American Beauty [ El cine y la imagen 1.2 ]

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El primer trabajo de Sam Mendes empieza con la imagen de una joven adolescente manifestando un exagerado desprecio hacia su padre. Se trata de un prólogo registrado con el característico formato de las cintas VHS que concluye con esta misma joven confesando a la cámara sus peores deseos hacia dicho sujeto. Parece haber un ademán oscuro en el personaje, cada una de sus palabras transmite una enfermiza seriedad. Es inevitable relacionar esta imagen con la emblemática escena de Tesis (Alejandro Amenábar, 1996), por estar gravada también en VHS y contener declaraciones igualmente estremecedoras. Cuando empieza el film no tenemos más elementos que estos para interpretar la perturbadora introducción; sin embargo, nuestro posicionamiento está a punto de cambiar. Al poco tiempo descubrimos que Jane vive una etapa de absoluta incomunicación con sus padres y que la única persona de la que es amiga solo ve en ella un objeto con el que ensalzar su (aparente) superioridad. Por eso representa una oportunidad de escape para ella la irrupción en su vida de Ricky, un joven solitario que ha forjado las reglas de su propio mundo y que tiene la curiosa afición de gravarlo todo con su cámara digital.

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Cuando se acerca de la conclusión del film presenciamos de nuevo la escena en la que Jane habla frente a la cámara, pero en aquel entonces nuestra perspectiva es completamente distinta. Ahora entendemos que Jane y Ricky son dos personajes de carácter introvertido que expresan sus emociones con la misma tranquilidad con que leerían un poema. No muestran exaltación hacia los sucesos, su percepción e interpretación del mundo es del todo introspectiva. Por eso Jane parece transmitir seriedad cuando pronuncia la frase relacionada con su padre, una frase aparentemente perturbadora pero que en realidad no tiene otro objetivo que materializar su descontento con la familia. Las declaraciones que realiza son tan serias como puedan serlo las de un adolescente rebelde que asegurar odiar a su familia en una noche de borrachera; solo que el carácter introspectivo de Jane y la (hermosa) comunicación que tiene con Ricky han forjado un nuevo lenguaje para ella. Como vemos, todo lo sucedido a lo largo del metraje hace que veamos esta misma imagen de otro modo, una imagen que pasa a estar cargada de significado. Y así podríamos resumir el ejercicio que hace Sam Mendes con American Beauty.

Al principio, la familia que Mendes nos presenta parece cumplir todos los tópicos de la familia desestructurada convencional, sin que ninguno de sus personajes aporte nada nuevo. Sin embargo el director pronto se despoja de todo elemento que pueda aparentar radiografía familiar para centrarse en el proceso de crecimiento de cada personaje. Al contrario de lo que en un principio puede parecer, Mendes no pretende hacer un duro juicio sobre nuestras vidas, sino alentarnos a que superemos nuestras frustraciones. Y teniendo en cuenta que los métodos que plantea son algo extremos, es necesario presentar una familia de alta disfuncionalidad para que podamos compartirlos. Para comprender a qué me refiero, hagamos el siguiente ejercicio. Recordemos la escena en que Lester lanza contra la pared un plato servido para llamar la atención a su mujer. Imaginemos que esta (y no la de Jane en VHS) fuera la escena introductoria de la película. Probablemente supondríamos que Lester padece algún tipo de desequilibrio mental. Sin embargo, en dicha escena Lester cuenta con todo nuestro apoyo por el hecho de conocer sus motivos: entendemos que el nivel de desestructura de su familia es tan alto que el único tratamiento posible parece ser la terapia del shock. Otra de las imágenes cuyos antecedentes cargan de significado.

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Y de hecho casi podríamos decir que American Beauty es el proceso mediante el cuál Mendes carga de significado un desenlace que de otro modo podría parecer algo que no es. Porque a primera vista da la sensación de que el futuro director de Revolutionary Road quiere plantear una tesis pesimista: Ricky encuentra su muerte como consecuencia de sus actos en algo parecido a un desafortunado efecto mariposa. Pero en realidad hay mucho más, ya que a pesar de no encontrar cabida en este mundo Ricky sí encuentra su felicidad, y de hecho, el suyo es un final feliz. Toda la experiencia que hemos compartido con él prevalecerá para siempre en la historia de su existencia. Y ello compensa con creces su desenlace, un desenlace que, por otra parte, asegura su felicidad eterna. Lo más interesante es que esta conclusión sería impensable si alteráramos un solo engranaje de las dos horas que preceden el final de Ricky, dos horas cuidadosamente planteadas para que entendamos su muerte no como una calamidad sino como una liberación. Por que en esto consiste precisamente el trabajo de Sam Mendes: en presentar un seguido de situaciones que el argumento toma como plataforma para ir subiendo de nivel; escenas de composición sencilla y contenido cada vez más complejo.

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