Líbranos del mal (Scott Derrickson)

libranos del mal

Hace año y medio, con motivo del estreno de Posesión Infernal [2013], hablé de cómo el género de terror se convirtió en una de las víctimas principales de la simplificación argumental que el cine sufrió a lo largo de los años noventa. Esta simplificación consistió, a grandes rasgos, en un proceso de convertir las películas en esquemas reducidos a la mínima esencia, protagonizados por personajes que eran meros monigotes exclusivamente al servicio de una montaña rusa sin pilares. Ahí figuraban los ejemplos de Scream, El último escalón, House on Haunted Hill, Leyenda Urbana o La guarida: películas de escaso argumento y con personajes destinados únicamente a ser desmembrados cuyo único gancho era el gore y los sustos. Lo que Fede Álvarez nos ofreció en su ópera prima, en tanto que película perteneciente al Nuevo Cine del Siglo XXI, fue un producto comercial decidido a recuperar la profundidad del género; devolviendo a los personajes su profundidad y planteando una interesante tesis que ejercía de esqueleto bajo el aparente pasatiempo. Ahora Derrickson nos ofrece, con su nueva película Líbranos del mal, un paso más en este proceso de recuperar la esencia del cine genérico bien entendido, esta vez mediante una hábil mezcla de géneros que abre un nuevo campo de posibilidades en el apartado del terror.

Eric Bana and Joel McHalestar in scene from movie 'Deliver Us From Evil'

Así cómo Posesion Infernal [2013] se proponía recordarnos que la profundidad de personajes y el cine de terror no están reñidos, como tampoco lo están el género comercial y la reflexión trascendental, en Líbranos del mal encontramos una película que da por supuesto lo mencionado y que centra sus esfuerzos en experimentar en el campo formal y plantear una muy particular mezcla de géneros. Es decir, la tesis está ahí, cómo también lo está la atención a los personajes, pero Derrickson se vale con un par de ágiles pinceladas para hacer constar su existencia y servirse de todo ello para dibujar la compleja filigrana que es su nueva película. Lo que encontramos en esta pieza es un curioso cruce entre el cine policíaco y el de terror, con un policía como protagonista que afronta los casos de tendencia paranormal del mismo modo que afrontaría los de un asesino en serie; y en donde las secuencias de persecución o peleas están planteadas igual que lo estarían en una (buena) película de acción. Este detalle contribuye a añadir veracidad a lo relatado, logrando hacer que el espectador olvide cuestionarse hasta que punto es creíble lo visionado. El resultado es una interesantísima película de alta tensión, oscura e inquietante, que nos mantiene pegados en el asiento durante todo su recorrido.

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Como ya dije anteriormente, esta relectura genérica que está llevando a cabo el Nuevo Cine del Siglo XXI no es nada nuevo: lo que encontramos en el cine Hollywoodiense de los años 70 es un conjunto de directores (Martin Scorsese, Steven Pielberg, George Lucas, Peter Bogdanovich, Brian de Palma y compañía) que reinventan el apartado comercial mediante la actualización de diversos géneros (bélico, aventuras, mafia, terror, western…). Una renovación que muy a menudo centraba su punto fuerte en la unión de géneros (como bien demuestra Tiburón, una de las películas pioneras del New Hollywood). Esto es exactamente lo que encontramos en Líbranos del mal: una pieza a todas luces de terror que se sirve de diversos elementos de otros géneros (no solo el policíaco: ahí están también el drama familiar, la cinta de acción y en ocasiones incluso la comedia) para lograr un sólido producto comercial que entretiene y aterroriza a partes iguales. Una película 100% consciente de su propósito que juega con las expectativas del público, y que además sorprende tanto por su valentía en la apuesta como por su habilidad para coger desprevenido al espectador en la mayoría de sus secuencias de tensión (no tanto por la previsibilidad de los sobresaltos como por el modo con que estos son ejecudados).

