12 monos: reto superado

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Hace un par de semanas, los apreciados compañeros del programa radiofónico Frikinomikon [`http://frikinomikon.com ] me retaron a escribir una crítica que cupiera en twitter. Pues bien, aprovechando que este viernes es el turno de la insustancial 12 monkeys, respondo a la propuesta de la siguiente forma:

 

Buena atmosfera, secuencias bien rodadas. Personajes vacíos, situaciones nada creíbles. 5 en distracción, 0 en trascendencia.

Aquí lo tienen, pués. Espero sepan sacar del artículo todo el jugo que posee.

Iron man 3

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Son muchos los factores que convierten el estreno de Iron Man 3 en un auténtico acontecimiento. Por un lado está el hecho de ser la pieza bisagra entre la primera y la segunda etapa del mundo Marvel (pues esta tercera entrega de la franquicia supone el punto de partida para una nueva fase del universo). Por otro, hablamos de una tercera parte, lo que la obliga a cargar con la responsabilidad de mantener los rasgos principales de sus predecesoras y al mismo tiempo renovar parcialmente un universo que – como hemos dicho – empieza una segunda fase. Pero desde mi punto de vista, lo que convierte Iron Man 3 en un verdadero acontecimiento (no solamente marveliano sino también cinematográfico) es el hecho de tratarse de la película consolidadora del nacimiento de un universo cinematográfico de distintos personajes pero totalmente unánime. Algo que en el mundo del cine no se había dado hasta la fecha.

Un universo para distintos personajes…

Casos como El Padrino, Indiana Jones, Star Wars o Regreso al futuro a parte (pues estos son en realidad pequeños fragmentos de un mismo cuento), el concepto de universo ficticio siempre ha sido tratado por el cine como un abstracto conjunto de films inconexos aunque compartidores de ciertas fórmulas. Tenemos los ejemplos de James Bond, franquícia en la que seis actores han interpretado un mismo personaje, el hombre murciélago, que por tres veces ha empezado de cero, el hombre araña, personaje de tres rostros distintos hasta la fecha, o Star Treck, franquicia formada por múltiples películas autónomas – si bien nacidas de la misma serie televisiva – que comparten personajes y universo y en ocasiones también hilo argumental. En todos estos ejemplos Imatgehablamos de pequeñas sagas formadas por un conjunto de films cuya relación entre sí solo se da cuando se trata de secuelas (como sucede con Star Treck o Batman).

La novedad del acontecimiento al que ahora me refiero es que esta vez no hablamos dedeterminados nombres repetidos con distintos rostros ni tampoco de eternas continuaciones de una misma historia, sino de un universo uniforme del que se desprenden diversas franquicias conectadas entre si. Para comprender la magnitud del hecho, imaginemos, por ejemplo, un conjunto de piezas cinematográficas nacidas del mundo de James Bond protagonizadas por personajes como podrían ser Q, Monipeny o Gold Finger, cada uno con sus propias aventuras y que, para colmo, todos ellos coincidieran ocasionalmente en películas como esta primera muestra de crossover cinematográfico que que ha sido Los vengadores. Esto es, ni más ni menos, lo que está sucediendo hoy en día dentro del cine de superhéroes Marvel, y como dije anteriormente, Iron Man 3 representa la auténtica consolidación del fenómeno.

Y lo bueno es que todo ello se está notando en repercusiones claramente positivas. Hasta ahora habíamos presenciado la aparición de cuatro personajes superpoderesosos y la convivencia de todos ellos en un mismo título. Pero no habíamos apreciado las resonancias de dicha coincidencia en sus vidas por separado. Y esto es precisamente lo que se encarga de resolver el superhéroe Iron Man, igual como en 2008 se encargara de terminar con la triste fama arrastrada por Marvel según la cual dicho sello no contaba con una sola producción arropada por los verdaderos fans de sus cómics. Nos encontramos ante un Tony Stark excéntrico como siempre pero visiblemente marcado por sus experiencias; y aunque se trate de psicología barata, este cansancio hacia uno mismo, este aborrecimiento hacia la interpretación de un rol autoasignado, funciona a la perfección como marca de fin de ciclo.

