El llanero solitario – Tercer Blockbuster Veraniego

El llanero solitario

Lo más llamativo del último trabajo del director de Rango es la contundencia con que la crítica se ha dedicado a destriparlo sin miramientos desde el día de su nacimiento. De acuerdo, El Llanero Solitario no es exactamente lo que llamaríamos una buena película. Pero aún así, no encuentro lógica alguna en el hecho de que el título que nos ocupa sea causa de tan inmenso boicot mientras que una saga tan claramente prefabricada como Piratas del Caribe fuera acogida por el mundo entero como la más inmensa de las innovaciones aventurescas. Pues personalmente, no creo que haya genialidad en ninguno de los dos casos, pero así como en el de las aventuras del ultra-empalagoso Capitán Jack Sparrow mi posicionamiento está más que claro, debo confesar que en el caso de El Llanero Solitario mi corazón se encuentra algo dividido: por una parte estoy de acuerdo en que se trata de una cinta de aventuras ligera e ingenua que no hace otra cosa que narrar la historieta de siempre. Pero por otra, creo que esta película cuenta con determinados ingredientes sorprendentemente bien llevados que dan como resultado trepidantes secuencias que claramente están por encima de la media. Es por esta dicotomía que me dispongo a dividir el artículo en dos apartados.

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Lo que hace de El Llanero Solitario una película repetitiva

Sin duda alguna lo peor de El Llanero Solitario son sus dos personajes principales. Ambos están presentados no como dos personajes determinados de una historia específica sino como la réplica de unos personajes prototípicos ya conocidos por todo el mundo: el uno como el clásico “bueno de película” defensor de la justicia y el otro como el producto comercial standard en que hoy en día se han convertido la mayoría de los papeles de Jonny Depp. No es difícil deducir que de la unión de ambos perfiles no nacerá ninguna interacción interesante ni mucho menos innovadora. Sencillamente tenemos a dos protagonistas que responden a un perfil prefabricado y que parecen haber caído en medio de una historieta convencional más bien poco prometedora. Historieta que, como es previsible, estará dotada de numerosos gags confiados a la sobreactuación de Johnny Depp que rozan el ridículo, y de secuencias de acción saturadas de infografía; padrina oficial de las películas de aventuras contemporáneas dotadas de efectos especiales. Dicho lo cuál, a la única conclusión a la que podemos llegar es que el visionado de El Llanero Solitario no supondrá ningún gran descubrimiento.

Lo que hace de El Llanero Solitario una película entretenida

Lo cierto es que, a pesar de todo lo dicho, Gore Verbinski sabe hacer un buen uso de los decorados y de la exquisita dirección de arte con que cuenta su película. Ambientes como el burdel en el que se encuentra una también repetitiva Helena Bonham Carter o el pueblo de Texas desde el que parte el grupo de Rangers en busca de los forajidos se despliegan en la historia con suma elegancia, creando un escenario tan creíble como apetecible de descubrir, ideal para una película “del oeste”. Y lo mismo sucede con el perfil de personajes que rodean a los dos protagonistas: tanto el grupo de forajidos como los Rangers que cabalgan tras ellos, e incluso el conjunto de políticos (entre los cuales se encuentra un excelente Tom Wilkinson) responden perfectamente a lo que se espera de su tipología de personajes. Y esta vez sí, de la unión de los tres apartados nacen una serie de trepidantes secuencias de pura adrenalina que alternan más de una acción a la vez con suma maestría, tratando con sumo cuidado el tempo y haciendo confluir las tres situaciones en varias explosiones de acción desenfrenada que en ocasiones incluso resulta divertida. Con lo cuál uno llega a olvidar por momentos la mediocridad de los dos personajes principales.

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A lo largo de este verano me he referido a dos películas pertenecientes al subgénero denominado Blockbuster Veraniego. En ambas hablé de la autoría que tan fácilmente podía percibirse en cada una y de cómo esta los convertía en dos trabajos que logran ir algo más allá del mero producto comercial palomitero. El primero es Star Treck: En la oscuridad y el segundo Guerra Mundial Z. Pues bien, esta vez nos encontramos, es cierto, ante el más flojo de los tres Blockbusters Veraniegos que más han dado que hablar este verano. Pero la buena noticia es que, a diferencia de otras ocasiones, esta vez hasta el más flojo de los trabajos cinematogràficos puramente comerciales del verano cuenta con aspectos reivindicables, como por ejemplo este firme tempo narrativo que incluso logra que por momentos disfrutemos de la película sin plantearnos nada más de ella. O dicho en otras palabras, ojalá el mínimo de todas las superproducciones veraniegas sea este. Sin duda, este logro es algo debido a la autoría del director Gore Verbinski. Sin duda, esta es otra conquista del Nuevo Cine del Siglo XXI.

