Así nació Saw – Crítica para Frikinomikon

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Sunset Boulebard es una calle situada en el Condado de Los Ángeles, California, que se extiende desde Figueroa Street en el Centro de Los Ángeles hasta la Pacific Coast Highway. Aproximadamente a un km a la derecha del distrito de hollywood y fuera de la vista de los grandes magnates de la industria, Sunset Boulebard pasa por encima de la calle Glend Blvd, convirtiéndose en un corto puente. Se trata de una zona poco transitada que los trabajadores hollywoodienses en ocasiones toman con la intención de encontrarse con el cruce de Santa Monica Blvd, que penetra directamente en el centro de la industria.

Una mañana del mayo de 1990, Ted Tally conducía su descapotable siguiendo este recorrido. Justo cuando cruzaba el mencionado puente que pasa por encima de la calle Glend Blvd, un perro se arrojó a la carretera encabritado, fundido en su locura en medio de ladridos y gruñidos dirigidos a otro perro de la acera de enfrente. Este hecho no habría supuesto ningún problema para Ted Tally si no fuera porque, tras él, su amo le pisaba los talones, deseoso de neutralizarlo y sin prestar atención en el tráfico. Tan instintiva fue la reacción de Tally como la aptitud del perro: sin pensarlo dos veces, pegó un volantazo que condujo su coche a subirse a la acera y acabar estampado contra el pequeño muro que evita que, en casos como este, uno acabe boca arriba en la calle Glend Blvd. El perro no sufrió ningún tipo de daño físico, salvo una patada en las costillas e incontables gritos de indignación por parte de su amo, quien a su vez salió ileso del accidente.

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Por lo que respeta a Ted Tally, el seguro se hizo cargo de los desperfectos del coche y el leve dolor de costillas que le produjera el fuerte apretón del cinturón de seguridad desapareció en una semana. En lo que nadie prestó atención fue en la carpeta que reposaba en el asiendo del copiloto, que salió volando tras el choque y, en impactar contra el suelo, se abrió de golpe, dejando escapar parte de los folios que contenía. Estos folios eran el guión de un proyecto, consistente en adaptar al cine una novela llamada El silencio de los corderos. Sin pensar en el material perdido, alguna de las personas que se acercó para socorrer al hombre accidentado cerró la carpeta y la devolvió a su sitio. Días después, Tally se daría cuenta de que faltaban en el guión los folios en que se describía cómo Hannibal Lecter cubría su cara con piel humana simulando ser un cadáver.

Cuatro años más tarde, en un anochecer del abril de 1994, Andrew Kevin Walker paseaba por este misma zona deseoso de encontrar un bar en donde sentarse y seguir trabajando en su guión (provisionalmente llamado Se7en). Lo llevaba impreso y cuidadosamente colocado dentro de una carpeta, esta sujeta bajo su brazo. Todavía no había llegado al extremo del puente cuando un hombre enmascarado provisto de navaja lo agarró furtivamente por el brazo, reclamando a gritos su cartera. Presa del pánico, Andrew accedió a la demanda con rapidez, y con el gesto, la carpeta salió precipitada. Como ya ocurriera con la de Tally, al topar contra el suelo esta se abrió y buena parte del material se fue con el viento. Más tarde, después de denunciar el robo y comentar el incidente con su psicólogo particular, Kevin Walker descubrió horrorizado que habían desaparecido del guión los folios en los que se describía el perfil de un psicopata, alguien que, disconforme con la sociedad contemporanea, planeaba un asesinato en masa.

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En agosto de 1996, André Bijelic, Vincenzo Natali y Graeme Manson regresaban de su amistoso encuentro en un bar, encuentro que tenía por objeto dar un título al guión en que tanto tiempo habían trabajado. Finalmente lo encontraron: se llamaría Cube. El caso es que, contentos por el hallazgo, decidieron celebrarlo con un brindis. Y con otro. Y luego con otro. Y luego con varios más. En tal estado de embriaguez se encontraban los cuatro amigos cuando cruzaron el puente de Sunset Boulebard; y en tal estado de nulo autocontrol se encontraba uno de ellos cuando se agachó para atarse el zapato. Otro, sin advertirlo y llevando consigo la maleta que contenía el guión, tropezó con él, y nuevamente la carpeta chocó con el suelo y nuevamente determinado número de páginas salieron volando de ella. Al día siguiente, acompañados por un fuerte café y maldiciendo su lento efecto anti-resaca, los tres compañeros comprobaron que habían desaparecido las páginas que describían la claustrofobia que sentían los personajes de su trabajo al descubrirse rodeados por una habitación de cuatro blancas paredes.

Hay algo sobre la calle Glend Blvd que la gente de Hollywood desconoce. Se trata de la pequeña zona que queda cubierta por el puente de Sunset Boulebard. De día, en ella tan solo pueden verse elegantes graffitis que normalmente retratan bellos rostros de estrellas de cine. Pero por la noche, el puente se convierte en el cobijo de algunos vagabundos temerosos de la lluvia. Con sorprendente agilidad, tales individuos sitúan debajo del puente cajas de cartones, almohadas polvorientas y mantas desgastadas, logrando con ello improvisadas pero confortables camas. Son rápidos y silenciosos, motivo por el cuál rasas veces la policía ha logrado darles caza. Un buen día, uno de ellos desapareció de la tribu. Según él, tenía grandes planes relacionados con el mal llamado séptimo arte. Sus compañeros nunca más supieron nada de él. Al día siguiente, los periódicos neoyorkinos anunciaron un curioso atraco, producido en una tienda de ropa de primera clase y llevado a cabo por parte de un misterioso enmascarado.

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En el verano de 2003, un tal Leigh Whannell se presentó en los estudios hollywoodienses elegantemente vestido y con un guión debajo de su brazo. Este trataba sobre un rocambolesco psicópata cuya disconformidad con la sociedad contemporánea le llevaba a planear asesinatos en masa. La historia partía con el despertar de dos personajes dentro de una claustrofóbica habitación, rodeados de cuatro paredes blancas y únicamente acompañados por un cadáver con la cara abierta en carne viva. En el desenlace, el supuesto muerto apartaba los restos de carne humana que cubrían su rostro, descubriendo así que no estaba muerto. De la propuesta saldría una película llamada Saw.

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