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… que fortalece las aventuras individuales

Pues ahora Tony Stark ha combatido alienigenas, luchado contra dioses, presenciado mutaciones físicas, visionado Nueva York en llamas… Un conjunto de experiencias algo traumatizantes que, además de provocar ataques de ansiedad, nutren al presente título de nuevos elementos y líneas argumentales, evitando así el desgaste estilístico propio de las continuaciones. En otras palabras, el encuentro de los cuatro personajes en la muy notable Los vengadores abrió nuevos caminos, visualizó nuevos horizontes para cada uno de los personajes. Pensemos en la constante insistencia con que Iron Man 3 nos habla de las repercusiones mediáticas respecto a la última aventura del superhéroe: el niño al que Tony Stark salva la vida, el joven fan del personaje que encuentra en la camioneta… Iron Man es ahora un personaje conocido y camina por el planeta descubriendo pequeñas salpicaduras de su existencia. Y gracias a todo ello no existe reiteración en esta tercera entrega de la franquicia.

Reinvención del universo y género

Hablamos de una tercera parte que elimina el peligro de la reiteración gracias al nutrimiento de nuevos elementos tomados de su predecesora Los Vengadores. Pero en realidad, además de los rasgos argumentales que Shane Black recoge del mencionado título existen también incontables aspectos estilísticos contemporáneos de los que el director se alimenta majestuosamente. Está, por ejemplo, el legado de Batman: este resurgimiento, la transformación que implica el regresar de las puertas de la muerte, e incluso el ya mencionado cansancio hacia un rol autoimpuesto, son elementos sin duda tomados prestados de los títulos de Christopher Nolan. Tenemos también una clara influencia por parte del santificado estilo James Bond: recordemos el momento en que Tony Stark, tras ser capturado por su archienemigo, habla por primera vez cara a cara con él y se convirte en testigo impotente de las primeras maniobras de su maligno plan, primeramente aplicadas a su indefensa y desprotegida amante. ¿Nos suena de algo?

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Nos queda tan solo un importante aspecto a señalar. Como sucede también con otros títulos contemporáneos de superheroes, la saga actual de Iron Man se caracteriza sobre todo por su gamberrismo, por la comicidad de un personaje que emplea la autoparodia como barra de equilibrio para superar el camino que debe recorrer en la cuerda floja propia de los superhéroes, debajo de la cual se encuentra el ridículo absoluto. Pues el hecho es que esta tercera entrega lleva incluso más allá este humor gamberro que tan bien sienta al personaje. Algo que, sumado al mencionado cansancio hacia uno mismo y a las nuevas experiencias resultantes de las peripecias de Los Vengadores, logra hacernos creer que Iron Man está cada vez más lejos de la peligrosa ingenuidad de las cintas de super-heroes anteriores a su aparición (los primeros Spiderman, el primer Hulk, la trilogia X-man, Daredevil…).

Toda esta suma de nuevos elementos pertenecientes al mundo marvel y a otros corrientes cinematográficos sientan de maravilla a Iron Man 3 y logran para el título la reinvención que toda tercera entrega necesita: el aire fresco proporcionado por un conveniente reciclaje de elementos ajenos (y no tan ajenos). Pero por encima de todo, la carencia de ingenuidad del título que nos ocupa, su renovación estilística mediante fórmulas recicladas, y sobre todo, este despojo de cualquier indicio del estilo New Hollywood de los años setenta hacen que Iron Man 3 se convierta en otro importante ejemplo del Nuevo Cine del Siglo XXI. No se me ocurre forma mejor de inaugurar la etapa abierta por Los Vengadores y sellar la primera multifranquicia de la historia del cine.

La nostra vita

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La nostra vita es una bella historia intimista sobre la superación de una pérdida familiar y el descubrimiento del afecto como verdadera medicina emocional. La película nos habla, entre otras cosas, del duro camino que debe recorrer Claudio tras caer en la tentación de dejarse seducir por los bienes materiales e intentar cubrir con ellos el vacío surgido por el fallecimiento de su esposa. La nostra vita es un canto al amor familiar, una reivindicación de “la fuerza del cariño”. Pretende (y logra) plantear los contratiempos de la vida como un elemento más al que tener en cuenta; destapar la desgracia sin restarle importancia per tampoco sin permitir que cubra de negro nuestra existencia. En resumen, La nostra vita es una película sobre el amor hacia la familia y la amistad. Pero también es muchas otras cosas.

