Top 10 [ 2014 ] Un año inconformista

 

10 .- Guardianes de la Galaxia [ Moldeando las reglas ]

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Que el buen cine de aventuras ha vuelto ya no es ninguna novedad. Tal vez sí lo sea esta curiosa forma que ha ido tomando a lo largo de los últimos años, creando una suerte de subdibisión en el terreno del blockbuster. En pocas palabras, lo que hoy en día tenemos en la cartelera son guerras entre marcas. La marca Divergente lucha con esfuerzo para destronar a la marca Los Juegos del hambre, mientras que marcas nuevas (Guerra Mundial Z) y otras recicladas (El Planeta de Los Simios) se rompen los huesos entre sí con la intención de hacerse un hueco. Como una suerte de acto postmoderno, la vieja batalla entre las marcas Star Wars y Star Treck parece resurgir, al tiempo que algunos consideran que este fenómeno todavía puede dar más de sí: dentro de poco esta misma batalla será transferida al terreno del spin of (ya se han anunciado los casos de Spiderman, Harry Potter, Star Wars o Superman).

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Probablemente encontremos el origen de esta situación a principios de milenio, cuando los estrenos de El Señor de los Anillos (ah! Peter Jackson haciendo buen cine, que tiempos…) y Harry Potter causaron un cambio de chip en las expectativas del espectador. En aquel entonces todavía era normal hacer la pregunta: “pero, ¿será una sola película o habrá una para cada libro?” Hasta que de repente, esta inquietud generada por un final inconcluso y la sensación de estado de espera (que se prolongaría el tiempo que tardase en aparecer el siguiente título) se convirtió en una condición casi indispensable para cualquier estreno dirigido al gran público. No tardaron en aparecer los casos de Las crónicas de Narnia, los fracasos de Eragon y La brújula dorada, el más tardío Crepúsculo y las improvisadas continuaciones de películas autoconclusivas, casos de Piratas del Caribe, Paranormal Activity o Saw.

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El resultado de todo ello fue el nacimiento de una subdivisión del “género” blockbuster. Este perdió su condición de cita cinematográfica dirigida a todo el mundo para convertirse en un subproducto perteneciente a una saga determinada con unos fans determinados. Cada franquicia era reservada a un sector concreto. Y como era de esperar, los superhéroes no tardaron en decir la suya: en medio de este campo de batalla, Marvel encontró la forma de servirse del fenómeno para dotar de potencial a sus productos. La compañía empezó a crear su propio universo cinematográfico ofreciendo una serie de estrenos que, siguiendo las reglas del juego, prometían continuación, sólo que protagonizadas por personajes distintos. De esta forma existía la opción de ofrecer en cada título una nueva aventura, al mismo tiempo que esta serviría para avivar y enriquecer el potencial de futuras secuelas.

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De este modo, el selecto grupo de fans del género superheroico ya no acudía únicamente a la cita de su personaje favorito, sino que asistía a todos los estrenos que salieran de los estudios Marvel. Y el hecho de haber conseguido esta unanimidad entre tantísimos fans (cuatro de cada cinco personas siente simpatía al menos por un personaje de Marvel) ofreció a la compañía la oportunidad de ir incluso más allá: producir películas ya no pensadas para el consumo exclusivo de los seguidores (vamos, los “frikis”) sino para el gran público. Y de pronto (especialmente después de la aparición de Joss Whedon) Marvel se convirtió en una productora cuyos trabajos contaban siempre con unos mínimos y sus estrenos adquirieron el carácter de cita obligada, algo semejante a lo que durante años sucedió con Pixar. Guardianes de la Galaxia, por ser una película que se atreve a dejar a un lado todo el universo forjado por Marvel e inventar el suyo propio, y por recuperar la magia del cine de aventuras espaciales de antaño, ha constituido la consagración de esta productora en tanto que Casa de las Ideas Cinematográficas.

9 .- El viento se levanta [ El rechazo de las reglas ]

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Hablando de productoras que desafían el sistema, ahí tenemos el caso de los Estudios Ghibli. Una compañía cinematográfica que apuesta por el pincel en un momento en que el ordenador ha monopolizado la práctica totalidad de la animación. Un director que se despide con un trabajo que rompe las convenciones que normalmente conforman su estilo. Y una película que, aún siendo de dibujos animados, relata un caso muy real, sin servirse de fantasía ni concesiones que hagan más pasajera la historia. Si Guardianes de la Galaxia combatía el sistema aceptando las reglas para moldearlas a su gusto, Hayao Miyazaky se hace a un lado para ejercer su estilo, como el ciudadano que se aparta de la sociedad para vivir tranquilamente en la montaña. Como una suerte de manifestación pacifista, o la humilde presentación de un camino alternativo. Se trata, en definitiva, de El viento se levanta, canto de cisne de uno de los grandes. Una lección de narrativa y una muestra más del bello arte que es el dibujo a mano. Una despedida por la puerta grande en esta poética declaración de amor a la animación, y sobretodo, al cine. El último coletazo de un director que siempre se mostró disconforme con las convenciones.

