Kill Bill [ Crítia para twitter ] – A los amigos de Frikinomikon

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Crítica para twitter:

Excelente película de acción que concentra lo mejor del potencial tarantiniano: abundantes homenajes que sacan lo mejor de su estilo. Un 8.

Para los amigos del Frikinomikon.

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Así se hizo Piratas del Caribe – Crítica para Frikinomikón

Personajes Piratas del Caribe

  • Oye, he pensado que podríamos hacer una de aventuras, como las de antes. Tu sabes, con especialistas y actores buenos…

  • Esto no vende, tío… Habría que ponerle estrellas de cine, de estas que fingen más que actúan.

  • Bueno, vale, pero… ¿y si inventamos algo nuevo? Podríamos hablar de la incomunicación de la sociedad moderna…

  • Calla, calla, que nos arruinas. Mejor métele algún romance, cuanto más previsible mejor.

  • Bueno, está bien… Pero, ¿que te parece si hacemos algo grande? Quiero decir… Con imágenes reales, decorados auténticos y peripecias creíbles…

  • Se me ocurre algo mejor. ¡Un montón de infografía, ordenador por un tubo, con secuencias increíbles y maldiciones eternas!

  • Coño, pues no sé… Al menos podríamos volver a lo de antes, con aventuras de piratas en alta mar…

  • No vende, hombre. Necesitamos algo más…

  • Pues yo que sé, tío… Si te parece ponle zombies, ¿no te jode?

  • … ¿como dices?

Tristemente posible

Imatge

Hace años que solo escribo críticas de películas que me gustan. Ello se debe, en primer lugar, a que cualquier director que logre terminar su proyecto merece mi respeto. En segundo, encuentro mucho más útil defender propuestas prometedoras que regodearme en aquello que en mí opinión es un mal trabajo, algo que con un simple “no me gustó” quedaría entendido. Pero aun así, Lo imposible me hizo enfadar de tal manera que he resuelto escribir la crítica que en su momento no encontré.

Empezando por lo obvio, el planteamiento de la nueva película de Bayona ya es, cuando menos, polémico. El aclamado director de El Orfanato nos cuenta la experiencia vivida por una de las pocas familias que testimonió con final feliz la catástrofe del famoso tsunami de 2004. Sirviéndose de ello, Bayona relata el (aparentemente) emotivo reencuentro de los miembros de la familia, que dicho sea de paso, es presentada como americana (en realidad española). Una vez dicho, decida cada uno cual es la ética de lo mencionado, a poder ser recordando que la película es (o pretende ser) la reproducción de una catástrofe que se cobró miles de vidas, en algunos casos de familias enteras.

Concentrándonos en el contenido, Bayona, que tiene claro su objetivo, se propone quitarse de encima rápidamente los ejercicios obligatorios de presentación de situación y personajes. Así, los protagonistas son caracterizados con cuatro pinceladas descuidadas y apenas hemos tenido tiempo de empatizar con ellos cuando son engullidos por el gran tsunami. Es entonces cuando el joven director despliega su potencial de director de masas que tan buen resultado le dio en su título anterior. Una gigantesca ola cubre el escenario provocando espectaculares destrozas que Bayona se cuida en mostrar, si bien no de forma recreativa, sí des de la posición del mago de los efectos visuales que pretende impresionar al público, deudor de sujetos como Michael Bay o Rolan Emerich.

De acuerdo, reconozcamos que quemar el cartucho de la espectacularidad al inicio del film significa vaciarse los bolsillos de un importante recurso, pero ello no significa necesariamente despojarse del paracaídas. Y es que, con esta presentación basada en el impacto visual (y a falta de personajes interesantes), Bayona asegura el anonadamiento del espectador mediante un empache de espectacularidad que cubre toda la película. Pero no olvidemos que al director le interesa conseguir un final feliz, motivo por el cual la tragedia es mostrada solo en parte. La cantidad de imágenes trágicas es suficiente para que el público entienda que los personajes se encuentran ante un conflicto que ocupará toda la película, pero también la justa para que este no comporte para ellos nada más que daños físicos, esquivando así todo tipo de traumas y daños psicológicos que les pudiera causar la realidad.

Entonces, ¿como lograr un final emotivo cuando el cartucho de la espectacularidad está quemado y los protagonistas carecen de profundidad? Pues, evidentemente, mediante la lágrima fácil provocada por los pinchazos de un bastón que el director se preocupa por afilar durante todo el metraje. Más cercanos a la imitación (cuando no parodia) de personajes estereotípicos del cine que a las personas reales, los protagonistas actúan como se espera que actúe un héroe, villano o cualquiera que sea el tipo de perfil que se les haya asignado des de el comienzo. Con ello todo resulta tremendamente artificioso.

Y por si fuera poco, lo último que se nos muestra (sin desvelar ningún secreto) es un almibarado final en el que vemos a la familia junta recordando los casos de otros que han tenido menos suerte, seguido ello por la conclusión del filme consistente en mostrar el título del mismo (Lo imposible). ¿Que podemos entender con ello? ¿Acaso se trata de una metáfora para decir que el amor familiar sirve para superar obstáculos imposibles? ¿Que pasa entonces con todas aquellas familias cuyo final fue distinto? Sea como sea, toda conclusión a la que podamos llegar – siempre des de mí punto de vista – se encuentra lejos de mostrar el respeto que merece un caso tan triste como es la tragedia que Bayona usa de contexto para arrastrar al público a un circo de espectáculo visual y sensiblería.