Da la casualidad de que hace apenas unos días escribí un artículo sobre la magnífica película The House I live In, un documental que tiene por objetivo destapar la verdad que se esconde tras la eterna guerra anti drogas todavía vigente en los Estados Unidos de América. Lo que el director del título descubre en su investigación es un sector de la sociedad que el gobierno se empeña en ignorar, salvo cuando se trata de organizar redadas anti-droga que permitan colgar a sus hombres alguna medalla; eso sí, siempre Imatgedejando con vida el negocio ilegal como quien conserva la gallina de los huevos de oro. En su documental, Eugene Jarecki presenta una especie de subclase social atrapada en un bucle autodestructivo al que el gobierno interesa conservar y dentro del cuál no existe otra forma de sobrevivir que la de optar por el camino ilegal.

 

Pues bien, dentro de este terreno se sitúan buena parte de los personajes de La nostra vitta, y esta es en realidad la cara más interesante del último trabajo de Daniele Luchetti. Ari es un parapléjico desempleado cuya discapacidad expulsó del sistema capitalista, motivo por el cuál se ve obligado a ejercer el rol de camello. Porcari, principal responsable de la construcción del edificio en donde trabaja Claudio, no tiene más remedio que mantener en secreto el descubrimiento de un cuerpo inerte en medio de la construcción, pues denunciar el caso significaría el fin de la obra y la pérdida del empleo por parte de todos los trabajadores. En cualquier caso, Claduio ve en Ari a una gran persona a la que confiar sus hijos cuando está indispuesto y sabe, muy en el fondo, que la actitud de Porcari responde a su controvertida responsabilidad.

Pero Luchetti está lejos de convertir en oro todo aquello que se aleje del sistema. Más bien pretende ofrecernos una radiografía del punto bisagra entre uno y otro mundo, algo que se manifiesta con obviedad cuando Claudio se decide a montar su propio negocio: la intención que tiene de construir un edificio mediante la mano de obra ilegal para posteriormente utilizarlo con fines legales refleja la situación (tanto social como emocional) en la que se encuentra. Y mediante este punto de enlace que de algún modo representa el protagonista del film entre ambas clases, Luchetti dibuja su visión personal sobre la felicidad y el auténtico camino hacia una vida saludable: ni pertenecer al sistema nos garantiza la felicidad ni actuar al margen del mismo nos condena a la desgracia, como tampoco nos asegura el éxito aislarnos del sistema ni es inevitable fracasar cuando se forma parte de él.

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Claudio sabe que su objetivo se convierte en un sueño imposible si decide escoger el camino legal, del mismo modo más tarde deberá comprender – al encontrarse en apuros – que no tiene más remedio que aceptar el dinero ofrecido por sus hermanos, éste obtenido legalmente. Pues en realidad la validez de nuestros actos está tan al margen de la ley como de los juicios morales según los cuales todo aquello relacionado con lo legal es antiético. Con este discurso, Luchetti nos ofrece una película nada pretenciosa que cuenta con elegante desenfado algunos de los conflictos vivenciales de la sociedad contemporánea. La única premisa incondicional, nos dice el director, es encontrar nuestra propia comodidad ejerciendo el amor inmaterial hacia los seres cercanos y también hacia nosotros mismos. 

Mapa

Olvidemos lo aprendido

En mi último artículo concerniente al Nuevo Cine del Siglo XXI entredije que el principal obstáculo del cine contemporáneo es su insistencia en verse a si mismo como único referente posible. Es como si desde el momento en que los primeros cineastas-cinéfilos entraron en acción los directores de cine hubieran olvidado cómo hablar de personajes reales: de repente el único camino a seguir es explotar mecanismos narrativos ya ensayados.

Vaya por delante, estoy convencido de que la dosis de cinefília que cineastas como François Truffaut, Jean-Luc Godard, Martin Scorsese, Francis Ford Coppola o Steven Spielberg insuflaron al cine de los años setenta resultó muy productiva, pero el caso es que a partir de entonces casi nadie pareció recordar cómo era hacer películas que remitieran a la realidad y no a si mismas.

