Gravity (Alfonso Cuarón)

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La aplastante unanimidad con que público y crítica se han decidido a aclamar el último trabajo de Alfonso Cuarón me tiene algo desconcertado. Sí, mantener al público en permanente tensión en una experiencia donde tan solo aparecen dos personajes es todo un logro. De acuerdo, se trata de una cinta que nos acerca al espacio como ninguna otra lo había hecho hasta ahora. Es más, coincido en opinar que hablamos de una muy buena película. Pero por otra parte ni las secuencias de espectáculo visual me resultaron tan impresionantes ni el fondo de la historia me pareció tan profundo. No se me mal interprete: disfruté desde el primero hasta el último minuto del film; solo que no salí de la sala de cine tan sorprendido como tal vez esperaba. Así pues, dado que no pretendo menospreciar Gravity pero tampoco quiero unirme a este canto de adulación, escribo este artículo tratando de olvidar el increíble bombo que se está dando al nuevo trabajo del director de Hijos de los hombres.

Hay al menos dos aspectos que nos invitan a clasificar la película que nos ocupa como una muestra más del Nuevo Cine del Siglo XXI; y lo cierto es que los dos obran buenos resultados en el trabajo. El primero es el hecho de que hablamos de una película que, a pesar de sus inevitables referencias al clásico de la cienciaficción 2001, una odisea del espacio, explora nuevas fórmulas narrativas dejando a un lado el eterno legado setentero que tanto tiempo ha arrastrado el cine comercial. Es justo decir que la última película de Alfonso Cuarón prescinde casi por completo del estilo que directores como Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, George Lucas o Petter Bogdanovich propusieron hace ya cuatro décadas y que hasta mediados del 2000 casi pareció ser el único recurso narrativo válido. Hablo de este tipo de narrativa reconocible también en el cine de Robert Zemeckis o Peter Jackson, este lenguaje visual que opta por la sencillez antes que la complejidad, por lo reiterativo antes que por la insinuación, por lo evidente antes que por lo ambiguo.

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Por el contrario, Gravity es una película que en ningún momento parece tener como objetivo hacerse entender a cualquier precio. Más bien da la sensación de que sencillamente quiere exponer una modesta historia de supervivencia sacando el máximo provecho a un nuevo estilo narrativo. Sí los mencionados Peter Jackson y Robert Zemeckis usaban la infomrafía como herramienta magnificadora (casos evidentes son El señor de los anillos o Beowlf) Alfonso Cuarón la usa con la máxima sutileza para convertirla en algo casi transparente. De igual modo, así como Steven Spielberg y George Lucas utilizaron los efectos especiales generados por ordenador (podríamos decir que con cierta grandilocuencia) para evidenciar todavía más un estilo narrativo ya de por sí excesivo, Alfonso Cuarón busca diluirse en el relato para dejar al espectador como único testigo de los acontecimientos. Y lo mejor es que para hacerlo recurre a una narrativa visual tan espectacular como contenida.

El segundo aspecto por el cuál podemos decir que Gravity es sin duda una película del Nuevo Cine del Siglo XXI tiene que ver con los personajes. Recordemos cómo el cine comercial derivado del New Hollywood (Spielberg, Lucas, Zemeckis, Jackson y compañía) destacaba entre otras cosas por presentar personajes más bien poco profundos que solían responder a clichés preestablecidos. Es decir, los personajes nunca exponían su personalidad, sino que el público entendía su carácter gracias al mero hecho de reconocer un cliché; y a partir de ahí dicho personaje interactuaba con los acontecimientos respondiendo al mismo (pensemos en casos como Gladiator, Una mente maravillosa, la segunda trilogía de Star Wars, Million Dolar Baby o American Gangster). En cambio, los protagonistas de las pel·lículas del Nuevo Cine del Siglo XXI destacan por su credibilidad. Y esto es lo que sucede con Gravity: vamos descubriendo al personaje principal a medida que observamos sus reacciones ante cada nueva situación. Es decir, a medida que transcurre la película su carácter va desplegándose presentando a la protagonista como un ser humano corriente que no responde a ningún tópico.

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Hace apenas una semana comenté en el artículo concerniente a Rush que la oleada de directores responsables de la corriente llamada Nuevo Cine del Siglo XXI está formada por dos clases de autor: los jóvenes de debut reciente (como J.J. Abrams, Joss Wedon, Tom Hooper o Ben Affleck) y los veteranos que en su momento destacaron tímidamente y que tras un breve tiempo de pausa (o de producción poco destacable) regresan abanderados como líderes del cine contemporáneo. Entre estos segundos encontramos personalidades como Darren Aronofsky, Danni Boyle, David Fincher, David O. Russel, Sam Mendes o al recientemente incorporado Ron Howard. Pues bien, seis años después de la muy respetable Hijos de los hombres Alfonso Cuarón parece haber encontrado el equilibrio definitivo entre el sello personal de Y tu mamá también y el estilo más comercial que ya encontramos en Harry Potter y el prisionero de Azkaban. Así es como Cuarón se suma al conjunto de directores del Nuevo Cine del Siglo XXI dispuestos a romper convenciones y a descubrir nuevos caminos narrativos.

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Un comentario el “Gravity (Alfonso Cuarón)

  1. […] Cine del Siglo XXI). Ejemplos de ello son Baz Lurman con El gran Gatsby o Alfonso Cuarón con Gravity. Sea como fuere, habiendo menos o más propuestas asociables a dicha corriente, sí hay mucho que […]

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