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La cabaña en el bosque (Drew Goddard)

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No es descabellado afirmar que La cabaña en el bosque forma parte del Nuevo Cine del Siglo XXI si apelamos al mismo en tanto que corriente renovadora de géneros y estilos. Recordemos, por ejemplo, los casos de Los vengadores (Joss Whedon, 2012), Les miserables (Tom Hooper, 2012) o Posesión infernal (Evil Dead 2013) (Fede Álvarez, 2013), en donde la corriente mencionada no solamente liberaba a dichas películas del reconocible sello Neoclásico, sino que además nos ofrecía una revisión de género basada en el uso del mismo como mero vehículo. En el caso de Los vengadores, se empleaba una simpática autoparodia del género de superhéroes con el fin de lograr una humorística película de aventuras, en Les miserables, el musical no era sino una excusa para plantear un impresionante drama social, mientras que enPosesión infernal el gore era usado como metáfora del proceso de desintoxicación de una heroinómana. Hablamos de algo parecido a una toma de conciencia, de la asunción por parte de una película de su propia naturaleza genérica y de la reescritura a partir de este punto de sus propias reglas. Algo muy parecido a ello encontramos en la opera prima de Drew Goddard, un hecho nada extraño si tenemos en cuenta que tanto en la producción como en la escritura del guión podemos encontrar a su colega Joss Whedon.

Pero esta vez no nos encontramos ante una revisión genérica empleada como fin para llegar a un punto determinado, sino la revisión es el objetivo en sí. Es decir, Goddard realiza una exposición de todos los clichés y tópicos del género de terror que sencillamente se justifican por su condición cómico-metafísica, o dicho en un lenguaje más vulgar, por cachondearse de sí mismos. Sin desvelar aspectos importantes del argumento, digamos que lo que presenciamos es una especie de juego de espejos en donde se plantea una reflexión sobre la importancia de la participación del público en la aventura, según la cual éste es un elemento imprescindible en la narrativa del terror: el público no es otra cosa que un cómplice que, como ya sucediera con Funny Games (Michael Haneke,  1997), condiciona la aptitud de los personajes y los conduce a un desenlace preestablecido. Se trata de una reflexión que va cobrando forma a medida que la película avanza y el espectador va entendiendo qué es lo que en realidad contempla, y lo más curioso es que, desde mi punto de vista, cuanto más evidente se torna esta reflexión menos interés posee el film. Pues lo mejor de La cabaña en el bosque lo encontramos en su primera mitad, especialmente en su arranque, cuando los personajes no parecen otra cosa que los protagonistas de una película de terror estándar.

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Pues el caso es que, a pesar de su apariencia de cliché, tanto los cinco jóvenes dispuestos a pasar el fin de semana en medio de la montaña (es decir, a convertirse en carne de cañón de una tópica película de terror) como los dos secundarios ajenos a la acción (aunque enigmáticamente relacionados con la aventura) resultan tremendamente interesantes, pues son presentados mediante divertidísimas secuencias dotadas de inspiradísimos diálogos. En resumen, la presentación de personajes es brillante e irlos conociendo supone un verdadero placer (pienso en la gamberra secuencia que es la aparición de Marty o en la divertida conclusión del diálogo entre los tres primeros personajes de la joven pandilla que conocemos –“no llevas pantalones”-). Vamos, que lo que presenciamos es el despliegue de cinco caracteres que, a pesar de ser (conscientemente) tópicos, resultan tremendamente creíbles y nos regalan magníficas secuencias igualmente vinculadas a clichés: recordemos la inquietante – al mismo tiempo que divertida – escena en que la joven pandilla conoce al misterioso y solitario personaje que habita en la gasolinera abandonada. Como entredije, escenas ya vistas en incontables ocasiones pero igualmente excelentemente planteadas.

Y de hecho, en ellas ya existe cierta intención metafísica; es decir, se aprecia en este despliegue de personajes cierta autoconciencia ya dispuesta a parodiarse a sí misma. Por ello no nos sorprende que determinadas secuencias introductorias al “espectáculo terrorífico” estén dotadas de cierto tono cómico, como el descubrimiento del sótano o el inquietante baile de Jules con la cabeza de lobo disecado. De ahí que, desde mi punto de vista, resulte innecesario el giro argumental a partir del cual la “gamberrada metafísica” (no se me ocurren otras palabras para describirlo) se convierte en la principal protagonista del film. Es cierto que a partir de entonces salen a relucir las verdaderas intenciones de Drew Goddard y que su reflexión queda plasmada con toda claridad, pero ello es a costa del interés hacia una historia que hasta entonces estaba logrando excelentes resultados. Aún así, todo hay que decirlo, la película todavía nos depara al menos un par de secuencias tan inesperadas como divertidas, que logran, cuando menos, que el espectador salga sonriendo de la experiencia. Con todo, un descubrimiento entretenido y nada molesto que en cierto modo revisa las normas del género terrorífico; altamente recomendable a todo aquel que se considere fan del mismo.

la cabaña en el bosque II

Así nació Saw – Crítica para Frikinomikon

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Sunset Boulebard es una calle situada en el Condado de Los Ángeles, California, que se extiende desde Figueroa Street en el Centro de Los Ángeles hasta la Pacific Coast Highway. Aproximadamente a un km a la derecha del distrito de hollywood y fuera de la vista de los grandes magnates de la industria, Sunset Boulebard pasa por encima de la calle Glend Blvd, convirtiéndose en un corto puente. Se trata de una zona poco transitada que los trabajadores hollywoodienses en ocasiones toman con la intención de encontrarse con el cruce de Santa Monica Blvd, que penetra directamente en el centro de la industria.

