El amor es extraño (Ira Sachs)

El amor es extraño

Commoure sense prentendre-ho és una de les fites més difícils d’aconseguir. Parlo de quan allò que veiem ens emociona pel seu significat, sense que les imatges es converteixin en un producte prefabricat. Parlo, per exemple, de quan visionem El amor es extraño, pel·lícula que ens converteix en testimonis d’un afer romàntic que destaca per la seva credibilitat. Empatitzem i simpatitzem amb els dos protagonistes exactament com ho faríem si els coneguéssim en la vida real.

Que la parella sentimental interpretada per John Lithgow i Alfred Molina ens resulti entranyable no es deu a una maniobra sensiblera del guió o de la posada en escena, sinó a la capacitat de Ira Sachs per retratar el cantó més tendre de la realitat. Tant és així que la pel·lícula flueix amb absoluta naturalitat, fent-nos creure que els esdeveniments segueixen el seu ordre natural. I és un gran mèrit aconseguir aquest efecte quan la pel·lícula en qüestió presenta un acabat tan perfecte, tan rodó.

El amor es extraño 3
Mitjançant aquesta fórmula, director i coguionista ens ofereixen una experiència que, a més a més d’emotiva, és una fantàstica radiografia social, valenta i gens conformista. Ira Sachs i Mauricio Zacharias ens parlen de l’amor, però també ens parlen de l’educació i dels conflictes més comuns que s’amaguen darrere de la parella convencional (en contrapunt a la parella protagonista, homosexual, que demostra posseir una gran solidesa cimentada per la complicitat i la sinceritat).

La (deliciosa) sensació que deixa visionar El amor es extraño no es deu tant a un element en concret o a una escena determinada com a un conjunt de fets molt ben explicats que ens fan sortir del cinema sentint que hem après alguna cosa. Estem davant d’una història que ens fa reflexionar, ens entretén i per últim ens emociona. Poc més se li pot demanar a una pel·lícula que parla de tants temes amb tanta naturalitat i que ens commou tan humilment i apel·lant a la senzillesa.

El amor es extraño 2

Llenar el vacío (Rama Burshtein)

Llenar el vacío

La única forma que se me ocurre de abordar Llenar el vacío desde una perspectiva interesante es entender dicha película como un producto sujeto a crear debate: una discusión concerniente a la oposición entre dos conceptos a menudo enfrentados. Hablo de la abstinencia a realizar juicios morales en nombre del respeto hacia una cultura ajena frente a la prevalecencia de ciertos “valores universales” ante determinadas costumbres en cierto modo polémicas. En el caso presente nos encontramos ante aspectos como los matrimonios concertados y la honorabilidad del individuo como consecuencia del acatamiento de unas normas preestablecidas. Está, por ejemplo, el hecho de que el matrimonio de Shiba se convierta en un tema de discusión acerca del cual toda la familia parece tener algo que decir. ¿Es este el caso de una descarada violación de privacidad o sencillamente es una forma distinta de entender las reglas sociales? En esta discusión entrarían en juego debates acerca de la conformidad hacia este hecho por parte de la persona afectada (es decir, Shiba) y, en caso afirmativo, seguramente aparecerían nuevos interrogantes acerca de sus motivos: ¿se trata de una conformidad sincera o únicamente de la aceptación de un rol motivada por la presión de una costumbre soportada por una tradición injusta?

llaner el vacío 2

Probablemente no diga nada nuevo al afirmar que se trata de un debate entre dos bandos difícilmente conciliables. Para bien o para mal, todavía no existe ninguna fórmula universal capaz de fijar cual es el punto exacto en qué una tradición se convierte en maltrato o en qué momento una costumbre pasa a ser una imposición injusta. Tal vez algunos apelarían al tiempo, a una (supuesta) evolución del pensamiento e ideales que tarde o temprano colocará en el la posición debida a cada una de las culturas (en el aire queda cual es esta, así como también la posibilidad de que algunas sociedades hayan logrado ya este hito). Ante dicho debate y centrando ahora toda la atención en la película que nos ocupa, un servidor opta por un tercer posicionamiento: más allá de la posible legitimidad de las acciones que contemplamos en este relato, más allá incluso de la posibilidad de que dichos acontecimientos respondan a una jerarquía social injusta, nada de lo que se nos cuenta en Llenar el vacíodespierta en mí el más mínimo interés. Entiéndase que no me refiero a la cultura en sí ni tampoco al tipo de vivencia del colectivo social al que la película remite, sino que me refiero exclusivamente al insustancial culebrón televisivo que es la opera prima de la directora judía ortodoxa Rama Burshtein.

llenar el vacío 3

Por una parte, el posicionamiento de la narradora enfrente a los hechos que esta nos muestra resulta tan poco comprometido que toda posibilidad de debate queda completamente anulada. Por otra, tanto la estructura del relato como su ejecución formal son tan insustanciales que lo único que nos queda es una película de enredos propios del más convencional culebrón televisivo, solo que ahora trasladados a una cultura algo desconocida por el sector occidental. Es decir, Llenar el vacío no funciona ni como ejercicio reflexivo sobre la moralidad de las costumbres de un colectivo social ni como exposición objetiva de una serie de acontecimientos destinados a despertar nuestro interés (entendiendo esto último como lo mínimo que se espera de cualquier producto cinematográfico). Es por ello que un servidor opta por entender esta película como un periscopio a través del cual podemos observar una cultura que nos es ajena, lo que convierte a Llenar el vacío en un objeto únicamente interesante para aquellos que desconozcan el estilo de vida de determinado sector social. Más allá de este hecho, no encuentro motivo alguno para reivindicar cualidad alguna de este producto, pues su valor artístico me parece absolutamente inexistente.