Por eso es una agradable sorpresa encontrar en la cartelera títulos como No es país para viejos, En tierra hostil o Los miserables, películas que, en definitiva, explotan al máximo las posibilidades narrativas cinematográficas sin limitar su lenguaje al uso exclusivo de los recursos ya empleados por otros. Recordemos cómo los Coen sortearon numerosas convenciones narrativas para plasmar en imágenes la crudeza del libro de Cormac McCarthy, al tiempo que Kathryn Bigelow se despojaba de los tópicos del cine bélico para contar con sinceridad los sucesos de Iraq, mientras que Tom Hooper rechazaba los personajes planos del cine comercial para adaptar con fidelidad un famoso musical. Gracias a todo ello los tres cineastas encontraron una nueva posición para hablarle al público, y en eso consiste precisamente el logro de Mapa, un film profundamente sincero que nace del absurdo deseo de rodar una película sin tener nada que contar.

En realidad, la reivindicación del cine como arte capaz de romper fronteras lingüísticas no excluye al director cinéfilo, sencillamente propone un lenguaje cuyos recursos se actualicen regularmente gracias al sustento de las aportaciones de los cineastas anteriores. Es decir, lo descubierto hasta el momento se usa como plataforma para subir a un nivel superior. Y lo que encontramos en el documental de León Siminiani no es otra cosa que la conquista de un nuevo escalón en la narrativa.

Del objetivo nace el resultado

La premisa de esta cinta se reduce a la presentación de un personaje (el propio director) que decide grabar todo lo que encuentra en su camino con el objetivo de reunir el material necesario para montar una película. Y adivinen lo que sucede. Lógicamente, de ello nace un juego de espejos en el que León Siminiani se convierte en el protagonista de su propio relato, fenómeno del que resulta un argumento metalingüístico en el que el protagonista de la película tiene por objetivo rodar esta misma película. Bien, por si se han perdido, vuelvo a intentarlo.

Mapa no es otra cosa que el visionado de una serie de imágenes captadas por un sujeto cualquiera (al menos aparentemente) acompañadas por una voz en off que nos desvela su intención al tomarlas. Pero en realidad hay algo más. Lo que convierte esta propuesta banal en un producto francamente interesante es el mero hecho de anunciar, nada más empezar, que la intención del director es construir una película, algo que convierte al objetivo real de este director en el hilo conductor de la aventura vivida por el protagonista – que es, a su vez, el mismo director-. Y lo cierto es que la apuesta funciona.

De repente nos encontramos ante una mezcla de comedia, reflexión psicológica y radiografía social llevada a cabo mediante un viaje hacia ninguna parte, en realidad más introspectivo que turístico. Esta sencilla intención de cerrar un ciclo abierto a propósito es la que se encarga de construir el esqueleto de un guión improvisado sin necesidad de contar nada en particular. En pocas palabras, el propio objetivo de hacer la película acaba haciendo la película. Y no, no resulta para nada aburrido.

Evidentemente, Mapa se nutre de recursos narrativos “afanados” de otras películas (como en ocasiones el director llega a reconocer, recordemos por ejemplo la divertida secuencia que resume el elipsis de dos años), pero lo más llamativo es que, además de hacerlo con su propia personalidad, León Siminiani emplea dichos recursos para construir un esquema discursivo antes nunca visto (al menos por parte de un servidor). De modo que Mapa termina por ser un producto tan original como desconcertante que deja con muy buen sabor de boca a pesar de no contar con ningún referente. En resumen, esta es la primera vez en mucho tiempo que el cine español nos brinda un producto innovador.

Nuevo cine del siglo XXI (1)

Los héroes acuden al rescate

Tras semanas y semanas de referirnos a él, probablemente haya llegado el momento de asentar de una vez por todas las características principales del Nuevo Cine del Siglo XXI .  Hemos hablado de reinvención, del cuestionamiento de las normas y de la desaparición y el recién resurgimiento del producto de calidad para todos los públicos. Sin duda todos estos rasgos pertenecen a esta nueva corriente cinematográfica, pero para comprender exactamente a qué nos referimos debemos remontarnos a los antecedentes del movimiento.

