es lo que encontramos en la nueva Posesión Infernal, una magnífica cinta de terror construida mediante la continua sucesión de escenas frenéticas que aúnan con maestría horror, tensión y emoción. Una película, en definitiva, con una sorprendente facilidad para sorprender constantemente sin repetir ninguna formula ya usada, y que merece ser catalogada como ejemplo de cine comercial de alta calidad. Lo digo una vez más: viva el Nuevo Cine del Siglo XXI.

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2 comentarios el “Posesión Infernal [ 2013 ]

  1. […] en casos como el de J.J. Abrams con su Star Treck: En la oscuridad o Fede Álvarez con su Posesión infernal. No obstante, sí se ha dado el caso de determinados personajes (cuyo talento parecía haberse […]

  2. […] año y medio, con motivo del estreno de Posesión Infernal [2013], hablé de cómo el género de terror se convirtió en una de las víctimas principales de la […]

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