Al nacer el día (Goran Paskaljevic)

al nacer el dia

La última película de Goran Paskaljevic apela a la memoria histórica como herramienta necesaria para proteger nuestro presente y futuro. Según el director serbio, tan importante es preservar el recuerdo de un drama pasado como ser consciente de los dramas presentes, algunos de ellos ignorados con frecuencia. Ahí es donde Paskaljevic plantea un interesante paralelismo (al menos en apariencia) entre la discriminación judía tenida lugar hace décadas y la marginación gitana que tiene lugar aún en nuestros días. Al nacer el día plantea una especie de limpieza de conciencia a través la concienciación hacia nuestro presente, acaso una suerte de camino hacia la expiación por unos (supuestos) pecados que involuntariamente cometimos con nuestra ignorancia. Bien. Hasta aquí todavía podríamos hacer la vista gorda hacia el aire de condescendencia y moralismo que desprende el discurso del director. Pero cuando la película traza una impostada barrera separatoria entre los santos y los pecadores, se hace imposible librarse del mal olor. A partir de entonces, nos encontramos ante una película de discurso prefabricado y dicotómico.

al nacer el dia 2

No obstante, Al nacer el día contiene ciertos aspectos positivos que merecen ser tenidos en cuenta. Uno de ellos es la elegante puesta en escena con que arranca la película. Se trata de un seguido de imágenes de bello contenido, tanto estético como descriptivo. Con unas ágiles pinceladas, Paskaljevic presenta a su protagonista exponiendo su profesión y estilo de vida, todo ello en apenas unos minutos. Nos describe con eficacia tanto su ingenua personalidad como su afinada sensibilidad hacia la música. Otro aspecto interesante es el cariño con que se nos introduce al terreno musical que rodea a dicho protagonista, cuidando el detalle de mostrarnos a verdaderos músicos tocando hermosas e imperfectas melodías. Estos rasgos contribuyen a crear una atmósfera de alta verosimilitud, poética y evocadora. Desafortunadamente, todo ello acaba convirtiéndose en un pequeño detalle que queda ahogado por un tópico y almibarado discurso, un discurso que, además de no decirnos nada nuevo, va perdiendo forma a medida que el manierismo de la película se convierte en el centro de atención.

al nacer el dia 3

Estamos, pues, ante una película de bello despliegue y pésima resolución, tan interesada en aparentar profundidad que todo su envoltorio inicialmente poético termina por caer en el pozo del olvido. Lo único que nos queda de la película al abandonar la sala es la amarga sensación de haber estado oyendo un manido discurso infantil y muy poco serio. Como si la ingenuidad del protagonista se acabara contagiando a todo el trabajo. No se trata únicamente de un bochornoso discurso moralista que eclipsa todo tipo de belleza estética, sino también de una evidente digresión a lo largo de la cuál la puesta en escena va siendo descuidada en favor de la mencionada tesis, una tesis tópica, poco realista y nada convincente. Hablamos de una transformación que afecta tanto a la dirección como a al resto de departamentos, a saber, la interpretación, el montaje y demás. Como si todo el equipo fuera perdiendo interés por el producto a medida que avanza la acción, acabando todo por convertirse en una marioneta inanimada, sujetada por il·los tan torpes como poco disimulados.

La piedra de la paciencia (de Atiq Rahimi)

la piedra

La piedra de la paciencia es el ejemplo perfecto de cómo la belleza estética no es garantía de buenos resultados ni representa siempre la elección más acertada (al menos en el cine). Recordemos, para citar algunos ejemplos contrarios, los excelentes resultados que obtuvieran en su momento películas como Roma, città aperta o la más reciente Gomorra, todo gracias al despoje de artificios decorativos por el que apostaron. Se trata de un ejercicio consistente en buscar una belleza no visual sino sensorial, algo muy parecido a quitarle el maquillaje a la verdad para que esta quede totalmente al descubierto, permitiendo así que cada uno encuentre en ella lo que sus sentidos le dicten. Pues precisamente esto es todo lo contrario a lo que le sucede, desde mi punto de vista, a la película que nos ocupa: hablamos de un trabajo de impresionante fotografía y de encuadres cuidadísimamente planificados pero que parece haber vendido su alma al diablo a cambio de una bonita estética. Aún así, es justo reconocer el visible esfuerzo que se esconde tras la planificación de La piedra de la paciencia, algo que para algunos tal vez sea suficiente para merecer su visionado.

Pues en un principio, el nuevo trabajo de Atiq Rahimi se despliega como lo harían los primeros esbozos de un elegante cuadro. Cada plano crea hambre del siguiente, aportando pequeñas dosis de información con el acertado propósito de despertar interés hacia lo que se esconde detrás de las imágenes. Todo ello, además, está acompañado por una excelente fotografía y una sutil pero lograda coreografía que marcan con decisión el compás de este logrado despertar. Tampoco debemos olvidar la excelente interpretación de Golshifteh Farahani, capaz de llenar ella sola incontables escenas en las que lo único que vemos es a su persona hablando con su marido inconsciente. Y la verdad es que, en cierto modo, todo este arranque cumple con su función de manera satisfactoria. Pues nos encontramos ante lo que parece una inquietante historia acerca de la pobreza en tiempos de guerra, dibujada con un pulso impecable y un control absoluto en lo que a aspectos técnicos se refiere. De ahí que resulte tan decepcionante descubrir que detrás de todo este planteamiento no nos espera nada más que reiteración y monotonía.