La reinvención narrativa cinematográfica que está teniendo lugar en nuestros días empieza durante la segunda etapa del boom del cine de super-heroes hollywoodiense (que a día de hoy todavía continúa). Esta abarca, aproximadamente, desde mitades de la primera década del nuevo milenio hasta la actualidad.  Para resumirlo, digamos que hablamos del momento en que los jóvenes efectos especiales generados por ordenador empezaron a perder su originalidad y las piruetas gratuitas de los personajes con super-poderes (entiéndanse, por ejemplo, las primeras Spiderman, el primer Hulck, CatWoman, los primeros X-men o Daredevil) piden a gritos algún tipo de contenido que las justifique.

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El cambio esperado empieza con la llegada de películas como Watchmen y El caballero oscuro y termina por reformar de pies a cabeza las claves de la película del super-heroe convencional, empezando por la incorporación en el cine de Iron Man y acabando con la reciente Los Vengadores [ Para más información, les invito a consultar la reflexión Herois i hereus: http://cinemaspotting.net/2012/01/21/herois-i-hereus-recopil%c2%b7latori/ ]Esta reforma cinematográfica supuso la maduración del super-heroe, la desaparición de la inocencia de la película del super-bueno y el super-malo para dar la bienvenida a cintas de moralidad más ambigua y que generalmente justificarían su condición naif con la auto-parodia (tómense como ejemplo Iron Man, Capitan America, X-man: First Class o la ya mencionada Los vengadores).

Y aquí es donde empieza la reinvención estilística que provocaría la aparición del Nuevo Cine del Siglo XXI, pues esta maduración supone el nacimiento de lo que llamaremos el “cuestionamiento de un género u estilo narrativo”, usado a modo de licencia para lograr una película de este mismo género. Por ejemplo, Kick-Ass es un film que ridiculiza las características principales del cine de super-heroes con el único fin de presentar lo que en el fondo no es más que otra película de super-heroes. Estos son los primeros indicios del cambio. Pero ¿exactamente de qué cambio hablamos?

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Remitiéndome de nuevo a la historia del cine, los años sesenta fueron para hollywood una época de caos e incertidumbre. En aquel entonces resultaba difícil prever si una producción cosecharía éxito o fracaso, ya que el agotamiento genérico exigía una reforma estilística pero no existía ninguna indicación sobre hacia donde apuntaban las preferencias del nuevo espectador. Pues bien, a lo largo de la primera década del 2000 ocurre algo parecido, y el cambio del que hablamos consiste en la desaparición de este desorden estilístico mediante la aparición de un nuevo estilo de cine comercial. Pero antes que nada y a modo de punto de partida, analicemos las características básicas de los éxitos comerciales cinematográficos que dieron la bienvenida al nuevo milenio.

1.- Fin de una era, caos que antecede al nuevo orden

Los inicios de la primera década del 2000 arrastraron consigo una clara tendencia hacia la simplificación argumental en favor del ensalzamiento de las formas, algo propio de los años 90. Esta tendencia se explica por el hecho de que, de igual modo que los años cincuenta supusieran el fin de la Primera Edad de Oro de Hollywood, la última década del siglo XX representó la traca final del ciclo de New Hollywood iniciado en los años setenta.

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Así, los 90 nos trajeron los últimos fluidos de una naranja exprimida al máximo dando forma a títulos como Bailando con lobos, La lista de Schindler, Forrest Gump, Cadena perpetua, Titanic o Shackespeare in Love, películas que, como vemos, en ocasiones son de notable calidad pero siempre muestran una clara tendencia reduccionista.

Curiosamente, nada más empezar el nuevo milenio tuvo lugar un hecho que eclipsaría momentáneamente este agotamiento estilístico. Se trata de la explosión del cine de efectos especiales generados por ordenador. Películas como Matrix o la segunda trilogía de Star Wars abrían nuevas puertas a la narrativa moderna, ofreciendo un territorio ficticio https://i2.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/ca/7/7a/Matrix.jpgilimitado cuyas posibilidades parecían infinitas. Todo ello creó un anonadamiento óptico que ocultaba el insustancial contenido de la mayoría de los estrenos que tuvieron lugar.

