Stoker

Imatge

En sus mejores momentos Park Chan Wook ha demostrado ser uno de los directores contemporáneos que mejor combinan puesta en escena carismática con seriedad; algo logrado en gran parte gracias a la facilidad con que encajan las dos premisas básicas de las que suele partir. La primera es el particular uso que hace de la cámara, tratándola como si fuera un ojo omnipresente que espía a los personajes desde posiciones inimaginables, capaz de recorrer caminos invisibles para aposentarse en el punto deseado. La segunda es la indagación en la psicología humana, una especie de desglose de las emociones más controvertidas del ser humano. La unión de estos dos conceptos dota al cine de Park Chan-Wook (o al menos a parte de él) de una extraña atmósfera teológica dentro de la cuál los personajes son juzgados por sus actos. Pero lo que hace más especial este cine es que los mencionados personajes nunca reciben un juicio convencional según la moral a la que estamos acostumbrados.

La primera incursión en el cine de Hollywood del director coreano es una muestra más de creatividad renovada al servicio de nuevas reflexiones. La película nos da a entender que aquel director que condenaba duramente la aptitud agresiva de sus personajes mediante películas en donde la violencia era un mero trámite (o eso nos hizo creer) es agua pasada. Ahora descubrimos un nuevo director que ve la agresividad como una necesidad biológica e inherente en ciertas personas, un instinto que debe ser manifestado para evitar la autodestrucción. “A veces tenemos que hacer algo malo para evitar hacer algo peor”, dice en una ocasión el padre de India (la protagonista). Lógicamente, este nuevo discurso requiere nuevas fórmulas, pues ahora la violencia ya no es un concepto dañino, sino algo bello, adictivo. Lo que nos trae de vuelta a los mencionados juicios ejercidos hacia los personajes: si en Oldboy el protagonista recibía un retorcido castigo nada parecido a lo que predomina en el imaginario colectivo, en Stoker descubrimos una moral según la cuál toda represión es un acto reprobable, incluso – y tal vez especialmente – la de la violencia.

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En este aspecto, el nuevo trabajo de Park Chan-Wook recuerda enormemente a la obra de Alfred Hitchckock: ambos directores plantean una sociedad fuertemente reprimid en donde la única vía de escape es el asesinato. De hecho, si nos centramos en las películas Extraños en un tren y La sombra de una duda en las tres encontramos a un personaje fuertemente confrontado con su entorno en cuya vida aparece un nuevo personaje (que tanto en Stoker como en La sombra de una duda se llama Charles y es el tío de la protagonista) dispuesto a solucionar sus problemas. Y para este nuevo discurso, decía, Park Chan-Wook se sirve de nuevos recursos narrativos al mismo tiempo que sigue fiel a su propio estilo. Si en la trilogía de la venganza proponía un lenguaje dinámico para mostrar las distintas facetas vengativas de sus personajes, en Stoker emplea un estilo más contemplativo y plagado de imágenes oníricas que dibujan cuidadosamente el esquema psicológico de India. Igual de importante resulta el montaje paralelo, elemento que Park usa majestuosamente para describir la coincidencia de perfiles que se da entre India y su tío Charles.

En resumen, hablamos de un cambio de discurso que consiste en un salto del cuento moral a la presentación de personajes. Pues en realidad Stoker no es otra cosa: el planteamiento, nudo y desenlace del camino recorrido por India en el proceso de desatar su verdadero carácter. En los trabajos anteriores del director encontrábamos a personajes cuyo crecimiento personal nos era descrito en unas pocas pinceladas para centrar toda la atención en su interacción con el entorno. En el film presente, en cambio, somos testigos del nacimiento de una personalidad, del forjamiento de una identidad. Y como ya dije, es asombrosa la facilidad con que Park Chan-Wook reinventa su creatividad en función de un nuevo discurso, siempre manteniendo los rasgos característicos de su autoría, redirigiéndolos al nuevo terreno. Una ejemplo de cine en estado puro, un lección de cómo un director puede reivindicar su presencia prestándose al 100 % a las necesidades de su trabajo.

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Un comentario el “Stoker

  1. […] película inesperadamente efectiva firmada por un director del que un servidor nunca ha sido fan; Stoker, primera incursión en el terreno americano del muy respetable Park Chan-Wook; Guerra Mundial Z, […]

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