la piedra de la paciencia

En mi opinión, son dos los aspectos que con toda claridad hacen de La piedra de la paciencia una película fallida, ambos más y más visibles a medida que esta avanza. El primero (y tal vez el más evidente) es la rapidez con que una historia que en un principio parece interesante quema todas sus cartas dejando al descubierto la vaciedad de un guión que pretende abarcar mucho más de lo que en realidad abarca. Pues una vez desplegado el planteamiento, el espectador ya ha visto la práctica totalidad de lo que la película se propone relatar (salvo algún que otro suceso cargado de pretensiones y un final que no provoca otra cosa que vergüenza ajena). El segundo es que, cuando uno se ha acostumbrado a la mencionada elegancia de la composición de planos, descubre que esta bonita estética choca fuertemente con los horribles sucesos que se nos muestran. Es decir, da la sensación de que el director, demasiado entretenido en dibujar planos bonitos, olvida la humanidad de sus personajes y termina por dejarlos petrificados en una composición de cuadros que plastifica todo tipo de emoción.

Es cierto que La piedra de la paciencia cuenta con un amplísimo abanico de aspectos formales que hacen de ella un cuidado trabajo visual muy agradable para la vista. Pero también es cierto que hablamos de una belleza puramente estética que no encuentra réplica en el fondo de la historia, a pesar de las visibles pretensiones de esta de ser una pieza reflexiva -tal vez lo peor del film-. Y es que da la sensación de que la belleza de las imágenes no se corresponden con el dramático contenido del relato, motivo por el cual resulta considerablemente difícil empatizar con cada situación. O dicho en otras palabras, parece que el apartado estético del filme tome su propio camino y se aleje del discurso del director (sea cual sea) para convertirse en un ente independiente a los sucesos que se dan en la película. Algo que acaba provocando que todo este conjunto de planos secuencia compuestos de forma exquisita y dotados de una excelente fotografía (que, ciertamente, en un principio despiertan nuestro interés) acaben convirtiéndose en un monótono ejercicio visual demasiado parecido a un repetitivo pase de diapositivas.

Lincoln

Spielberg y Tarantino, antiguos reformadores de la narrativa – Segunda parte

Recapitulemos. Como ya dije en el inicio de la crítica de Django Desencadenado, la llegada a nuestro país de Lincoln y el último trabajo de Tarantino supone el estreno de dos cintas de contexto parecido abordadas con estilos claramente opuestos. Y el caso es que las distintas formas en que una y otra película se posicionan en el mismo bando anti-esclavista pueden verse como reflejo de los estilos narrativos de dos directores de cine que en su momento replantearon el lenguaje cinematográfico de formas muy diferentes. Centrémonos ahora en el caso de Spielberg.

Steven Spielberg y George Lucas son dos de los directores a los que a menudo se atribuye la reinvención del cine comercial, algo que ocurriría en la década de los 70 cuando presentaron las célebres piezas de aventuras Tiburón y La guerra de las galaxias. En aquel entonces, el público que veinte años atrás se maravillaba con las aventuras de La reina de África, Río Bravo o Con la muerte en los talones había crecido, y la gran extensión de critérios acompañada por la aparición del espectador adolescente pedía a gritos una actualización del entretenimiento cinematográfico. La respuesta llegó con el estreno de las películas mencionadas, sin duda dos piezas que marcaron un antes y un después logrando ser el referente de la mayor parte de producciones comerciales rodadas hasta hace poco tiempo. Se trataba, en definitiva, de un redescubrimiento del espectáculo cinematográfico dirigido a toda la familia. 

Guardémonos de mencionar el caso Lucas, aquello creó en la autoría de Spielberg un insaciable deseo de innovar, tanto en el campo narrativo como en el tecnológico. Primero llegaría la reivindicación del arqueólogo aventurero, más tarde la introducción en el cine de las imágenes generadas por ordenador y, finalmente y como última aportación importante, la actualización del estilo bélico en el cine contemporáneo. Lo que sigue en la carrera del director son constantes altibajos en lo que podría resumirse como un permanente intento fallido de innovación innecesaria. Tómense como ejemplo el intento fracasado de revisionar La guerra de los mundos, la innecesaria cuarta entrega de la saga Indiana Jones inundada de infografía o la más reciente adaptación de Tintín, nuevo intento de innovación tecnológica del que resultaría un vacío y saturado festival de malabarismos visuales.

Pero lo cierto es que esta vez Spielberg ha hecho un buen trabajo. Todo la hiperactividad narrativa que convertía a sus piezas anteriores en una exagerada exaltación de formas desprovistas de profundidad se ve aquí sustituida por una contenida dirección, amante de la sencillez al mismo tiempo que atrevida. Nos encontramos ante un espléndido retrato histórico tan profundo como entretenido, que contra todo pronóstico y mediante un excelente uso de los diálogos, centra todo el interés en sus personajes, mucho más que en la espectacularidad, el dramatismo sensiblero o en las filigranas visuales. Da la sensación de que esta vez Spielberg no ha centrado todo su esfuerzo en la innovación, sino en sacar el mayor jugo posible a la interesantísima historia que desarrolla. Los personajes, el contexto social, los acontecimientos políticos y los históricos cambios legislativos no necesitan ningún estímulo formal para crear interés, y el director lo sabe. Pero ello no quiere decir que estemos hablando de un desarrollo narrativo simplista. Todo lo contrario.