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Guerra Mundial Z – Segundo Blockbuster veraniego

Guerra Mundial Z

Hace apenas unas semanas me referí a Star Treck: En la oscuridad como la primera entrega de una serie de bokbusters veraniegos sorprendentemente prometedora. Y es que como entredije, esta vez no nos encontramos ante un conjunto de superproducciones hollywoodienses que entienden el producto comercial como un objeto desalmado y exclusivamente destinado a vender millones; sino que lo que tenemos ante nosotros es un conjunto de películas cuidadosamente escogidas por sus directores en las que la autoría prevalece por encima del reconocible sello del cine palomitero. Y si en el caso del film de J.J. Abrams hablamos de un trabajo que poseía una sorprendente capacidad para aunar comercialidad y buen perfil de personajes, en el caso de Guerra Mundial Z nos encontramos ante una película que, a pesar de no ser perfecta, logra mantener al espectador pegado a la pantalla lanzándolo ágilmente y sin pausa de un conflicto a otro, evitando de este modo todo tipo de recreación o monotonía.

Vaya por delante, el último trabajo de Marc Foster dista mucho de ser una película profunda o de personajes elaborados. De hecho, en ciertos momentos incluso desprende cierta aroma a moralina familiar americana almibarada, algo que sin duda para algunos resultará insoportable (algo comprensible). Pero sorprendentemente, nada de ello impide que aún así se trate de una película endiabladamente entretenida e incluso hasta cierto punto innovadora. Entonces, ¿donde radica el interés de una película nada profunda y de moralina almibarada que ni siquiera posee personajes elaborados? Pues, en realidad, lo primero con que se gana el respeto el título que nos ocupa es su autoconciencia. Es decir, Guerra Mundial Z jamás toma en serio su propio discurso ni pretende engañar al público inchando a sus personajes de falsa profundidad (a diferencia de títulos como Piratas del CaribeCrepúsculo, Las aventuras de Tintín y compañía). Precisamente, el mérito del nuevo trabajo del director de Descubriendo nunca jamás se encuentra en la valentía con que éste asume el reto de convertir una “película ce zombies” en un blokbuster comercial, jugando elegantemente con las armas del subgénero.

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Es cierto, los personajes de Guerra Mundial Z no son nada profundos; pero si están muy bien perfilados y reaccionan ante los conflictos de forma consecuente y (sobre todo) creíble (recordemos, por ejemplo, la forma instintiva con que actúa Jerry Lane (Brad Pitt) durante el inesperado conflicto del atajo de tráfico inicial; o la rápida reacción del mismo ante el incidente del avión – reacción muy semejante a la que probablemente tendría cualquier ser humano no perteneciente a una película hollywoodiense contemporánea- ). Dicho de otro modo, hablamos de una película cuyos personajes no son estúpidos. Y por lo que respecta a la falta de profundidad del argumento, lo que Marc Foster plantea es un film de entretenimiento suficientemente valiente como para atreverse a admitir su objetivo (lo dicho: entretener) sin falsas reflexiones existenciales o giros dramáticos inesperados. Y sin duda logra lo que pretende de forma tan elegante como sincera y sin rozar el ridículo en ningún momento.

Como ya entredije más arriba, Guerra Mundial Z es innegablemente una película trepidante de inicio a fin. De hecho, da la sensación de que el director que hace cinco años fuera abucheado por el mediocre (aunque en mi opinión infravalorado) resultado de Quantum of Solace demuestra haber aprendido de sus errores convirtiendo el exageradamente frenético tempo del film bondiano en un dinámico pero relajado devenir de conflictos en el film que nos ocupa. Y lo bueno es que tan dinámico resulta el fluir de los acontecimientos como imprevisibles son los caminos por los que estos nos conducen. Algo que, sumado a un buen uso de la infografía (que, lejos de lo que los trailers parecían pronosticar, en ningún momento ensombrece la trayectoria del argumento) despeja de artificios innecesarios el escenario permitiendo identificar la elegante mano de Marc Foster, que guía respetuosamente a su público por los nuevos caminos del terreno comercial.