Este hecho y la mencionada tendencia reduccionista que los inicios de la década arrastraba condujeron al cine hacia una simplificación argumental que hoy podemos clasificar en tres categorías: las películas de aventuras comerciales en estado puro, las películas que buscaban la exaltación formal, y el cine sobre personajes cuyo objetivo era realizar una dura proeza casi siempre relacionada con la superación personal.

1.1 Aventura gráfica, explotación de formas y heroe callejero

Entonces, la entrada al nuevo milenio nos trajo la conclusión de las sagas Matrix y la segunda trilogía de Star Wars, películas clave en la demostración de las posibilidades que ofrecía la tecnología digital. Pero existen otros títulos que condicionarían el campo comercial en lo que a aventuras se refiere de forma si cabe aun más notable.

Estamos hablando, en primer lugar, de las exitosas El señor de los anillos y Harry Potter; y en menor medida pero también de un éxito nada despreciable, Piratas del Caribe, Spiderman o X-men. Estos títulos deribaron en un bombardeo de películas de aventuras saturadas de efectos especiales con argumento y personajes de escasa profundidad, como Las crónicas de Ridick, Los 4 fantásticos, Eragon o Las crónicas de Narnia. En definitiva, hablamos de un cine cuyo único objetivo era explotar al máximo las posibilidades formales que ofrecia el nuevo juguete llamado infografía.

Cartatula pelicula gladiator

En otro terreno encontramos un conjunto de películas que exploraban las posibilidades de los gráficos por ordenador en beneficio del argumento u reflexión que proponían, como son los casos de Amelie, Big Fish, Charlie y la fabrica de chocolate, Descubriendo Nunca jamás y los casos más evidentes de Mouling Rouge y Chicago. Películas en las que los efectos especiales generados por ordenador no eran el propio objetivo, sinó que estos estaban al servicio de un discurso.

Por último tenemos el espacio cinematográfico reservado a los títulos comerciales que probablemente mejor aguantarán el paso del tiempo. Se trata del apartado de géneros que centra su atención en el protagonista del cine americano por excelencia, aquel que debe valerse de sí mismo para lograr su objetivo, ya sea este vencer a sú adversario, alcanzar un logro personal o sobrevivir ante duras y crueles condiciones. Dentro de esta categoria encontramos las aclamadas Gladiator, Náufrago, Una mente marabillosa, El Pianista, El último Samurai, Master and comander o Million Dolar Baby.

Una vez hecho el resumen, digamos que así fue más o menos el cine comercial de los cinco primeros años del nuevo milenio (y parte de los que siguieron): producciones de temática más tópica que profunda orientadas a exaltar el aspecto formal de modo  simplista y tirando a convencional. Pués este es el aspecto que hoy en día el Nuevo Cine del Siglo XXI se está encargando de cambiar.

Top 10 del 2011

10.- Inside Job

Un deliciós espectacle cinematogràfic a més a més d’esplèndid documental informatiu.

9 .- Arrietty y el Mundo de los Diminutos

Una peça màgica, tendre i seriosa. Tan poètica com madura i trascendent. Els estudis Ghibli ens donen altre cop la pel·lícula d’animació de l’any quan Pixar falta.

8 .- Misión: Imposible. Protocolo Fantasma

Gràcies per recordar-nos que dins del gènere d’acció també hi cap el bon cinema. La primera pel·lícula de la saga que m’enganxa de principi a fi. Brad Bird demostra el seu gran talent dirigint també fora de l’animació.

7 .- Contagio

Soderbergh desafia la legitimitat dels mitjans d’informació amb prou maduresa com per plantejar també el tema d’Internet. Pel·lícula narrada amb un tempo magistral i una brutal credibilitat.

6 .- Jane Eyre

Encisadora peça melodramàtica. Imprescindible pels romàntics i també pels amants de la fotografia. Mai una declaració d’amor havia estat tant profunda i conmovedora. Recomanable veure-la amb paquet de clínex.