Como ya se ha dicho y dirigiendo ahora la mirada hacia el aspecto más obvio, hay que decir que Lincoln logra una excelente reproducción del momento histórico en que se sitúa. Tanto si hablamos de aspectos visuales relacionados con la estética como si nos referimos al apartado social, es incuestionable que la pieza que nos ocupa logra convertirse en esta mágica ventana temporal que debe ser toda buena película de época. Y es que, más allá de los excelentes decorados o del fantástico trabajo realizado por el director de fotografía Janusz Kaminski, director y guionista exponen la ética y los ideales predominantes en la sociedad a la que se refieren sin ocultar el recelo con que esta veía la inminente abolición de la esclavitud. De hecho, en la película, el gran objetivo de Lincoln consiste en presentar la reforma legislativa como medida pragmática para poner fin a la Guerra de Secesión, motivo por el cual esta debe ser votada mientras los soldados aún combaten.

De este modo y aunque vemos muy poco sobre el trato esclavista y las injusticias raciales, queda totalmente plasmada la ética social de la época según la cual los negros eran decididamente inferiores, como en (relativa) menor medida también ocurría con la mujer. Y aquí es donde entran los entramados políticos del presidente Lincoln, que tienen como objetivo camuflar el verdadero carácter humanitario de la abolición para ser presentada como artimaña política con el único fin de acabar con la guerra. Estrategias políticas consistentes en pactos realizados al margen de la ley o malabarismos de palabrería al mas puro estilo del clásico discurso político demagogo son algunos de los métodos utilizados por el partido republicano que Spielberg nos muestra con detallismo, elegancia y sin reparo, todo ello mediante un excelente uso de los diálogos. Y es gracias a ello que podemos disfrutar de una magníficamente desarrollada trama política.

Por lo que respecta a los personajes, es cierto que se presenta a Lincoln como al héroe indiscutible de la política, pero también lo es que terminamos por conocer al sujeto desde un punto de vista absolutamente humano. A ello contribuye considerablemente la triste situación matrimonial en la que se encuentra el protagonista como resultado de la inesperada muerte de un hijo, algo que el presidente no ha sabido afrontar. Recordemos el momento en que este mismo grita a su mujer las duras palabras “debería haberte encerrado en un manicomio.” Es entonces cuando entendemos que Lincoln es una persona como cualquier otra, solo que de ideales firmes y con una decidida confianza hacia la justicia, nacida probablemente como antídoto hacia el profundo dolor derivado de la pérdida. Mención especial merecen también el elenco de personajes que acompañan al protagonista, todos fantásticamente caracterizados con la ayuda de una exquisita interpretación.

Así es como Spielberg no solo recupera su posición de gran director de cine perdida varios años atrás, sino que además presenta un estilo de película nunca visto en su filmografía hasta la fecha. Se trata de un trabajo profundo desprendido de todo tipo de maniqueísmos (como en cierto medo podía suceder con las políticamente correctas – aunque tampoco nada despreciables – La lista de Schindler o Salvar al soldado Ryan), que funciona tanto como documento histórico como reflexión social. Y lo más interesante es que el motivo de tal logro no es otro que la decisión de dejar la innovación tecnológica y los malabarismos narrativos a un lado para contar con toda modestia una historia interesante de por sí.

La belleza de lo sencillo

Imatge
El descubrimiento del sexo es para muchos un sencillo episodio en el camino del crecimiento (lo que, sin embargo, no le resta importancia). Para Mark O’Brian representó un viaje interno que lo conduciría a la propia aceptación. Su experiencia fue algo tan poético como reflexivo y por ello merece ser contada con humildad y respeto, y Ben Lewin ha sabido llevar a término la tarea con éxito. De hecho, la elegante sencillez con que se relata la perdida de virginidad de O’Brian en Las Sesiones permite que surja con naturalidad y fluidez toda la profundidad y trascendencia escondida en la historia de su breve pero intensa experiencia sexual.Lewin tiene muy claro de qué quiere hablar, y para hacerlo sin problemas deja a un lado (sin por ello olvidarlos) todos los tópicos inevitablemente asociables a la tetraplegia que no pertenezcan a su discurso (la dificultad para encajar en la sociedad, la aceptación de una vida inmóvil…). De este modo consigue alejar la discapacidad del tema principal del film, convirtiéndose esta en un medio para despojar de adornos el tema que realmente le interesa: la sexualidad del individuo. Diciéndolo de forma rápida, el que Mark O’Brian sea incapaz de moverse permite al director llevar el sexo a un terreno absolutamente virgen (nunca mejor dicho) para poder hablar de él partiendo de cero.

Así pues, gracias a la sencillez con que se desarrollan los acontecimientos y al mencionado despojo de aquello que no forma parte del tema central, la sexualidad adquiere el protagonismo deseado. De este modo entendemos que lo que se nos pretende mostrar es el sexo como aspecto tan delicado como importante, reflejo de gran parte de nuestros miedos y traumas personales. Por supuesto que O’Brian desea practicar el sexo, pero más allá del puro deseo carnal (evidentemente presente) lo que este busca en realidad es conocerse a si mismo, descubrir su personalidad y aceptar su humanidad. Así lo entendemos en las bellas escenas en las que él y cuidadora exploran mediante el tacto su cuerpo inmóvil, momento en que O’Brian descubre un abanico de sensaciones nuevas para él, es decir, un conjunto de emociones que no se sabia capaz de sentir.

Vale la pena mencionar también el tratamiento que la película da a la religión, que es presentada como un sencillo método de desahogo, una vía de escape si se quiere, o en definitiva, un tipo de vínculo entre persona y felicidad no necesariamente distinto a la amistad o el amor. Por ejemplo, el cura con que O’Brian habla con frecuencia le aconseja no desde la superioridad clerical sino como modesto acompañante del misterioso camino que es la vida, y ante todo, como amigo. No hay que olvidar, por ejemplo, los debates internos que suponen para el capellán aconsejar sobre el sexo a una persona que cabe la posibilidad de que nunca se case, y sobre todo cómo este termina por anteponer el sentido común a las discutibles reglas de la más conservadora iglesia para dar carta blanca a su amigo discapacitado.