Una mañana del mayo de 1990, Ted Tally conducía su descapotable siguiendo este recorrido. Justo cuando cruzaba el mencionado puente que pasa por encima de la calle Glend Blvd, un perro se arrojó a la carretera encabritado, fundido en su locura en medio de ladridos y gruñidos dirigidos a otro perro de la acera de enfrente. Este hecho no habría supuesto ningún problema para Ted Tally si no fuera porque, tras él, su amo le pisaba los talones, deseoso de neutralizarlo y sin prestar atención en el tráfico. Tan instintiva fue la reacción de Tally como la aptitud del perro: sin pensarlo dos veces, pegó un volantazo que condujo su coche a subirse a la acera y acabar estampado contra el pequeño muro que evita que, en casos como este, uno acabe boca arriba en la calle Glend Blvd. El perro no sufrió ningún tipo de daño físico, salvo una patada en las costillas e incontables gritos de indignación por parte de su amo, quien a su vez salió ileso del accidente.

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Por lo que respeta a Ted Tally, el seguro se hizo cargo de los desperfectos del coche y el leve dolor de costillas que le produjera el fuerte apretón del cinturón de seguridad desapareció en una semana. En lo que nadie prestó atención fue en la carpeta que reposaba en el asiendo del copiloto, que salió volando tras el choque y, en impactar contra el suelo, se abrió de golpe, dejando escapar parte de los folios que contenía. Estos folios eran el guión de un proyecto, consistente en adaptar al cine una novela llamada El silencio de los corderos. Sin pensar en el material perdido, alguna de las personas que se acercó para socorrer al hombre accidentado cerró la carpeta y la devolvió a su sitio. Días después, Tally se daría cuenta de que faltaban en el guión los folios en que se describía cómo Hannibal Lecter cubría su cara con piel humana simulando ser un cadáver.

Cuatro años más tarde, en un anochecer del abril de 1994, Andrew Kevin Walker paseaba por este misma zona deseoso de encontrar un bar en donde sentarse y seguir trabajando en su guión (provisionalmente llamado Se7en). Lo llevaba impreso y cuidadosamente colocado dentro de una carpeta, esta sujeta bajo su brazo. Todavía no había llegado al extremo del puente cuando un hombre enmascarado provisto de navaja lo agarró furtivamente por el brazo, reclamando a gritos su cartera. Presa del pánico, Andrew accedió a la demanda con rapidez, y con el gesto, la carpeta salió precipitada. Como ya ocurriera con la de Tally, al topar contra el suelo esta se abrió y buena parte del material se fue con el viento. Más tarde, después de denunciar el robo y comentar el incidente con su psicólogo particular, Kevin Walker descubrió horrorizado que habían desaparecido del guión los folios en los que se describía el perfil de un psicopata, alguien que, disconforme con la sociedad contemporanea, planeaba un asesinato en masa.

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En agosto de 1996, André Bijelic, Vincenzo Natali y Graeme Manson regresaban de su amistoso encuentro en un bar, encuentro que tenía por objeto dar un título al guión en que tanto tiempo habían trabajado. Finalmente lo encontraron: se llamaría Cube. El caso es que, contentos por el hallazgo, decidieron celebrarlo con un brindis. Y con otro. Y luego con otro. Y luego con varios más. En tal estado de embriaguez se encontraban los cuatro amigos cuando cruzaron el puente de Sunset Boulebard; y en tal estado de nulo autocontrol se encontraba uno de ellos cuando se agachó para atarse el zapato. Otro, sin advertirlo y llevando consigo la maleta que contenía el guión, tropezó con él, y nuevamente la carpeta chocó con el suelo y nuevamente determinado número de páginas salieron volando de ella. Al día siguiente, acompañados por un fuerte café y maldiciendo su lento efecto anti-resaca, los tres compañeros comprobaron que habían desaparecido las páginas que describían la claustrofobia que sentían los personajes de su trabajo al descubrirse rodeados por una habitación de cuatro blancas paredes.

