Nuevo Cine del Siglo XXI [ 6.6 ]

8 .- El caballero oscuro – año 2008

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Antes de empezar, les suplico me concedan un instante de sinceridad para expresar abiertamente el gran esfuerzo que supone para mi escribir este artículo. Y es que por más oportunidades que he dado a la película, sigo en el mismo sitio: a pesar de todo el esfuerzo de documentación que puedo entrever en ella, a pesar de la evidente seriedad con que Christopher Nolan transporta una celebridad del cómic a la gran pantalla, y a pesar también del gran trabajo de construcción de personajes que vertebran la sexta película del director de Memento, a pesar de todo ello, digo, sigo encontrando soporíferas estas dos horas y media de acción y giros argumentales para mí tan inverosímiles como previsibles. No obstante, siendo el caso de que esta no es una serie de artículos sobre mis gustos sino sobre acontecimientos cinematográficos (relativamente) palpables; y siendo un hecho palpable que El caballero oscuro aportó al cine de acción elementos indudablemente necesarios, guardo mi criterio personal en un cajón y empiezo (tan objetivamente como me veo capaz) con el tema que nos ocupa.

Como ya vimos en el artículo concerniente a Iron Man, en el año 2008 la figura del superhéroe cinematográfico se encontraba en considerable mal estado. Todo el mundo quería borrar de su mente el desagradable recuero que era la tercera aventura del hombre araña, los mutantes superpoderosos no parecían tener nada nuevo que decir, la precuela de Superman llevada al cine por Brian Singer fue vita por casi todo el mundo como una catástrofe, y nadie se atrevía siquiera a mencionar la olvidable irrupción de Catwoman en las salas de cine. Y curiosamente, si hacemos un pequeño esfuerzo, es fácil recordar que antes de la aparición del hombre de hierro en las pantallas (película que, como dijimos, arrojó por primera vez algo de luz en el terreno superheroico cinematográfico) los únicos títulos de superhéroes perdonados por la crítica eran tres películas protagonizadas por un mismo personaje. Evidentemente, me estoy refiriendo a Batman (Tim Burton, 1989), Batman vuelve (ídem, 1992) y Batman Begins (Christopher Nolan, 2005), esta última especialmente bien recibida y responsable directa de la producción del título presente.

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Con todo, cuando Iron man bajó de los cielos cogiendo a público y crítica desprevenidos tan solo Batman Begins podía contarse como título que la acompañara en el trayecto de “reinserción superheroica”. No obstante, pronto se unió a ellas la inesperadamente bien recibida The Incredible Hulk, película con la que marvel reinició la franquicia y añadió seriedad y complejidad a la trama, de lo que resultó una película considerablemente satisfactoria. Aun así, estas tres películas no fueron más que los preparativos del verdadero espectáculo. Pues mientras todo esto pasaba, Nolan daba los toques finales a un cuidadísimo trabajo (o al menos eso dicen) consistente en reconstruir a un personaje que durante años y años arrastró consigo la maldición lanzada por el temible Joel Schumacher. Y es que el rechazo que Batman forever y Batman y Robin produjeron en el público fue de dimensiones tan inmensas que cualquier director que desde entonces se aventurara a dirigir las nuevas aventuras del hombre murciélago se convertiría automáticamente en el punto de mira de público y crítica.

Por eso es innegable que el exitazo logrado con las películas Batman Begins y especialmente El caballero oscuro arrastra consigo un mérito muy considerable. No solo fue el hecho de que los fans de la franquicia recuperaran la fe en el Batman cinematográfico, sino que además medio mundo corriera por primera vez a las tiendas de cómics deseoso de conocer al superhéroe que tan buen rato les hiciera pasar en el cine (sigo sin entenderlo…). La nueva mirada humanizadora hacia la figura, la bien detallada caracterización de los personajes y sobre todo el traslado de Bruce Waine a un mundo más creíble del que estábamos acostumbrados dotaron al legendario vigilante nocturno de los elementos necesarios para reconciliarlo con su público. Algo que, sumado al hecho de tratar al superhéroe no como un monigote que vive aventuras espectaculares, sino como un personaje cuyas habilidades espectaculares tan solo deben usarse para añadir complejidad a la trama, arrastró al cine a una inmensa cantidad de espectadores no aficionados a la franquicia. Todo esto, mal que me pese, fue lo que más adelante tomarían prestado de Nolan las maravillosas Kik-Ass, X-men: First Class y Skyfall.

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