No es esta una obra maestra, desde luego, pero si es una digna y remarcable película que nos hace salir de la sala con una sonrisa en la cara sin trucos ni sensiblería. No hay que entenderla como una reflexión sobre la discapacidad, sino como un planteamiento sobre la vida y el papel que nuestra sexualidad tiene en ella, estrechamente vinculada a nuestra paz y serenidad emocional.

Rushmore

Rushmore 1

Wes Anderson, el freak per excel·lència. Es caracteritza per presentar uns personatges extranyíssims, diàlegs plens de situacions incòmodes, un aspecte visual únic i una tria musical que no té res a envejar a Tarantino en el seus millors dies.

Rushmore és exactament això. Es centra en Max Fischer (Jason Schwartzman) un alumne acadèmicament pèssim de la prestigiosa Escola Rushmore. Treu males notes, però de seguida veiem que és extremadament llest. Fa trenta activitats extra-escolars diferents, dirigeix obres de teatre, és president del club de debat… És popular. Els directors de l’Acadèmia, Herman Blume (Bill Murray) i el Dr. Guggenheim (Brian Cox), li plantejen un ultimàtum: o aprova o el fan fora.

Aquest és el punt de partida. No és més que una excusa per passar-nos una hora i mitja veient les desventures d’aquest personatge, que es cimenten sobre el seu amor per una professora, Rosemary Cross, interpretada per Olivia Williams.

El desenvolupament de la història esta ple de joies. Wes Anderson domina perfectament els diàlegs d’una manera enginyosa: fa que els nens parlin com adults; els iguala intel·lectualment. El resultat d’això és molt bo, crea situacions extremadament marcianes. Funciona, tot s’ha de dir, gràcies a un càsting magistral. Bill Murray està on fire, i Jason Schwartzman porta la pel·lícula perfectament.

Visualment sembla un conte. Cada pla sembla pensat al detall, composat de manera que sembli una il·lustració: ajuntant personatges grans amb petits, fent servir molts objectes extranys i vestimentes d’un altre planeta. És realment complicat d’explicar; la foto anterior n’és un exemple: Wes Anderson no intenta ser realista, intenta ser radicalment diferent. Pot sobtar i acabar cansant, però a mi em va fascinar.

Señoría, nada más que añadir

Rouille-Poster-HR

Uno de los encantos del cine de Jacques Audiard es su capacidad para mostrar con absoluta objetividad los aspectos más feroces de la vida. El director asume tal distanciamiento ante los personajes que su punto de vista no parece ni siquiera pesimista. Viendo sus películas uno tiene la sensación de que Audiard sencillamente habla de la vida, sin necesidad de ocultar sus partes más desagradables. Y hasta en ellas parece encontrar (no diremos belleza) algo de dignidad e incluso elegancia (me refiero, por ejemplo, a las escenas de lucha libre de la pieza que nos ocupa). Y lo cierto es que, aun estando presente dicho aspecto en la mayor parte de su obra, sería del todo incorrecto afirmar que el director de Un Profeta da siempre el mismo mensaje (sí, a pesar de las -falsas- afirmaciones de algunos críticos que lo acusan de rodar continuamente la misma película).

Este rasgo es, en mí opinión, la firma inconfundible de un autor, con las consecuencias más positivas que ello pueda conllevar. Por ese motivo no entiendo la insistencia de sus seguidores en afirmar que lo peor de la película es su final. Sí, es cierto, la descripción de personajes es fantástica, el ritmo inicial del impecable, la profundidad implícita en las imágenes aparentemente sencillas resulta hipnótica… pero es precisamente gracias a ellas que llegamos a un lógico desenlace que resulta con toda naturalidad de los acontecimientos expuestos hasta entonces. Como he dicho, Audiard expone una situación y nos cuenta sus consecuencias, pero sabe mantener su condición de narrador antes que de juez, por lo que, a pesar de conmover, este final puede ser entendido como algo positivo tanto como negativo (tal vez no el final en sí, pero sí lo que conduce al personaje principal a poder reaccionar como lo hace ante el clímax final, es decir, el desenlace, que no desvelaremos aquí). Por eso reivindico que, contra lo que pueda parecer, el resultado no es ni mucho menos una película lacrimógena o sensiblera, y para verlo solo hay que leer entre líneas.

Recordemos, por ejemplo, el proceso de recuperación de Stéphanie tras sufrir el accidente (magnífica ocasión para reconciliarse con Marion Cotillard después de su desafortunada aparición en El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace). Conocedora tan solo de la belleza más superficial y acostumbrada a ser valorada igualmente por la superficie (domadora de orcas de día y juerguista políticamente incorrecta de noche), la dificultad que encuentra para imaginar una vida placentera tras pearder sus dos piernas no resulta para nada sorprendente (dificultad, por otra parte, más que comprensible en cualquiera de los casos). Es el descubrir la belleza en lo sencillo, la diversión en lo espontáneo y la profundidad en lo cotidiano (gracias a la aparición del simplista personaje Alain, magníficamente interpretado por Matthias Schoenaerts) lo que la conduce a reconstruir su vida pieza por pieza. Y, curiosamente, el punto culminante (que no desenlace) de este proceso es sin duda la salvaje pelea de lucha libre protagonizada por Alain que Stépahnie presencia: así es como comprende que debe existir una forma de encontrar felicidad en una vida sin piernas si Alain es capaz de encontrarla en una vida instalada en la violencia.