Hay algo sobre la calle Glend Blvd que la gente de Hollywood desconoce. Se trata de la pequeña zona que queda cubierta por el puente de Sunset Boulebard. De día, en ella tan solo pueden verse elegantes graffitis que normalmente retratan bellos rostros de estrellas de cine. Pero por la noche, el puente se convierte en el cobijo de algunos vagabundos temerosos de la lluvia. Con sorprendente agilidad, tales individuos sitúan debajo del puente cajas de cartones, almohadas polvorientas y mantas desgastadas, logrando con ello improvisadas pero confortables camas. Son rápidos y silenciosos, motivo por el cuál rasas veces la policía ha logrado darles caza. Un buen día, uno de ellos desapareció de la tribu. Según él, tenía grandes planes relacionados con el mal llamado séptimo arte. Sus compañeros nunca más supieron nada de él. Al día siguiente, los periódicos neoyorkinos anunciaron un curioso atraco, producido en una tienda de ropa de primera clase y llevado a cabo por parte de un misterioso enmascarado.

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En el verano de 2003, un tal Leigh Whannell se presentó en los estudios hollywoodienses elegantemente vestido y con un guión debajo de su brazo. Este trataba sobre un rocambolesco psicópata cuya disconformidad con la sociedad contemporánea le llevaba a planear asesinatos en masa. La historia partía con el despertar de dos personajes dentro de una claustrofóbica habitación, rodeados de cuatro paredes blancas y únicamente acompañados por un cadáver con la cara abierta en carne viva. En el desenlace, el supuesto muerto apartaba los restos de carne humana que cubrían su rostro, descubriendo así que no estaba muerto. De la propuesta saldría una película llamada Saw.

El bosque – Crítica para Frikinomikon

Imatge

Érase una vez un pretencioso director de cine que soñaba en lograr la estafa definitiva. Casi todas las posibilidades parecían ya explotadas, pero el día en que fue padre dio con un plan que a nadie antes se le había ocurrido. Arrancó un cuento popular del recopilatorio de historietas de los Hermanos Grimm que su hija guardaba en su mesita y lo rompió a trizas, de donde consiguió el escenario perfecto para su película: un bosque encantado. A continuación tomó los pedazos de otro cuento de hadas de Hans Christian Andersen que previamente había robado a su hijo mientras éste dormía. También los rompió y de este acto nació una bella doncella que debería viajar por un mundo desconocido para poder salvar la vida a su amado. Tras mezclar los pedazos de ambas fábulas en un pote y dar con él unas cuantas sacudidas procedió a introducir el elemento que tan buen resultado había dado en su único trabajo defendible: una pequeña hoja de papel donde podía leerse la escritura “giro de guión que te cagas”. Pero enseguida pudo notar que faltaba algo… Tenía el contexto, tenía al personaje y tenia el gancho, pero aún así el trabajo estaba incompleto. Por fin cayó en la cuenta. Lo que faltaba era algo terriblemente simple: faltaba él. De modo que trasladó toda su fábula de época al contexto contemporánea y se situó a sí mismo en el punto exacto en qué el espectador fuese consciente del engaño. Vendió la idea a una productora y se convirtió en uno de los autores mejor remunerado del cine actual. Y colorín colorado… este cuento aún no se ha acabado.

Posesión Infernal [ 2013 ]

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En los inicios de este mismo año hice referencia a tres películas contemporáneas a las que definí como principales representantes del Nuevo Cine del Siglo XXI situadas en la posición de embajadoras genéricas. Hablamos de los tres títulos Los vengadores, representante del cine de aventuras (y compañera de títulos como Indiana Jones o Tras el corazón verde)La vida de Pi, en tanto que película de reflexión introspectiva destinada a todos los públicos (como podrían ser también Contact o Big fish) y Los Miserables, esta como drama social en donde el espectáculo para masas y la profundidad argumental logran una inusual harmonía (comparable, por ejemplo, a films como Amadeus Las amistades peligrosas). Pues bien, hoy parece que podemos anunciar la llegado a nuestras pantallas de la cuarta entrega de esta serie de piezas definidoras de la corriente mencionada, ahora representando el género de terror.