8 .- Relatos salvajes [ Atentar contra las reglas ]

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Mientras Guardianes de la Galaxia aceptaba las reglas del sistema para luego conducirlo hacia el terreno deseado y El viento se Levanta contemplaba el espectáculo apartado de la metrópolis, Relatos Salvajes optó por un acto mucho más directo, que casi podríamos calificar de escándalo público. Damián Szifrón, que no cuenta con tanta paz interior como James Gunn o Hayao Miyazaky, construyó un producto cuya condición antisistema es palpable desde su esqueleto hasta el acabado final. Respecto a lo primero, se trata de una película abalada por la productora El Deseo, propiedad del niño mimado del cine español Pedro Almodóvar y su hermano Agustín. En todo caso, una productora independiente dotada de una moral poco convencional y que en ocasiones (pocas) socorre proyectos de alto potencial.

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Además, hablamos de una película de relatos autoconclusivos y argumentalmente no relacionados. Nada de historias cruzadas, puntos de vista variados o personajes de un mismo universo. Se trata pura y llanamente de una película formada por seis historias independientes. Un punto de partida muy valiente y hoy en día nada frecuente. Pero es en el acabado final donde encontramos el aspecto antisistema más evidente de la película. Así como en los casos de Guardianes de la Galaxia y El viento se levanta hablábamos de películas cuyo valor inconformista se daba por elementos ajenos al arco argumental, en Relatos Salvajes encontramos una película cuyo argumento ataca directamente al corazón del sistema.

Ya no se trata (solamente) de una película que combata el sistema presentando un formato que difiere del convencional, o que se aleje de los estilos preestablecidos y desafíe las reglas del contexto actual. Se trata de un ataque mucho más directo, pues estamos ante un producto que carga en voz alta contra todo lo mencionado, sin tapujos, manifestando una clara voluntad de cambio. De ahí que los personajes que protagonizan Relatos Salvajes sean personas corrientes, que sencillamente están hasta las narices de todo. Personajes de los que Szifrón se sirve, aprovechando que se encuentra en el terreno de la ficción, para realizar toda una serie de actos vandálicos, abrir en canal las convenciones preestablecidas y llevar al límite hasta convertirla en caricatura la ridiculez que impera en la sociedad de hoy en día.

7.- Magical Girl [ El porque de las reglas ]

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Cargar contra el sistema y la estupidez humana en clave cómica es una cosa. Otra muy distinta es dirigir la mirada hacia la parte más oscura de la psique humana, sin usar de escudo la sociedad en tanto que madre de todos los males. De hecho, es probable que la película de Carlos Bermut nos haga tener ciertas dudas sobre si la sociedad es en realidad responsable o resultado del egoísmo humano. Sea como fuere, los personajes de Magical Girl tienen suficiente con ellos mismos para ponernos los pelos de punta. Se trata de una película profunda y filosófica, que nos habla del amor, del egoísmo, de la ética y de la incomprensible complejidad de la mente. Así como el trabajo de Damián Szifrón consistía en una gamberrada que atentaba físicamente contra aspectos tangibles, la película de Carlos Bermut cuenta con una violencia mucho más bestial por el hecho de ser casi imperceptible.

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Pues hablamos de esta violencia que da vueltas por nuestro subconsciente, a la espera de ser despertada por algún estímulo externo (como les pasa a los personajes que protagonizan la película). Nuevamente estamos ante un trabajo abalado por una productora independiente (Aquí y allí films) y también (curiosamente) respaldada por Pedro Almodóvar, quien la definió como “la gran revelación del cine español en lo que va de siglo”. Bueno, más allá de lo que opine dicho sujeto, desde mi punto de vista no cabe duda de que la película de Bermut se alza como la vencedora en el campo de juego español, por ser la más perversa, completa y compleja. Por darnos, a fin de cuentas, esta mirada autocrítica que tantos años hace que España (no solo su cine) necesita, en una suerte de radiografía psicológica digna de un diagnóstico de Hanibal Lécter. Una de las propuestas cinematográficas más interesantes del año.

6.- Omar [ Lo que hay detrás de las reglas ]

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No obstante, todas las películas mencionadas forman parte de una pequeña élite cinematográfica. Una élite en la que tienen cabida ciertos actos reivindicativos, como proponer reformas para el sistema (Guardianes de la Galaxia), exiliarse (El viento se levanta), atentar contra dicho sistema (Relatos Salvajes) o proponer un ejercicio introspectivo hacia la psique humana (Magical Girl). Actos reivindicativos que sin embargo se hacen desde una premisa ficticia, es decir, buscando la evasión intelectual del espectador (aun pudiendo ser propuestas muy profundas). Pues en realidad hablamos de películas hechas por aquellos que, más cómodamente o menos, disfrutan de un estado del bienestar. Todo ello puede resumirse en un hecho: las películas mencionadas proceden de este colectivo llamado Países del Norte.

Omar...

La cosa cambia cuando nos adentramos a los Países del Sur, es decir, aquellos países cuya pobreza permite a los del norte disfrutar del estado del bienestar. De hecho, en el caso de Omar encontramos la viva imagen de la subordinación a la que están sometidos los primeros por parte de los segundos. Por eso se trata de una película cruda, realista, sin adornos y prácticamente carente de humor. Ya no estamos ante un pasatiempo provisto de un mensaje intelectual, ni de una crítica satírica dirigida a un sistema corrupto. Estamos ante una realidad escalofriante, plasmada de forma seria y sin concesiones. Ahora hemos levantado la alfombra para descubrir el suelo que sostiene nuestra existencia. O dicho de otro modo, lo que ahora contemplamos son los cimientos del sistema corrupto anteriormente mencionado.