Hay una evolución en ambos personajes, pero ello no los convierte en personas perfectas. Y es que, como insinuamos con anterioridad, la resolución del clímax final está fuertemente vinculada con la violencia tan presente en la vida de Alain, de la misma forma que lo está la recuperación de Stéphanie. Recordemos que los dos personajes encuentran el camino hacia la maduración gracias a ella, y sin duda, tal desenlace forma parte de la mencionada firma del director, esta cualidad que le permite narrar y encontrar resoluciones efectivas sin para ello aleccionar a nadie. ¿Final trágico o feliz? Decida cada uno lo que quiera.

Sèries Imprescindibles

Més d’un cop, conscients de la meva afició per les sèries, la gent em pregunta: Pol, què he de veure?

Fa temps que tenia pensat fer una llista de sèries top, aquelles absolutament imprescindibles que crec que hauria de veure tothom. Aquí no valen preferències ni gèneres: les heu de veure. Són recomanacions absolutes, el que jo anomeno obres mestres.

Totes s’han acabat, o sigui que són fàcils d’aconseguir. No sóc partidari de recomanar sèries en emissió, perquè és probable que acabin malament, que 2 temporades siguin genials i 2 horribles, etc.

L’única excepció és Breaking Bad. Li queden 8 episodis i tinc tant confiança en Vince Gilligan que dubto molt que la sèrie no acabi mereixent un lloc a la llista.

De la majoria no n’he escrit res, espero fer-ho en breus.

AQUÍ teniu la llista. És una pàgina del blog, així que hi podeu accedir sempre, és a la part superior, a sota del logo.

The Sopranos, Primera Temporada

Què dir de The Sopranos? Que és una de les millors produccions audiovisuals de tots els temps. Vaig escriure això fa molt temps, entusiasmat després de veure la primera temporada. És un anàlisi/recopil·latori de l’argument i dels millors moments. Recomano que si no l’heu vist, la veieu i després llegiu això. LLEGIR NOMÉS SI HEU VIST LA PRIMERA TEMPORADA.

Aquesta primera temporada serveix d’introducció a la familia Soprano. Quan parlo de familia em refereixo a les dues: la mafia, i la seva dona i fills. La familia “de sang” la formen: Tony (capo d’una familia mafiosa de New Jersey), Carmella (dona d’en Tony). Tenen dos fills: Meadow (entrant a l’adolescència) i AJ (Anthony Junior, un nen més petit que la Meadow). També cal destacar a la Livia (mare d’en Tony i germana d’en Junior). Fixeu vos en els que estan en vermell: http://www.mobstory.com/archives/familytree.html

La part mafiosa és més difícil d’explicar, ja que hi ha molts personatges. La familia es diu DiMeo, degut al que la va fundar molts anys abans. Bàsicament, el Don és en Jackie Aprile, que està morint de càncer. Tot i malalt, segueix prenent les decisions. Per sota hi té en Junior Soprano, Tony Soprano, Jimmy Altieri, Larry Barese i Raymond Curto. En Tony i en Junior tenen 3 “mans dretes” cada un. Per la part d’en Tony: Salvatore “Big Pussy” Bompensiero, Paulie “Walnuts” Gualtieri i Silvio Dante. I per part d’en Junior: Mikey Palmice, Joseph Sasso i Phillip Parisi. D’altra banda, s’ha de destacar tres personatges: Jennifer Melfi, Christopher Moltisanti i Hesh Rabkin. La Jennifer Melfi és la psiquiatra d’en Tony. En Chris no és de la familia, és el típic novell que està intentant entrar-hi, i realitza les feiens més brutes i de poca importància que li mana en Tony. En Hesh fa negocis puntuals amb en Tony i hi té una forta relació d’amistat. Bàsicament és l’estereotip del jueu prestamista, però sota la visió de David Chase es converteix en un personatge força interessant.

Gradualment, començant amb en Tony, anirem coneixent, un a un, els membres de la familia. Tota la sèrie serà així, però l’èmfasi canviarà de familia a mafia, i en última instància, de psicologia a violència.

El primer capítol és una aproximació general a la vida d’en Tony Soprano. Veurem com es relaciona amb la seva familia, com persegueix a “deutors” per estomacar-los, que té una amant (i la Carmella ho sap, però no sembla importar-li), i que pateix atacs d’ansietat que l’obliguen a veure una psiquiatra. Se’ns presenten els ambients que seran habituals durant tota la sèrie: la mansió Soprano, la consulta de la Dra. Melfi, el club de strip-tease Bada-Bing i la “pork-store” Satriale’s.

Evidentment, aquests dos últims llocs són una tapadora pels negocis d’en Tony, i s’hi tractaran temàtiques purament mafioses. A casa d’en Tony s’hi tractaran temes familiars; però també podrem veure quina influència té la vida mafiosa en en Tony i la seva familia. La consulta de la Dra. Melfi servirà de perfecte nexe entre totes les accions i sensacions d’en Tony; i es plantejaran debats morals a l’espectador. A vegades estarem d’acord amb la moralitat de ferro de la Dra. Melfi, i d’altres amb les qüestionables idees d’en Tony. En més d’una ocasió, les sessions amb la psiquiatra serviran per aclarir certs punts foscos de la trama.

Durant aquestes sessions descobrirem que hi ha dues persones que pressionen exageradament en Tony: la seva mare Livia i el seu oncle, en Junior.