1.- El terror dentro del Nuevo Cine del Siglo XXI

En anteriores artículos definimos al Nuevo Cine del Siglo XX como una corriente cinematográfica que se caracteriza por devolver la madurez al cine comercial mediante la reinvención genérica. Este rasgo no representa un fenómeno nuevo si tenemos en cuenta al New Hollywood de los años setenta, etapa plagada de títulos que renovaron el cine mediante la actualización de géneros: el cine de aventuras con Star Wars, la novela negra con China Town, el cine de mafia con El padrino, el estilo bélico con El cazador yApocalipse Now o el género de terror con El exorcista. Lo que convierte a Posesión infernal 2013 (Fede Alvarez, 2013) en otro de los principales exponentes del Nuevo Cine del Siglo XXI es que estamos ante una de las películas de terror más maduras de los últimos años que reinventa el género mediante la aplicación de nuevas fórmulas y la rotura de (despreciables) convenciones.

1.1 Pasar miedo en los años noventa

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Es probable que el cine de terror sea una de las partes más afectadas por el reduccionismo cinematográfico que tuvo lugar en la década de los años noventa. Observemos el caso. En aquel entonces el cine histórico se redujo al héroe sin personalidad cuyo único objetivo era hacer justicia mediante la venganza (Bailando con Lobos, Braveheart), al tiempo que el estilo romántico se tiñó por una capa de ingenuidad camuflada bajo la apariencia de reproducción de época (Shakespeare in Love, Titánic) mientras que la comedia descubría el ancho potencial del humor histriónico y del gag verde olvidando así el complejo guión de enredos (Age Ventura, Algo pasa con Mery, American Pie) y en el género de acción la espectacularidad aprendía a justificar su absoluta ausencia de profundidad (La Roca, Independence Day). Pero el hecho es que en todos los ejemplos citados podemos encontrar, más o menos, el esqueleto de un guión y la persencia de ciertos personajes.

En cuanto al género de terror, sencillamente se convirtió en un circo de sobresaltos y salpicaduras de sangre en donde la exagerada pretensión de producir miedo terminó por borrar del mapa cualquier tipo de trama y convirtió a los personajes en simples monigotes destinados a ser desmembrados. En pocas palabras, se vivió la sensación de que el cine se empeñaba en adquirir los aspectos más superficiales de sus referentes, pues lo único que pareció haberse entendido de El silencio de los corderos es que la violencia estremece, y la única lección que pareció llegar a los directores de antaño con El sexto sentido fué que los muertos saben dar sustos. Tómense como ejemplo los títulos Scream (Wes Craven, 1996), Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997), Leyenda urbana (James Blanks, 1998) o las paranormales Vampiros (John Carpenter, 1998) La guarida (Jan de Bont, 1999), The house on the haunted hill (William Malone, 1999) o El último escalón (David Koepp, 1999).

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1.2 Pasar miedo en el nuevo siglo

En la segunda mitad de la década del 2000 tuvieron lugar dos estrenos que en cierto modo premonizaron un cambio en el género. Estoy hablando de las muy respetables[Rec] (Jaume Balagueró, Paco Plaza, 2007) y Déjame entrar (Tomas Alfredson, 2008). Ambos títulos nos recordaron que el peso de los personajes tenía la capacidad de construir la atmósfera deseada y que el gore y los sobresaltos podían estar al servicio de una buena trama. Si en Scream o La guarida la sangre y la atmósfera claustrofóbica asumían todo el protagonismo y los personajes adquirían un papel circunstancial, en[Rec] eran estos últimos los que nos hacían estremecer al sentirnos identificados con su angustia. Si en El último escalón o Vampiros nos encontramos ante una montaña rusa de sustos, gore y criaturas diabólicas, Déjame entrar encogió nuestros corazones con las tristes desventuras de una niña condenada a la eternidad y su joven y desprotegido compañero que anhela poder ayudarla.

Pero el caso es que, en lo que a reinvención se refiere, Posesión Infernal 2013 va incluso más allá. En realidad, el logro del primer largometraje de Fede Alvarez ya no se resume sencillamente en la recuperación del peso de los personajes y en haber devuelto la seriedad al género de terror, sino que consiste básicamente en el planteamiento de una tesis tan coherente como interesante que el director no deja de sostener en ningún momento y que da forma a toda la angustiosa experiencia de los protagonistas. Y es que a pesar de las incontables escenas sangrientas del film y de la explicidad de la violencia y de cierto recreo por parte del director en el sufrimiento de los personajes, no hay absolutamente nada gratuito en el remacke del clásico terrotífico de Sam Raimi, al que, a mi parecer, la película actual incluso supera.

