Introducción al Top 10 [ 2014 ] …

Grand Hotel Budapest

El cine del este último año, 2014, se ha caracterizado sobre todo por su particular rechazo a lo convencional. Por una parte, nos ha traído un buen número de productos cuya situación genérica es difícil de definir, al mismo tiempo que la mayor parte de los productos de calidad corresponden a un tipo de cine poco afín a las tendencias masivas. Pensemos en el caso americano. Películas como Grand Hotel Budapest, Frances Ha, Seguridad no Garantizada o Las Vidas de Grace han sido algunas de las que se han alzado como las grandes sorpresas del año; todas muy personales y ninguna de ellas afín a las reglas de género alguno. Siguiendo aún en el terreno independiente, tenemos todavía los casos de delicias como El amor es extraño, El sueño de Ellis, La entrega o la vencedora del Festival de Cinema Fantàstic de Sitges 2014, Orígenes. Nuevamente, películas con una personalidad muy particular, pertenecientes a un estilo muy alejado del sello “familiar”.

las vidas de grace

Otra característica del cine e este último año, siguiendo en terreno americano pero centrándonos ahora en un terreno más comercial, ha sido el frecuente desencanto que ha despertado hacia proyectos ansiadamente esperados para luego sorprender (sin apenas dar respiro) con películas relativamente poco esperadas. Pensemos en cuan rápido quedamos anonadados ante Philomena tras sufrir la decepción de Monuments Men, o lo rápidamente que La gran estafa Americana tapó la descafeinada Mandela: del mito al hombre. Recordemos también cómo al mismo tiempo que películas como Interstellar, Noe o Perdida (siendo estas últimas, a pesar de todo, un buen ejemplo de cine de calidad) recibían una aceptación algo más fría de lo que cabía esperar, títulos como Robocop, El origen del Planeta de los Símios o El hombre más buscado se alzaban como algunas de las revelaciones más imprevisibles de la temporada.

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En el terreno de los géneros, casi no hace falta decir que los superhéroes han logrado mantener su posición como protagonistas principales de la función. Este hecho se ha traducido en que el blokbuster de hoy ha dejado de ser el clásico estreno al que acude todo tipo de público para convertirse en un producto que busca el éxito en un sector muy determinado (es decir, el freak). En todo caso, gracias a este hecho hemos podido disfrutar de piezas tan frenéticas como Capitán América: El soldado del invierno, o tan agridulces como Spiderman 2: El poder del electro; y también de algunas tan perfectamente redondas como X-men: Días del futuro pasado. Tan prolífico se ha mostrado este género en el año presente que incluso se ha permitido hacer su propia incursión en el terreno animado, con la muy simpática (si bien no perfecta) Big Hero 6. Cabe decir también que además este año hemos sido sorprendidos por una inesperadamente acertada incursión en el terreno terrorífico, de la mano de la muy inquietante Líbranos del mal.

En el terreno autoral, ha habido espacio para la redención, la confirmación y también un pequeño hueco para el clásico autor que sigue en su linea. En el primer apartado encontramos los casos de Martin Scorsese con El lobo de Wall Street, y también, al menos desde mi punto de vista, a Tim Burton con Big Eyes. En el segundo apartado encontramos el caso de Alexander Payne con su espléndida Nebraska, y en el tercero al incansable Woody Allen con la muy entretenida Magia a la luz de la luna. Cabe reivindicar además el inesperado debut de Stuart Blumberg, guionista de películas como Los chicos están bien o Más que amigos, que nos ha obsequiado con la entrañable Amor sin control, esta vez en calidad de director.

el lobo de wall street

Ahí lo tenemos, pues. Un año en el que los mejores trabajos han sido reservados para un sector que casi podríamos calificar de elitista, las expectativas han sido correspondidas por estrenos poco esperados y el género predominante ha reescrito los valores del blockbuster. Pero no corramos tanto. Todo lo mencionado se refiere exclusivamente al cine norteamericano. Bien, pues. Antes de dictaminar sentencias, hagamos un pequeño recorrido por el resto de continentes, empezando por el obligado descenso hacia Sudamérica.

En este territorio caben destacar sobre todo cuatro títulos, uno de los cuales me reservo de mencionar para el Top 10 de 2014. Por lo que respecta a los otros tres, el primero nos llega de Venezuela y se alzó en 2013 como vencedor del Festival de Cine de San Sebastián. Estoy hablando de Pelo Malo, excelente reflexión sobre los lazos familiares dispuesta a desmentir el mito del amor materno incondicional. Por otra parte, los que acudieron a la cita del Festival de Cinema Fantàstic de Sitges 2014 pudieron disfrutar de El Ardor, elegante reivindicación de los códigos del western clásico producida y protagonizada por Gael García Bernal; de procedencia argentina. Por último tenemos Luna en Brasil, entrañable retrato de la historia de amor entre la poetisa Elisabeth Bishop y la arquitecta Lota de Marcedo Soares.

pelo malo

Como en todos los años, la cosecha europea ha sido abundante. Lo inesperado ha sido que España completara el ciclo habiendo dado a luz a tantos productos tan estimulantes, hasta el punto de que cada una de las cinco competidoras para los Goya 2015 constituye cuando menos un trabajo muy competente. Premios aparte, está el caso de Carmina y Amén, excelente continuación de Carmina o revienta en donde Paco León ha sorprendido por su capacidad de retratar a personajes tan complejos, así como también por su inesperado dominio del humor negro. Otra sorpresa ha sido 10.000 km, interesante reflexión sobre las relaciones de pareja que destaca por su sorprendente puesta en escena (hablamos, claro está, del tan comentado plano secuencia inicial y de la construcción de la historia mediante breves capturas de conversaciones vía web-cam).