Al 2ºn capítol, 46 Long, en Tony decideix traslladar a la seva mare a un asil. Una decisió compromesa que marcarà el camí de la relació Livia-Tony. Al seguent capítol (Denial, Anger, Acceptance), es desenvoluparà un tema bastant freqüent en episodis posteriors: el racisme. Principalment centrat cap als jueus, negres, i bàsicament tots els “no-italo-americans”. Paradoxalment, cal recordar que en Hesh és jueu, i no obstant, gaudeix de bon nom entre en Tony i els seus amics.

A Meadowlands, mor de càncer en Jackie Aprile (recordem, Don de la familia de New Jersey). Des que en Jackie tenia càncer, en Tony havia manat més que en Junior, sempre des de l’ombra i procurant tenir content en Junior. En aquest capítol, preveient una possible batalla per ser el successor d’en Jackie, en Tony decideix que sigui en Junior el don de la familia. Evidentment, tot és una maniobra secreta d’en Tony per seguir manant a l’ombra, com abans, però ara de manera “oficial”. En Tony es reuneix amb en Johnny Sack, el don de la branca de la familia DiMeo que controla New York. En Johnny Sack autoritza en Tony per decidir coses a l’ombra d’en Junior. Amb això aconsegueix dues coses: que els del FBI no es fixin tant en els seus moviments; i treure’s pressió del damunt per evitar atacs de pànic i altres patiments.

College és un capítol de transició, una diminuta road-movie, en que es deixen de banda la trama principal Junior-Tony per centrar-nos en la relació d’en Tony amb la seva filla Meadow. Aquesta està a punt d’entrar a la universitat, està perdent la innocència i qüestiona al seu pare sobre les seves “feines”. Just en aquest capítol, a simple vista intrascendent, assistim a la primera mort a mans d’en Tony. És un dels primers dilemes que té l’espectador: ens agrada el personatge d’en Tony, però no hem d’oblidar que forma part del crim organitzat, i bàsicament es guanya la vida matant i extorsionant a altra gent, directa o indirectament.

Al sisè capítol, Pax Soprana, comprovem les conseqüències que en Junior sigui el nou don. Unilateralment, decideix apujar les comissions que cobra als seus subordinats i a la gent amb qui fa negocis; una d’elles: en Hesh (recordem, amic íntim d’en Tony). L’episodi, un estira i arronsa entre en Hesh en Junior, es resol amb la intervenció d’en Tony com a mediador; per evitar mals majors. Però un cop més es demostra que l’amo real de la família és en Tony, i en Junior és un simple ninot per parar els cops.

Down Neck és l’equivalent a College, però en aquest cas, centrat en l’AJ. La Livia descobreix que el seu fill visita una psiquiatra. En Tony ho manté en secret des del principi perquè és una mostra de debilitat envers els altres gàngsters. També menteix a la Carmella sobre que és UNA psiquiatra, i no UN com pensa ella. En cert moment la Carmella descobreix aquest detall, cosa que desencadenarà un rencor cap al Tony que només farà que créixer fins al final de la temporada.

L’episodi 8 (The Legend of Tenessee Moltisanti) és un dels més importants, “el principi del fi”. Recordem que la Livia i en Junior guarden força ressentiment a en Tony. Doncs bé, en aquest capítol, aquests dos personatges ajunten forces després que la Livia li digui a en Junior que en Tony veu una psiquiatra. En Junior, com a don, no pot admetre aquest fet de cap manera. D’altra banda, descobrirem més coses sobre en Christopher Moltisanti. En aquest capítol comença a escriure un guió, cosa que li portarà molts maldecaps i afectarà a la seva feina de “noi dels encàrrecs” d’en Tony. L’interès d’en Chris pels guions i el cinema en general, es desenvoluparà en altres temporades i culminarà en un dels millors capítols de la sèrie (pels que l’heu vista, una paraula: CLEAVER).

Boca és una mostra excel·lent de l’humor que impregna tota la sèrie. El nom ve de “Boca Ratón”, una ciutat de Palm Beach (Florida) on en Junior i la seva amant hi estiuejen des de fa molts anys. En una escena a Boca se’ns dóna a entendre que en Junior és un gran practicant de cunnilingus. És un detall important, perquè es veu que entre els italo-americans està mal vist que un home practiqui sexe oral a la dona. En Junior ho sap, i li diu a l’amant que no ho pot dir ningú. El primer que fa l’amant quan torna de Boca és dir-ho a la peluquera. El fet es va estenent fins que arriba a oïdes de Tony i cia. Quan més tard en Tony juga a golf amb en Junior, el reguitzell de bromes d’en Tony sobre el tema és tal, que les tensions amb en Junior toquen sostre. Hi començen a haver converses Junior-Mikey (la seva mà dreta) per eliminar en Tony.

A Hit is a Hit és un altre capítol de transició. Veiem com en Chris i la seva novia (Adriana LaCerva) intenten fer fortuna com a productors musicals. Un cop més es fa patent un cert racisme (aquest cop cap als negres) en la primera escena, quan en Chris intenta demanar una hamburguesa en un barri negre. També veurem com negocia en Hesh, que té problemes amb un rapero (Massive Genius). Un cop més, en Tony i els seus intervenen (sense violència) per resoldre salomònicament la situació. D’altra banda, en Tony intenta fer amics “no-mafiosos”. Però és clar, imagineu-vos conèixer un mafiós: l’únic tema de conversa serien les seves “feines” i preguntes sobre la vida de mafiós, oi? Doncs és exactament el que passa aquí. El resultat és que en Tony se’n farta, i no consegueix fer amics.