1.3 Pasar miedo con Posesión Infernal 2013

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En un primer momento podemos tener la sensación de encontrarnos ante otra repetición de una de las premisas más manidas dentro el género de terror: años después de un oscuro suceso diabólico, un grupo de jóvenes se encuentran en el mismo apartamento donde éste tuvo lugar con el objetivo de pasar allí el fin de semana. No obstante, en seguida nos llaman la atención ciertas particularidades del argumento no vistas hasta la fecha y que justifican numerosos clichés genéricos normalmente chirriantes. En primer lugar, esta vez no se trata de una visita de placer, sino de la decisión por parte de cuatro personajes de terminar con la adicción a la heroína de su amiga, Mia. Gracias a este hecho la película queda impregnado por una especie de aura negativa que no necesita sucesos paranormales, algo que elimina el problema que supone para muchos films hacer creíble la violenta interrupción de la euforia de cuatro jóvenes juerguistas por el terreno espiritual. En otras palabras, el drama está presente desde el principio.

También gracias a ello podemos entender que los protagonistas de la cinta duden constantemente sobre cómo actuar ante al problema con que se encuentran, es decir, ante la posesión de su amiga. De algún modo el director nos recuerda que a pesar de poseída, Mia sigue siendo Mia, igual que un ser querido sigue siendo un ser querido incluso cuando su dependencia a los narcóticos le conduce a llevar a cabo acciones catastróficas. Y aquí interviene el campo de la metáfora: la insistencia de David (hermano de la poseída) por encontrar una forma de hacer regresar al mundo a la auténtica Mia frente a la insistencia con que sus compañeros sugieren acabar con ella está tratada con la misma seriedad y credibilidad con que lo estaría la lucha de alguien que trata de desenganchar a su hermano de las drogas, contradiciendo a los consejos de aquellos que lo rodean según los cuales debería alejarse del problema.

A partir de aquí, todo el film está estructurado del mismo modo que lo estaría una película sobre la desintoxicación y los efectos colaterales producidos por la experiencia, es decir, un camino angustioso y doloroso que probablemente nos conduzca a perder seres queridos e incluso ciertos aspectos de nosotros mismos. Como dije anteriormente, se trata de una metáfora que la película no descuida en ningún momento y que además llega a prevalecer por encima de las posesiones: las situaciones extremas (más allá de su evidente atractivo estético) sirven para desnudar la verdadera personalidad de los personajes y situarlos en la posición que les corresponde. Por ejemplo, así es como David recupera su amistad con Eric, redime su culpabilidad respecto al problema de Mia y descubre que su relación con Natalie estaba desprovista de futuro. De modo que toda la película puede entenderse como la historia de dos personajes que deben recorrer un duro camino para recuperar su fe hacia la vida, en donde el carácter terrorífico actúa como alegoría de los duros conflictos vivenciales.

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2 .- El terror se metamorfosea

Toda esta relectura genérica – que en parte convierte al cine de terror en “cine-metáfora” – conlleva una serie de cambios reglamentarios que conduce la película a la casi total imprevisibilidad (al menos en lo que a aspectos formales se refiere). Por ejemplo, enPosesión Infernal 2013 no son necesarias las eternas (y en muchas ocasiones cansinas) resurrecciones de los poseídos que previamente dábamos por muertos, como tampoco es imprescindible resolver todos los  clímax de violencia con una impactante explosión de sangre (aquí me remito especialmente a la magnífica secuencia en la que David debe enfrentarse al cuerpo poseída de su novia). Mención especial merece también el desenlace, tanto por el inesperado cambio de roles de los personajes principales como por la valiente forma con que el director logra dar la vuelta al típico giro dramático del cine de terror, mostrando una imagen que, si bien puede interpretarse como dicho giro, también puede verse sencillamente como símbolo de cierre de la tesis planteada.

Estamos hablando de una gran propuesta reformadora para un estilo de cine que desde los años noventa parecía confundir el concepto de producir miedo con el de producir vergüenza ajena; una reforma que devuelve la vida a una tipología de personajes que desde hacía tiempo parecían haberse convertido en títeres inanimados. Esta reforma es lo que encontramos en la nueva Posesión Infernal, una magnífica cinta de terror construida mediante la continua sucesión de escenas frenéticas que aúnan con maestría horror, tensión y emoción. Una película, en definitiva, con una sorprendente facilidad para sorprender constantemente sin repetir ninguna formula ya usada, y que merece ser catalogada como ejemplo de cine comercial de alta calidad. Lo digo una vez más: viva el Nuevo Cine del Siglo XXI.