Pero el cuarto trabajo de Hany Habu-Assad no es tan solo un excelente retrato de una realidad alarmante. Es, ante todo, una excelente película. En primer lugar por la sorprendente fluidez con que cuenta a pesar de su carácter dramático. Por otra, porque a Omar no le sobra un solo gramo de dramatización. Es decir, los hechos se dan de forma creíble y sin grandilocuencia, pesadumbre ni efectismo. En este aspecto, la ausencia de música ayuda notablemente a que el contexto en donde se dan los hechos vaya dibujándose de forma natural. Como si Habu-Assad se hubiese propuesto despojar de ingredientes innecesarios su película, para lograr algo así como un producto en donde los elementos decorativos que distorsionan la realidad son inexistentes. A fin de cuentas, ya no estamos en los Países del Norte.

5 .- El pasado [ La dudosa eficacia de las reglas ]

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No menos desalentadora resulta la experiencia invertida, es decir, cuando los habitantes de los países del sur deciden hacernos una visita. Ahí tenemos el ejemplo de El pasado, una película que muy bien podría definirse como “cuando uno se deja contaminar por el veneno occidental”. Como si contempláramos una serie de personajes que de pronto se ve obligada a respirar un aire para el que sus pulmones no están preparados. Pues en realidad lo que hace Asghar Farhadi es usar a la familia iraní que protagoniza la película como una suerte de cucharón destinado a remover todos los elementos de la sociedad occidental, haciendo que aflore toda su podredumbre. Y allí es donde encontramos la cara oculta de occidente, normalmente camuflada mediante parches y adornos, muy parecidos a los que (no) se echan de menos en la película Omar.

El pasado

De algún modo, pues, la película de Farhadi viene a recordarnos que este maltrato que ejercemos a los países del sur no queda enterrado. Pues detrás del (ficticio) estado de bienestar en el que vivimos se esconde un malestar mucho más profundo, fuertemente arraigado a una base social muy mal construida. Esta vez no denunciamos el aspecto corrupto de un sistema, o al menos no como lo hacía la película Relatos Salvajes. Pues ya no hablamos de su incompetencia, carencia de recursos, de su frivolidad o de sus intereses delictivos. Hablamos de cómo todo aquello que sirve de soporte para dicho sistema (la sociedad tal y como la conocemos) deja aflorar su olor a podrido, convirtiéndose en el aire que respiran a diario las familias occidentales y traduciéndose en problemas y malentendidos convivenciales.

4.- Her [ El futuro que nos ofrecen estas reglas ]

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Y entonces llega la inevitable pregunta: ¿hacia qué futuro nos dirigimos? Hacia uno no muy prometedor si debemos creer a Spike Jonze. Her, su última película, nos habla de un futuro en el que los conflictos expuestos en El pasado han quedad olvidados… por el simple hecho de que la comunicación verbal casi ha dejado de existir. Todos los bienes tangibles están al alcance de la mano, mientras que el apartado emocional ha quedado soterrado por la estética de aquello que nos rodea. Como si ahora existiera un brutal desequilibrio entre el apartado emocional y el material (en una balanza en donde el segundo soporta todo el peso).

Estamos ante una película que puede entenderse como la evolución natural que seguirá la sociedad si las aptitudes mostradas en El pasado no cambian. Una evolución que pasa por el estilo de vida de las personas, por el tipo de relaciones que tienen entre sí y especialmente por la forma de gestionar estos impulso hormonales que llamamos amor. Y lo que encontramos es un conjunto de personas que viven encerradas, algunas físicamente en sus casas, otras mentalmente en un monitor, la mayoría las dos cosas… Pues esta tendencia materialista del estilo occidental nos ha llevado a resolver que la forma más económica de prosperar es eliminar la comunicación.

Her

Aún así, Spike Jonze no pierde la esperanza. Pues una de las mayores virtudes de la película es su gran capacidad por transmitir aquella sensación agridulce, que nos entristece pero al mismo tiempo nos invita a creer que podemos formar parte de la solución. Pues si Her deja algo claro es que el apartado emocional no puede desaparecer tan fácilmente, como tampoco el amor puede ser destruido así como así. Incluso en un futuro distópico como este, aun existe la posibilidad de reconstruir nuestro mundo, empezando por recuperar el contacto humano y reivindicar el valor de las relaciones (especialmente las de amistad).

3 .- Mommy [ Las reglas de la educación ]

Szene aus dem Film "Mommy" von Xavier Dolan

Esta misma teoría sirve de premisa para la película de Xavier Dolan, Mommy. En ella, el joven prodigio canadiense nos presenta una enfermiza relación entre madre e hijo, ambientada en un futuro en el que uno puede ingresar a sus hijos en un centro educativo en caso de no sentirse capacitados para ser padre / madre. Esta escalofriante y conmovedora historia de amor nos habla de la brutal necesidad de afecto que tienen las personas. El mensaje es claro: por más leyes o ayudas alternativas que se nos ofrezcan, el cariño es una necesidad insustituible. De ahí que el director nos presente a dos personajes tan radicalmente incompatibles: este contraste sirve precisamente para reforzar la teoría; pues a pesar de su incapacidad por convivir pacíficamente, el uno necesita el afecto del otro. Cómo una película protagonizada por personajes tan detestables logra transmitir tantas emociones es un misterio que el director se guarda de rebelar.