5 .- El Topo

El cinema d’espies reapareix amb presència, força i decisió. Pel·lícula tractada amb un equilibri entre calma i contundència digne del millor Michael Haneke. Per parar atenció fins al detall més petit.

4 .- Melancolia

Malgrat el seu (exagerat) pessimisme, pel·lícula preciosa amb un dels finals més poètics que he vist mai. Tendre reflexió sobre el rebuig de l’existència i l’amor per al no res.

3 .- Winter’s Bone

Brutal retrat de l’Amèrica més profunda. Pel·lícula freda i esgarrifosament realista; festival d’encerts formals dignes del millor cinema.

2 .- Más Allá de la Vida

Enamoradissa sotragada emocional. Més enllà o aquí mateix, la mort forma part de la vida. Amb nostàlgia i sensibilitat, Eastwood pressiona els sentiments fins a tocar-ne la part més profunda.

1 .- El Árbol de la Vida

Preciós cant a la vida. Malick reivindica de la manera més poètica la necessitat de l’existència d’un vincle entre naturalesa i teologia. Indiscutible pel·lícula personal, d’autor, sorprenent i innovadora (prova irrefutable: des de la seva estrena no hem deixat de sentir la frase “El Árbol de la Vida tampoc ha inventat res”). Sens dubte, la millor pel·lícula de l’any. Sens dubte, l’obra mestra.

Top 10 del 2011, d’Adrià Sunyol

L’Adrià Sunyol és un amic interessat i captivat pel món del cinema, que a més s’hi dedica des de fa uns anys. És realitzador independent de documentals, i escriu crítiques per la revista online Contrapicado i la impresa DeCine.

Com que sé que té bon gust i intenta estar al dia del cinema actual, li he demanat que escrigui una llista amb les millors pel·lícules/documentals de l’any. Són aquestes, per ordre:

1- El Havre

El Havre no és només un conte de fades innocent i ple de cinefília, és un anàlisi precís i un comentari encertat sobre el creixent abisme entre llei i humanitat que s’ha obert en les societats occidentals. I també una invitació a superar-lo.

2- Melancolia

Melancolia no assoleix cap mena de perfecció, però la sinceritat de Von Trier, tan absurdament discutida, la converteix en un meravellós emblema de les repercussions, col·lectives i individuals, de la crisi i els seus pessimismes radicals.

3- Carlos

Una observació transparent i analítica del passat recent a Europa, una delícia formal, una sàvia revisió dels gèneres i els formats, tot amb un aire de neutralitat, de comentari a peu de pàgina sobre les transformacions de l’esquerra en les últimes dècades.

4/5 – El Topo i Super 8

Tant diferents, filles de pares diametralment oposats, Super 8 i El Topo han brindat a les cartelleres cinema d’entreteniment manufacturat, homenatges emocionants i emocionats, i la profunditat dels personatges i les històries narrades amb l’innegable poder de seducció del cinema ben fet.

6 – Midnight in Paris

Menció especial per la peliculeta del mestre. Impossibles d’ignorar els seus repapieigs, igualment impossibles d’obviar els seus múltiples encants, reforçats per la interpretació sublim i malenconiosa de Marion Cotillard.

7- Cisne Negro

Pel·lícula retòrica i tramposa fins a la sacietat, la sensació i l’impacte del seu visionat al cinema li valen un reconeixement, per la seva pirotècnia obscura i l’erotisme latent i adolorit d’algunes escenes.

8- Drive

Difícil de saber què hi ha darrera els persuasius murmuris de cinema impecable de Drive. Però l’encant audiovisual d’algunes seqüències impregna la memòria. Fa anys que tornem irremeiablement als 80. Drive ens ajuda a sintonitzar agradablement amb la seva estètica.

ExtresInside Job, La Doctrina del Shock, Mercado de futuros.

Cap d’aquests tres documentals pot prescindir de les trampes narratives que els impliquen profundament en una visió potser massa concreta i parcial del món. Però cadascun apunta amb encert i precisió cap a temes importants que cal considerar urgentment. Imperfectes però necessaris recordatoris de fins a quin punt el cinema es pot implicar molt directament en les coses que passen al món.
Dels tres, Mercado de Futuros n’és el més savi i reposat.