El último gran héroe (de John McTiernan)

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Película analizada en el programa de radio Freakuencia Modulada

El último gran héroe es un trabajo que, por encima de todo, derrocha amor hacia el séptimo arte. Se trata de una pieza que podríamos entender como una declaración abierta al poder de la fantasía en 25 fotogramas por segundo, a esta capacidad para trasladar al público a escenarios imaginarios y hacerlo vivir durante un par de horas experiencias de personajes inexistentes. La pequeña joya cinematográfica de John McTiernan (que un servidor descubrió tardíamente) es todo esto y mucho más, pero para desentrañar la complejidad que se esconde tras ella no se me ocurre mejor forma que empezar por señalar que El último gran héroe contiene ciertos aspectos autoparódicos e incluso meta-lingüísticos que me hicieron pensar enormemente en otros tres títulos: Kick-Ass, Listo para machacar (Matthew Vaughn) Shoot ‘Em up: En el punto de mira (Michael Davis) y La rosa púrpura del Cairo (Woody Allen). Veamos punto por punto por que motivo aparecieron en mi mente los tres títulos mencionados en el momento de descubrir el que nos ocupa.

Desde un punto de vista superficial, podríamos definir Kick-Ass, Listo para machacar como una película que sencillamente parodia las cintas de superh-héroes; pero si profundizamos un poco más, fácilmente nos daremos cuenta de que dicha película va un poco más allá: el tercer trabajo de Matthew Vaughn no hace otra cosa que utilizar como excusa su condición de parodia para copiar de cabo a rabo el esqueleto de la historieta de super-heroes. Es decir, Kick-Ass, Listo para machacar utiliza el concepto de parodia como disfraz para acercar el cine de superhéroes a todo aquel que esté dispuesto a reírse del mismo. Pues con El último gran héroe nos encontramos ante un caso semejante: hablamos de una película que utiliza su condición de parodia para lograr una cinta más que competente del género de acción. Aún así, existe un aspecto que claramente difiere entre ambas películas: si Kick-Ass… contenía el esqueleto del cine de superhéroes disfrazado con gags autoparódicos, en el caso de El último gran héroe encontramos una obra cuyo fondo es la autoreferencia decorada con incontables gags propios del cine de acción. En este aspecto, podríamos decir que una película es la antítesis de la otra.

el ultimo gran heroe

Shoot’ Em up: En el punto de mira no es otra cosa que una pieza igualmente autoparódica y que comparte con El último gran héroe esta tendencia a permitirse ciertas licencias por el hecho de pertenecer a la familia de la comedia. Siguiendo con el caso de la cinta de Michael Davis, pensemos por ejemplo en la memorable secuencia durante la cual Smith salta de un avión para disparar contra sus enemigos al tiempo que se precipita al vacío. Se trata de una escena que el espectador acepta como buena gracias al hecho de no tomarla en serio, en resumen una secuencia que aprovecha la comicidad de la película para encontrar cabida en la misma. Para entendernos, digamos que es un tipo de comicidad que está un grado por encima de sagas como Indiana Jones o James Bond. Pues bien, el caso es que buena parte de la película de John McTiernan está dotada de licencias de este tipo. La diferencia entre ambos trabajos reside en el hecho de que mientras que Shoot’ Em Up… logra su éxito por el hecho de ser una parodia de las películas de acción, El último gran héroe aprovecha su metalenguaje para hacer posibles secuencias que se supone tienen lugar dentro de una película.

Y en el campo del metalenguaje interviene La rosa púrpura del Cairo. Recordemos que en el film de Woody Allen pudimos observar cómo un personaje proveniente del mundo de la ficción debía aprender a relacionarse con el mundo real. Recordemos también cómo de este modo se producía un extraño choque entre realidad y fantasía de tal modo que la película se convertía en un curioso juego de espejos en donde las reglas cambiaban según el contexto. Por ejemplo, Tom Báxter debía aprender que en la realidad los besos no van seguidos por un fundido a negro y que la música no acompaña todas nuestras acciones. Pues en el caso de El último Gran Héroe, en la segunda mitad del film se dan situaciones parecidas: Jack Slater descubre que romper un cristal con la mano es doloroso, al mismo tiempo que el villano de la película encuentra en la realidad el sitio perfecto para cometer crímenes sin que la policía acuda al instante a detenerle. En resumen, en ambos casos nos encontramos ante personajes que deben asumir su condición ficticia y elegir entonces a qué mundo pertenecen.

Estos son los tres rasgos que caracterizan la película de John McTiernan, los mismos que, en mi opinión, hacen de su modesto trabajo una pequeña joya tan entretenida como entrañable, dispuesta a convencer espectadores de todas las edades.

El ultimo gran heroe hamlet

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