Pero Mommy también nos habla de muchas otras cosas, como por ejemplo, de la educación. Y lo hace con la mayor dureza imaginable. Para Dolan, el afecto, precisamente por ser una necesidad inextirpable, fácilmente puede convertirse en un obstáculo ante la dura tarea que es educar. Un obstáculo que en el peor de los casos conduce a la sobreprotección, dando a lugar un ser vivo carente de autocontrol y autodeterminación. En Her encontrábamos a una sociedad contaminada, que había perdido la capacidad de transmitir sus emociones sin hacerlo de forma malsana. En Mommy podemos ver cómo esta situación repercute en la educación, dando como resultado que los hijos de dicha sociedad son seres vivos que se asemejan más a bestias salvaje que a personas. Pero incluso entonces, nos dice Dolan, la respuesta sigue estando en las relaciones, y especialmente en el amor. Como si todo tipo de corrupción naciera, de un modo u otro, de la falta de afecto.

2 .- Dos días, una noche [ Plantar cara a las reglas ]

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… y finamente alguien se atreve a plantear soluciones. Tal vez no soluciones a nivel global, pero sí a nivel personal (no debemos olvidar que la revolución empieza en uno mismo). Para exponer su tesis, Jean-Pierre y Luc Dardene (como siempre desde Bélgica, y evidentemente situados en el presente) escogen como protagonista una de las víctimas de la ya archiconocida crisis financiera. Y lejos de proponer fórmulas milagrosas, nos inyectan una oportuna dosis de optimismo mediante una profunda reflexión que abarca temas tan universales como la amistad, la depresión, el matrimonio, el trabajo y la crisis. Con ello consiguen una espléndida película cuya mayor virtud es una perfecta combinación entre inconformismo y optimismo.

Porqué Dos días y una noche es, sin duda alguna, una película reivindicativa. Lo que pasa es que a parte de la evidente (y necesaria) denuncia que realiza, también hace un llamamiento a la solidaridad, al compañerismo, a la amistad y sobre todo a la lucha individual; no tanto en calidad de militante como en favor del crecimiento personal (dos cosas que, por otra parte, bien pueden ir de la mano). Por eso me parece acertado decir que la nueva película de los veteranos directores belgas es ante todo una película muy humana. Tanto por su mensaje solidario como por su capacidad para plasmar los aspectos más perversos de las personas pero también su cara más solidaria (o lo que es lo mismo, lo mejor y lo peor de la gente).

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En todo caso, estamos ante una película contada con absoluta neutralidad, dirigida mediante imperceptibles (aunque bellísimos) planos secuencia, protagonizada por espléndidos actores y construida (argumentalmente hablando) mediante diversas (y profundísimas) disecciones de personajes, todas ellas convenientemente organizadas. Es decir, se trata de una película excelente a nivel formal, interpretativo y argumental; y por si fuera poco, dotada de una tesis claramente progresista. Vamos, un trabajo al que no se le puede pedir más. En resumen, estamos ante una película que finalmente ha dado con la fórmula perfecta para manifestar el descontento social sin renunciar al placer de vivir.

1 .- Boyhood [ Hacer uno mismo sus propias reglas ]

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Desde norteAmérica, Marvel despliega sus superpoderes para proporcionar entretenimiento a todos los públicos, sin discriminación. En Japón descubrimos la sabiduría oriental, partidaria de una separación pacifista. Desde surAmérica, Damián Szifrón escoge la comedia como vehículo para atentar contra el sistema, mientras que sus vecinos españoles plantean un ejercicio de introspección personal. Desde palestina se nos cuenta que el mal estado de las cosas tiene una explicación mucho más tangible, al tiempo que Francia da soporte a esta teoría ofreciendo una muestra de las consecuencias indirectas que tiene esta máquina de generar pobreza que es occidente. De vuelta a Estados Unidos, ahora en un terreno independiente, echamos un vistazo al futuro que nos espera, que al parecer carecerá de manifestaciones de amor; algo que según Canadá derivará en una educación destructiva. Son los belgas los que nos plantean una solución: el crecimiento personal es una medicina capaz de curar casi todos los males.

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Boyhood nos ofrece una aventura emotiva y emocionante destinada a todos los públicos, algo en cierto modo parecido a lo que se propone Guardianes de la Galaxia. Además y siguiendo el consejo de El viento se levanta, esta producción ha sido llevada a cabo en terreno independiente, es decir, ajena al sistema. Si Relatos Salvajes hacía una apuesta arriesgada en cuanto al formato por tratarse de una película formada por 6 historias independientes, Boyhood presenta un formato claramente rompedor por tratarse de una película rodada durante 12 años. Por otra parte, también se trata de una película que rompe convenciones, pues lejos de apelar a la familia feliz, nos presenta a una madre soltera que únicamente con la fuerza de la experiencia aprende a ejercer como tal; al tiempo que el padre, ausente pero igualmente persona, hace lo propio con su vida. Un mensaje tan rompedor como que las buenas personas no nacen, sino que se construyen. Un proceso que los personajes, advertidos por Magical Girl, realizan mediante un proceso introspectivo.