Nobody Knows Anything és un dels tres capítols que composen el tram final de la primera temporada. El que marca aquest tram final és que en Tony comença a sospitar que en Pussy (Salvatore Bompensiero, un dels seus homes de confiança) podria ser un confident de l’FBI. Envia en Paulie a investigar-lo. Els mètodes d’investigació d’en Paulie resulten ser massa obvis per en Pussy, que decideix marxar un temps. En Junior descobreix que en Tony s’ha reunit amb en Johnny Sack anteriorment, cosa que no pot permetre sota cap concepte. És anormal que algú que està per sota d’en Junior es reuneixi amb un altre don de New York (Johnny Sack), sense que el primer ho sàpiga. La situació arriba a un punt límit, i en Junior decideix que és hora d’eliminar en Tony; tot això amb el consentiment de la Livia.

Al penúltim episodi, Isabella, podem observar tot el potencial de la sèrie. D’una banda tenim un somni, en el que en Tony s’imagina coneixent una esvelta estudiant d’intercanvi italiana que viu al costat. No descobrim que és un somni fins al final del capítol. El tema dels somnis i les seves interpretacions a càrrec de la Dra. Melfi formaran part de l’ideari de la sèrie, i aniran a més a mida que avançin els capítols. D’altra banda, tenim una seqüència plena d’acció, suspens, i amb un gran homenatge a The Godfather. Em refereixo a la culminació de les maquinacions de la Livia i en Junior: un intent d’assassinat a en Tony. En Junior es cobreix les espatlles (per si quelcom anés malament) enviant a dos negres a fer la feina. A l’escena de l’assassinat, veiem com en Tony va a comprar un suc de taronja en una paradeta ambulant. Imagineu-vos la seqüència de l’intent d’assassinat de The Godfather. La teniu al cap? Doncs aquesta comença exactament igual (substituïnt la bossa de taronjes per una ampolla de suc de taronja), amb els mateixos plans. Es resol de manera ben diferent. Els negres fallen tots els trets, en Tony aconsegueix pujar al cotxe i desfer-se del dels dos mitjançant cops de puny. Els homenatges a grans pel·lícules sobre la mafia, com The Godfather, Goodfellas, A Bronx Tale, … Estan presents durant tota la sèrie, però centrades en The Godfather. En aquest món, aquests personatges han vist aquestes pel·lícules, formen part de la seva cultura. Tot al contrari, que altres sèries o pel·lícules en que se’ns vol fer creure que els personatges no han vist cap pel·ícula sobre el que fan a la vida o la seva feina, no consumeixen cultura i són éssers aïllats. A The Sopranos és tot el contrari, ens podem fixar en el personatge d’en Chris. És el típic “flipat” d’aquest tipus de pel·lícules, es creu que la mafia funciona realment així i intenta usar aquests coneixements cinèfils per resoldre situacions quotidianes. En repetides ocasions, la realitat serà ben diferent, molt més crua que en aquests films. I és que la sèrie no pretén ser un homenatge constant, sinó que molts cops fa servir aquests mini-homenatges per criticar aspectes poc creïbles; i perquè negar-ho, una mica risibles.

I Dream Of Jeannie Cusamano és el capítol que tanca la primera temporada, el número 13. En Tony investiga sobre el seu intent d’assassinat, i descobreix que són en Junior i la Livia els qui l’han planejat. Pertorbat, rabiós i incrèdul, en Tony s’intenta desfer d’en Junior, dels seus soldats, i de la seva mare. Només començar, la gent d’en Tony es desfà d’en Jimmy Altieri, que resulta ser el confident de l’FBI. Recordem que en Pussy encara no ha tornat. A la seva mare la va a veure a l’hospital, és a punt d’ofegar-la amb un coixí; però dóna la casualitat de que li agafa una embòlia. En Tony li diu que sap que ha sigut ella, i que no se’n sortirà així com així. És molta casualitat que li agafi una embòlia en aquest moment, i l’escena és incerta sobre si és una mentida de la Livia per lliurar-se d’una mort segura o si realment té problemes mèdics. Contrariat, en Tony planeja amb els seus l’eliminació d’en Junior i en Mikey, la seva mà dreta. El personatge i l’actor que fa de Mickey és genial, aconsegueix provocar una ràbia inexplicable i des del minut 1 tenim ganes de que desaparegui. La seqüència de la seva execució és de les més celebrades d’aquesta primera temporada. Veiem com en Mikey s’en va a fer footing, i en Paulie i en Chris el persegueixen pel bosc per acabar cosint-lo a trets. I just quant en Tony planeja acabar amb en Junior, la presència flotant de l’FBI emergeix per “salvar” en Junior, acsuant-lo de diversos crims (basant-se en la llei R.I.C.O.) i enviant-lo a la presó.

L’última escena d’aquesta primera temporada és marca de la casa: Tony i la seva família van en cotxe, i de cop es veuen immersos en una tempesta que fa impossible seguir conduint. Aconsegueixen arribar fins al Nuovo Vesuvio (el restaurant reformat de l’Artie), que està aparentment tancat. En Tony pica a la porta, i l’Artie li diu que està a punt de tancar, que s’ha quedat sense llum i no pot cuinar massa cosa. Un cop dins, veiem en Silvio sopant amb en Paulie, i en Christopher i l’Adriana en una altra taula; tot a la llum de les espelmes. Mentre esperen per sopar, un cop asseguts, en Tony fa un brindis amb la seva família, a la salut dels “petits bons moments” que han passat. Un recordatori de que passi el que passi, la vida segueix, aparentment normal a la superfície, però tot va per dins.