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Star Trek: En la oscuridad – Primer Blockbuster veraniego

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El Nuevo Cine del Siglo XXI es una corriente cinematográfica que se caracteriza sobre todo por presentar un estilo narrativo que se aleja del sello “newhollywoodiense setentero”. No obstante, ambas corrientes comparten un rasgo determinado, presente en la mayor parte del cine de alta calidad. Este rasgo no es otro que la autoría. Por ejemplo, tan reivindicable es la personalidad de Ang Lee en su película La vida de Pi como lo es la de William Friedkin en su film de terror El exorcista; y si queremos ser más quisquillosos, igual de visible es la mano de Christopher Nolan en la trilogía de El caballero oscuro que la de Francis Ford Coppola en la trilogía El padrino. Evidentemente, existen grandes títulos cinematográficos de nula autoría, como también hay productos desechables en el terreno del cine de autor. Pero en cualquier caso, es innegable que una personalidad bien definida es capaz de obrar milagros donde un trabajo académico obraría una catástrofe. Y aquí se encuentra, precisamente, lo interesante de los principales blockbusters programados para este verano, una serie de películas de indiscutible autoría que demuestran que el citado Nuevo Cine del Siglo XXI ha empezado su conquista en el campo veraniego.

Sobra decir que Star Trek: En la oscuridad se encuentra dentro de este colectivo. Y lo más interesante es que, si bien es cierto que la personalidad de J.J. Abrams ha logrado convertir en una pequeña joya un proyecto que hecho de otro modo probablemente rozaría el ridículo, también lo es que el creador de Lost ha llevado a cabo un trabajo muy distinto de lo que suele esperarse de un director al que se denomina “autor”. Me explico. El caso es que la mano de J.J. Abrams se percibe en Star Trek: en la oscuridad no como una tendencia introspectiva destinada a convertir la película en un trabajo personal (como sí podría decirse de El caballero Oscuro, Origen e incluso – mal que me pese – de El hombre de acero) sino mas bien como un ejercicio de convertir en apto para todos los públicos un universo que hasta hace poco tiempo casi podía tacharse de elitista (vamos, un mundo solo apto para los trekis). Es decir, si un director como Christopher Nolan personaliza un universo y unos personajes antaño exclusivamente pertenecientes al imaginario colectivo, J.J. Abrams hace exactamente lo contrario. Una apuesta indudablemente atrevida, especialmente teniendo en cuenta el buen resultado.

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Hablamos de algo parecido a un ejercicio de comercialización bien entendida, un acercamiento de la franquicia al gran público que, a diferencia de buena parte de los blockbusters contemporáneos, no toma a este último por analfabeto. Si por ejemplo en los casos de Piratas del Caribe, Las cronicas de Narnia, A todo gas, Tintín y parecidos el objetivo era hipnotizar al gran público mediante los brincos imposibles de una serie de personajes sin alma, en su último trabajo J.J. Abrams vierte un cariño especial a sus protagonistas para lograr una agradable conexión entre estos y su público. Gracias a ello el gancho comercial ya no se encuentra en la magnitud de los efectos especiales ni en la espectacularidad visual de las aventuras (que las hay y muy bien hechas), sino en un bien despertado interés por descubrir adonde llevarán las experiencias de cada uno. Y una vez expuesto su carisma, J.J. Abrams exprime al máximo su potencial, poniendo a prueba su personalidad y sacando a relucir virtudes y defectos de todos ellos. Pues si uno presta atención, se da cuenta de que cada uno de los personajes experimenta y resuelve su propia crisis personal, contribuyendo de forma discreta al desarrollo de la aventura.

Todo ello y una cuidada contención del uso de los efectos especiales y de los tempos narrativos hacen que las escenas de acción y las aventuras espaciales resulten tremendamente apetitosas. En resumen, J.J. Abrams descubre una nueva y bella forma de manifestar su sello personal que puede resumirse de la siguiente forma: un refinado proceso de comercialización que no entiende el producto comercial como la simplificación de lo complejo sino como la exaltación de lo interesante. Con lo cual podemos decir que estamos ante una de esas películas de aventuras comerciales que hacen que uno pueda hablar de buen cine en medio de una conversación de grupo. Y en cualquier caso, siempre resulta agradable poder compartir la gustosa experiencia de descubrir títulos cinematográficos que no entienden la inhibición como un acto de dejar inconsciente de un porrazo la totalidad de nuestro intelecto.

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