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Este proceso puede traducirse como una especie de aprendizaje que está al abasto de todo el mundo, países del sur incluidos (faltaría más). Reflexión que Linkleter lleva a cabo mediante la presentación de un personaje suramericano al que la protagonista anima a superarse, dando así una pequeña muestra del maltrato que dichos países reciben por parte de los del norte (como se nos explica en Omar): se trata de un trabajador de obras, uno de los pocos oficios que los occidentales “reservan” a los inmigrantes. Respecto a las relaciones malsanas de las que se nos habló en El pasado, consecuencia (como dijimos) de un sistema en plena putrefacción, Boyhood plantea una eficaz medicina: cortar por lo sano; pero sin rencores, culpabilidad y siempre evitando la suculenta tentación de hurgar en la herida. Solo haciéndolo de este modo y preservando el amor y la amistad lograremos evitar que las emociones caigan en el olvido como en Her. Pues en realidad, nos dice Linklater, el futuro depende de nosotros.

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… o al menos así es en última instancia. Y con ello volvemos a la importancia de la educación, no tanto en términos disciplinarios (que hasta cierto punto también) como concernientes al respeto y al amor. Recordemos que los dos protagonistas de la película siempre contaron con el soporte y el amor incondicional de su madre, ejercido de forma natural y nada mal sana. Pues el personaje de Patricia Arquete, que probablemente visionó Mommy en su tiempo libre, cuenta con una virtud que compensa su inexperiencia: la capacidad de no confundir el amor maternal con el consentimiento. Es gracias a ello que, llegados a la adolescencia, sus hijos tienen la capacidad de luchar por sus proyectos, aprendiendo a creer en ellos mismos como hiciera Marion Cotillard en Dos días, una noche. De modo que, por ser probablemente la película más completa que las salas de cine hayan exhibido este año, Boyhood se levanta como el mayor descubrimiento cinematográfico del 2014.

El amor es extraño (Ira Sachs)

El amor es extraño

Commoure sense prentendre-ho és una de les fites més difícils d’aconseguir. Parlo de quan allò que veiem ens emociona pel seu significat, sense que les imatges es converteixin en un producte prefabricat. Parlo, per exemple, de quan visionem El amor es extraño, pel·lícula que ens converteix en testimonis d’un afer romàntic que destaca per la seva credibilitat. Empatitzem i simpatitzem amb els dos protagonistes exactament com ho faríem si els coneguéssim en la vida real.

Que la parella sentimental interpretada per John Lithgow i Alfred Molina ens resulti entranyable no es deu a una maniobra sensiblera del guió o de la posada en escena, sinó a la capacitat de Ira Sachs per retratar el cantó més tendre de la realitat. Tant és així que la pel·lícula flueix amb absoluta naturalitat, fent-nos creure que els esdeveniments segueixen el seu ordre natural. I és un gran mèrit aconseguir aquest efecte quan la pel·lícula en qüestió presenta un acabat tan perfecte, tan rodó.

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Mitjançant aquesta fórmula, director i coguionista ens ofereixen una experiència que, a més a més d’emotiva, és una fantàstica radiografia social, valenta i gens conformista. Ira Sachs i Mauricio Zacharias ens parlen de l’amor, però també ens parlen de l’educació i dels conflictes més comuns que s’amaguen darrere de la parella convencional (en contrapunt a la parella protagonista, homosexual, que demostra posseir una gran solidesa cimentada per la complicitat i la sinceritat).

La (deliciosa) sensació que deixa visionar El amor es extraño no es deu tant a un element en concret o a una escena determinada com a un conjunt de fets molt ben explicats que ens fan sortir del cinema sentint que hem après alguna cosa. Estem davant d’una història que ens fa reflexionar, ens entretén i per últim ens emociona. Poc més se li pot demanar a una pel·lícula que parla de tants temes amb tanta naturalitat i que ens commou tan humilment i apel·lant a la senzillesa.

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El pasado (Asghar Farhadi)

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No creo que exista mejor forma de empezar este artículo que señalando que la pieza que nos ocupa supone el mejor estreno en territorio español en lo que llevamos de año (con el permiso de El lobo de Wall Street). Esto es, desde mi punto de vista, lo menos que merece una película en la que no logro encontrar fallo alguno, escena que no merezca ser situada al lado de lo mejor de Igmar Bergman; un relato, en pocas palabras, tan culpidor y perfecto como la muy reivindicable Secretos y mentiras, de Micke Leigh. Pues esta primera incursión en el terreno europeo por parte del director iraní Asghar Farhadi supone, por irónico que parezca, un nuevo insuflo de ideas narrativas en el terreno cinematográfico occidental, una lección de retrato de personajes pulido y completo, de plasmación de determinados conflictos entre relaciones humanas que afloran como resultado de un pasado desatendido y todavía por resolver. Una bella forma de unificar culturas aparentemente distintas: lo que Farhadi nos muestra tanto puede entenderse como los conflictos convivenciales que una pareja iraní no ha logrado dejar atrás a pesar de su traslado en territorio occidental como una contaminación cultural europea de la cual nacen precisamente dichos conflictos.

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El pasado es una película más preocupada en plantear preguntas que en ofrecer respuestas. De ahí que ciertos interrogantes referentes a los conflictos que fracturan la unidad de la familia que protagoniza el relato queden por resolver. Pues Farhadi no pretende hablarnos del origen de dichos conflictos, sino reflexionar sobre la insistencia por parte de los personajes en rascar y rascar heridas que muy bien podrían estar cerradas, en indagar sin descanso en hechos pasados, no con la intención de cerrar etapas, sino en un acto (casi involuntario) de abrir nuevas heridas en un presente ya manchado por el rencor y la incapacidad de mirar hacia adelante. A lo largo de la dura experiencia que supone el visionado de esta película, podemos observar cómo Marie no cesa de invocar hechos pretéritos en tono recriminatorio hacia su ex marido, mientras que Samir no hace otra cosa que obedecer religiosamente a las peticiones de Marie guardando cada acto de obediencia como un arma verbal con la que golpearla en futuras discusiones, al mismo tiempo que Lucie no deja de culparse a si misma por un hecho pasado (de carácter incierto) que se resiste a confesar.

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Farhadi presenta todo lo mencionado sin juzgar a ninguno de los personajes, mostrando tanto su parte más humana como su lado más perverso. Y es que todos estos personajes tienen en la película oportunidad de expresarse sinceramente, todos ellos demuestran encontrarse en una posición comprensible al mismo tiempo que a todos les es permitido, en determinado momento, sufrir su propio derrumbamiento moral. A ello ayuda notablemente la contención con que el director plasma cada escena, la milimetrada duración que otorga a cada secuencia y la cuidadísima planificación con que todas ellas se desarrollan; siempre preocupadas por ambientar adecuadamente las discusiones y conversaciones que mantienen los protagonistas (recordemos, por ejemplo, el diálogo mudo entre los dos personajes principales que presenciamos nada más empezar la película, o la acertada decisión de acompañar uno de los puntos culminantes del relato con el sonido de la lluvia…). Nos encontramos, pues, ante una de estas joyas cinematográficas que saben situarse justo enfrente de la línea divisoria que separa el culebrón convencional i la pura genialidad, situando a Asghar Farhadi en la posición de uno de los cineastas de nuestros días más a tener en cuenta.

All is lost (J.C. Chandor)

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No cabe duda de que el principal atractivo de Margin Call es el lucimiento de los actores y la profundidad que emanan los personajes que estos interpretaban. La opera prima de J.C. Chandor nos sorprendió por la naturalidad con que dicho director esbozaba las personalidades que se esconden tras el incomprensible lenguaje de la bolsa estadounidense; según él, un perverso juego de roles con una distribución jerárquica fuertemente atada al grado de frialdad de cada jefe de departamento. De modo que, siendo el primer trabajo de Chandor una película tan fuertemente arraigada a la descripción de personajes, es muy sorprendente que su segundo trabajo constituya todo lo contrario: Cuando todo está perdido presenta una puesta en escena dotada de un único personaje, desprovista de diálogos y totalmente reacia a ofrecer ningún tipo de información acerca de dicho personaje. Una apuesta din duda muy arriesgada, pues el director de Margin Call ha apostado por llevar al extremo el concepto de “narrar con imágenes”, depositando toda su confianza en que las imágenes expuestas y el rompecabezas que estas componen posean la fuerza suficiente para enganchar al espectador. Y lo cierto es que Chandor ha logrado su cometido.

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Lo comentado hasta el momento basta para comprender que la película que nos ocupa pertenece a la corriente contemporánea del Nuevo Cine del Siglo XXI: una película de supervivencia que centra su atención en el contexto antes que en las heroicidades de su protagonista, que opta por una narrativa realista en vez de la construcción esquemática del manido filme de aventuras. Pero hay algo más que nos induce a situar Cuando todo está perdido en este col·lectivo fílmico. En primer lugar, está la completa ausencia de efectos especiales generados por ordenador; algo que contribuye notablemente a añadir verosimilitud al relato, evidenciando de algún modo que en esta aventura no hay espacio para las concesiones. En segundo lugar, está este tratamiento de imagen en donde la cámara jamás se aleja más de un metro del protagonista, como si su misión fuese demostrar que todo lo que le sucede queda registrado, sin espacio para peligrosas elipsis que pudieran acudir en socorro de dicho protagonista. Chandor da un salto al vacío obligándose a si mismo a narrar con entera honestidad, anclándose a las fuertes cadenas de la realidad y cortando toda comunicación con recursos de la ficción que pudieran lanzarle un salvavidas.

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Alguien podría reprochar a J.C. Chandor que su protagonista carece de profundidad. Y en cierto modo, se trata de una afirmación del todo cierta. Pero es evidente que este hecho no se debe a ningún descuido, sino a la firme convicción por parte del director de que el protagonista de su historia no necesita una caracterización profunda, sino bien perfilada. Y este es un trabajo que Chandor se toma muy en serio: a pesar de no saber nada de él, las acciones que vemos llevar a cabo a dicho protagonista nos convencen de su firme voluntad por sobrevivir, de su inagotable insistencia en superar cada obstáculo. Y ello basta para situarnos en el contexto deseado y para despertar nuestro interés hacia los hechos relatados. Pues si bien es cierto que dicha profundidad no queda explícita en la película, í se intuye en cada movimiento del personaje, como si este poseyera una fuerte personalidad envuelta por un firme carácter introvertido. Lo que queda es una trepidante película de supervivencia que dinamita fronteras narrativas y abre nuevos caminos para el cine de aventuras contemporáneo, añadiendo su granito de arena en esta sorprendente oleada de films que nos está ofreciendo el Nuevo Cine del Siglo XXI.

Una casa en Córcega (de Pierre Duculot)

Una casa en Córcega

Lo que convierte Una casa en Córcega en una película preciosa no es ni su fotografía, ni su tipología de planos ni nada referente a este tipo de tecnicismos. Pues este es un trabajo que propone un estilo de narrativa que construye tranquilamente pero con paso firme una historia que se gana la atención del espectador por el propio interés de su tesis. Pues en realidad la sencillez es una pieza clave en este relato, ya éste que viene a plantearnos un ejercicio de despoje de lo innecesario, un desprendimiento de todo tipo de elementos sobrantes que nos ayude a encontrar la felicidad en nosotros mismos. De ahí que el tratamiento visual del segundo trabajo de Pierre Duculot sea tan modesto; algo que a su vez ayuda a desnudar a sus personajes, permitiéndonos descubrir la insospechada complejidad que se esconde en ellos. Es esta complejidad y la mano firme del director lo que nos hace sospechar desde el primer fotograma que Una casa en Córcega esconde algo interesante, algo que nos invita a querer saber más sobre la película y que convierte en placentero todo su visionado.

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Un placer que va acompañado por unas hermosas vistas montañosas que aparecen tímidamente al principio y con todo su esplendor más adelante; como imitando el avance de la joven protagonista que paso a paso descubre el placer de construir su propia vida. Y es que la sencillez de la que hablábamos anteriormente no impide al director mostrar la inmensa belleza de los paisajes de Córcega, algo que hace sin convertir su película en una postal ni en un panfleto turístico. Sencillamente se trata de un hermoso descubrimiento que la protagonista comparte con nosotros, algo que puede incluso entenderse como una alegoría de la belleza interior del personaje que va aflorando poco poco. Como si con un cuentagotas se nos fueran dando pequeñas dosis de belleza que actúan como imagen metafórica de la situación espiritual de la mencionada protagonista, en definitiva, hermosas imágenes paisajísticas que aumentan o disminuyen su tamaño según la situación del mismo. Un hermoso trabajo de fotografía realizado, nuevamente, con toda modestia y sin ninguna necesidad de resaltar.

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Y mientras el paisaje inunda con ternura el fluir de los acontecimientos, los personajes actúan de forma autónoma, desplegando su personalidad y logrando transmitir la sensación de que cuando los vemos tan solo descubrimos puntuales momentos de una inmensa vida que únicamente les pertenece a ellos. Es decir, nunca tenemos la sensación de que los personajes cumplan con un papel diseñado para el guión, sino que siempre parecen actuar de acuerdo con sus propias necesidades (pensemos, por ejemplo, en Pascal, el personaje interpretado por François Vincentelli). De ello nacen interesantes situaciones conflictivas en que uno, por extraño que parezca, entiende el posicionamiento de ambas partes e incluso simpatiza con ellas (nuevamente, recordemos a Pascal y su reencuentro con Christina). Sin duda, se trata de un excelente trabajo que logra embellecer una sencilla historia de superación que, contada de otro modo, probablemente carecería de interés. Una hermosa forma de recordarnos que a menudo la sencillez es la mejor herramienta para plasmar la pureza, y de que cuando uno tiene algo que decir, la modestia es uno de los recursos más fiables.

El último concierto (de Yaron Zilberman)

el último concierto

Uno de los mayores méritos del delicioso debut en la ficción de Yaron Zilberman es cómo en él encajan fantásticamente desglose de personajes y un minucioso tratamiento de la música, ambos aspectos cuidados a partes prácticamente iguales. Algo que da como resultado que (aún conociendo a los actores que participan en la película) uno salga de la sala teniendo la indudable certeza de que todos los personajes son músicos de alto nivel, al mismo tiempo que seres humanos de carácter tan sutil como bien definido. Y de esta (bellísima) experiencia nace la hermosa sensación de terminar el largometraje con un extraño anonadamiento, algo que uno no acaba de saber si identificar con la dulce empatía que surge hacia los personajes o con la hipnosis que provoca una buena selección de piezas musicales excelentemente interpretadas. Lo que sin duda sí está claro es que ambos aspectos (música y personajes) logran un encaje excepcional que acaba siendo el verdadero motor de la película.

El carácter de los protagonistas de El último concierto se despliega con tal naturalidad que resulta casi imposible distinguir a partir de qué momento queda retratado cada uno. Mediante sutiles detalles vamos percibiendo su estilo de vida y sus rasgos principales, así como el papel que desempeñan en el cuarteto musical del que forman parte. Su interacción es discreta sin que ello impida que entendamos perfectamente (y en ocasiones compartamos) la posición y situación de cada uno de ellos. E igual de discreta es la progresividad con que afloran las consecuencias de descubrir que uno de ellos padece una enfermedad degenerativa: viejas heridas se reabren, tensiones no resueltas se manifiestan y demás conflictos vivenciales forman poco a poco una bola de nieve que, de manera casi imperceptible, alcanza un peligroso tamaño. Y lo mejor de todo es que, a pesar de todos los conflictos, la película no deja de desprender optimismo, como si toda ella fuera un ejercicio de saneamiento necesario para el grupo.

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Entretanto, la música del cuarteto acompaña con ternura todas sus vivencias, actuando como único vínculo irrompible entre ellos, salvaguardando cada una de sus experiencias y convirtiendo en eterno su compañerismo. Cada pieza que oímos, lejos de disfrazar las imágenes, complementa a la perfección las situaciones relatadas, es decir, actúa como quinto personaje de la película, logrando junto a los protagonistas una perfecta unanimidad. Incluso, en ocasiones, el director concede a los personajes el privilegio de tomar las riendas de la banda sonora, es decir, de un momento a otro pasan a ser partícipes de una música hasta entonces extradiegética. De este modo comprendemos cómo en ocasiones la música actúa como reflejo de su estado de ánimo; cómo esta puede convertirse en expresión de sus sentimientos en situaciones en que por el contexto no les es posible manifestarlos de forma abierta. En resumen, la música forma parte de la película sin enmascarar las escenas ni contaminar las imágenes.

Estamos ante una profunda reflexión sobre la amistad y las relaciones de grupo que nos cuenta cómo el producto surgido de un proyecto colectivo puede actuar a la vez de detonador de malas vibraciones y de vínculo irrompible entre viejas amistades que han compartido tanto experiencias bellas como situaciones desagradables. En fin, siempre es de agradecer encontrar en la cartelera una película que de forma modesta nos habla de temas tan cotidianos como universales, de temas que tras su apariencia de trivialidad guardan una gran trascendencia. Con todo, El último concierto acaba siendo una bonita forma de reconciliarse con la vida que invita a la reflexión sin pretensiones y que tiene como único propósito exponer con toda modestia una hermosa tesis que a menudo nos convendría recordar. Tal vez sea de esta modestia y de la sencillez con que se nos narra cada situación de donde nace la genialidad que caracteriza a la pieza que nos ocupa; una hermosa historia de amor, enfermedad y amistad que conmueve casi sin pretenderlo.

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Os dejamos con su banda sonora

Nuevo Cine del Siglo XXI [ 6.8 ]

10 .- El discurso del rey – año 2010

El discurso del rey

Hasta ahora hemos hablado de películas que planteaban un nuevo enfoque estilístico que más adelante se convertiría en el germen del Nuevo Cine del Siglo XXI. Pero ahora, con esta última película de la selección, ya estamos hablando de cine 100 % perteneciente a dicha corriente. Este segundo trabajo de Tom Hooper supone, además, un cierre de ciclo en dos aspectos. Sobre el primero, recordemos cómo la primera película que comentamos (Buenas noches, y buena suerte) tenia por objetivo exaltar la epicidad de un personaje verídico sin pasar por alto su humanidad. Lo mismo sucede con el trabajo que nos ocupa, de modo que podríamos decir que la reforma empezada en 2005 sugiriendo un nuevo enfoque en el cine biográfico concluyó su operación en 2010 con una película de planteamiento similar pero de rasgos comerciales mucho más personalizados. Por otra parte, está el hecho de que, sin duda, podemos considerar a Tom Hooper como uno de los directores ya pertenecientes a la nueva corriente.

Es decir, las películas de las que se ha hablado hasta ahora o bien pertenecían a viejas glorias que resurgieron inesperadamente (David Fincher, Hermanos Coen, Ang Lee, James Cameron) o bien son los trabajos de determinaos debutantes que, sencillamente, participaron en esta transición de corrientes (Jaison Reitman, Joe Wright y Jon Favreau). En el caso de Tom Hooper, en canvio, sin duda hablamos de un director de una de las primeras películas encabezadoras del Nuevo Cine del Siglo XXI. Me explico. Con la llegada de El discurso del Rey se da un cambio de conceptos en lo concerniente al campo comercial; y para entenderlo nos es muy útil esta comparativa mencionada entre dicho título y el que en 2005 diera origen al cambio, Buenas noches y buena suerte. Fijémonos, sobre todo, cómo el trabajo de George Clooney necesitó despojarse de toda complicidad hacia los personajes para desmarcarse del empalagoso estilo comercial entonces tan de moda gracias a títulos como Una mente maravillosa, Descubriendo Nunca Jamás o Million Dollar Baby.

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Es decir, a inicios de milenio, debido a la ya mencionada tendencia cinematográfica de alejarse de la realidad, se había perdido de vista al protagonista entrañable pero imperfecto. Pero en el caso de El discurso del Rey, el legado de películas como Juno u Avatar (ambas protagonizadas por personajes entrañables pero desperfectos) permitió que Tom Hupper pudiera tratar con cierto cariño a sus protagonistas, sin por ello convertirlos en mártires o héroes americanos. Pues si nos fijamos, en los primeros años del siglo XXI los protagonistas de las películas de hollywood tan solo podían ser buenos, malos o aspirantes a la excelencia. Tomemos como ejemplo los casos de Gladiator, Una mente maravillosa y Million dólar Baby (protagonizadas por el bueno), Chicago y Mistic Riber (protagonizadas por el malo) o El señor de los anillos y Master and Comander (protagonizadas por personajes que evolucionan, es decir, aspirantes a la excelencia). En cualquier caso, no era posible encontrar en hollywood una película en donde el protagonista, a pesar de “bueno”, arrastrara consigo defectos humanos que sencillamente no cambiaran.

El logro de El discurso del rey, por lo tanto, se resume en el hecho de conseguir aunar al personaje simpático pero imperfecto del cine independiente con la narrativa comercial propia de hollywood que lo convierte en una figura épica. Se trata de una exaltación hecha desde los ojos humanos, magnificando al personaje y permitiendo al público cierto encariñamiento hacia él pero sin olvidar en ningún momento que se está hablando de una figura real (algo igualmente aplicable a todos los personajes secundarios). Un trabajo como este, que en un principio podría parecer de poca importancia, hizo posible el resurgimiento de un director de cine a quien ya dábamos por desaparecido en combate. Estoy hablando de la leyenda viviente que es el director Steven Spielbeg, que se reconcilió con el buen cine aplicando mucho de lo mencionado más arriba a su magnífica Lincoln.

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