Siguiendo en el terreno del autor independiente, cabe reivindicar esta suerte de renacimiento que ha vivido Jaime Rosales con la muy decente Hermosa Juventud, duro retrato del mundo de la adolescencia. Si bien es cierto que el director valenciano no ha logrado la brillantez de sus dos primeros trabajos (a saber, Las horas del día y La Soledad), sí ha conseguido el necesario saneamiento que su estilo estaba pidiendo a gritos, ahora más sincero y menos pretencioso. Dentro de un apartado ya más comercial, han destacado sobre todo dos películas, vencedoras en el hito de conseguir la mezcla adecuada entre entretenimiento y denuncia. Casi huelga decir que me refiero a El niño y La Isla mínima, trabajos (si bien no perfectos) que han sido capaces de ganarse el respeto de público y crítica, ofreciendo una interesante renovación en el terreno del thriller.

carmina y amén

También ha sido un buen año para los ingleses, quienes nos han sorprendido, por ejemplo, con las muy particulares revisiones genéricas que son Sólo los amantes sobreviven y Locke; la primera en el terreno vampírico y la segunda en el campo del thriller. Tenemos también la ya citada Philomena (una de aquellas producciones tan difíciles de catalogar a un único territorio), película que cuando menos ha valido el tan esperado resurgimiento del talentoso director Stephen Frears. Mención aparte merece la espléndida Mr. Turner, exquisita película de época (hermosa fotografía, hipnótico tempo pausado y brillantes interpretaciones) que retrata los últimos años de vida del pintor y que supone la consagración del excelente (a día de hoy ya podemos decirlo) autor inglés Mike Leigh.

mr turner

No tan abundante ha sido al producción de los vecinos irlandeses, si bien sí nos han traído al menos dos títulos considerablemente entretenidos, cada uno defendiendo su propio género. Empezando por el primero, es curioso que las dos producciones más significativas que nos han llegado en los últimos años dentro del género vampírico procedan de territorios tan cercanos, siendo la primera la ya citada Sólo los amantes sobreviven (inglesa) y la segunda la irlandesa Byzantium. Esta última constituye la segunda incursión de Neil Jordan en el género, de la que ha resultado una pieza que se sirve de la clásica fórmula de combinar historia de amor con relato terrorífico. Tenemos también el caso de la comedia romántica Amor en su punto, una película ligera y sin pretensiones que logra sin problemas su propósito: divertirnos durante su escasa hora y media de duración.

Otra sorpresa del año 2014 ha sido el reducido número de títulos significativos que nos ha ofrecido el cine francés. Lejos de las rompedoras propuestas que poblaron la cartelera francesa durante los últimos dos años (La vida de Addelle, El nombre, De óxido y hueso, En la habitación, Holly Motors) este año hemos tenido que conformarnos con un par de títulos importantes y constantes intentos de hacernos reír con resultados más bien mediocres. Entre lo más significativo tenemos La sal de la tierra, interesante documental sobre el fotógrafo Sebastiâo Delgado a cargo del director alemán Wim Wenders, y Joven y bonita, curioso acercamiento al mundo de la prostitución de la mano de François Ozon. Un descubrimiento interesante ha sido el de Cédric Jiménez con su segunda película, La French, dinámico adentramiento al mundo del narcotráfico.

Alemania e Italia también han tenido algo que decir, la primera de ellas con dos interesantísimos ejercicios autorales, siendo Oh boy! probablemente el más llamativo. Se trata de un excelente retrato de la sociedad alemana contemporánea que tiene como eje argumental las bajas expectativas que predominan en el sector juvenil. El otro lleva por título Dos vidas, cuenta con la participación de la veterana Liv Ulman y nos obliga a recordar, empleando el género del thriller para ello, cuan necesaria es todavía hoy la memoria histórica. Respecto a Italia, el país que recientemente nos sorprendió con la maravillosa La gran belleza sigue dinamitando convenciones, esta vez con la muy divertida (y ágil) sátira política Viva la libertá; protagonizada nuevamente por el grandísimo actor (ya podemos decirlo) que es Toni Servillo.

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Lamentablemente, las películas ajenas a la producción europea y norteamericana todavía escasean en nuestra cartelera. Por eso es tan necesario reivindicar la grandiosidad de obras como Winter Sleep, película turca que se levantó como ganadora en el pasado Festival de Cannes y que merece ser recordada como una de las mejores películas del año; o Fish and Cat, excelente slasher iraní que roza la obra maestra, rodado en un único plano secuencia (y con ello me refiero a un AUTÉNTICO plano secuencia) del que solo pudimos disfrutar algunos de los que asistimos al Festival de Cinema Fantàstic de Sitges 2014. Cabe destacar, además, dos entretenidas producciones surcoreanas, a saber, New World y Snowpiercer, perfectos ejemplos de aquellas pequeñas joyas que alegran nuestro paladar cinéfilo cuando la cartelera parece vacía.

winter sleep

Por último, remarcar una serie de películas que se han encargado de dar clausura al año 2014, este pequeño colectivo de “sorpresas de última hora” mayoritariamente llegadas a España el 2015 pero estrenadas en sus respectivos países durante el año anterior. Son los casos de las americanas Whiplash, Birdman y Corazones de acero, tres películas redondas y competentes que pronostican un buen comienzo de año. Caso semejante es el de Leviathán, deliciosa producción rusa tan interesada en retratar personajes complejos cómo en denunciar una situación política altamente alarmante. Por último tenemos a la española Los Fenómenos, último coletazo de este colectivo de películas españolas de alta calidad que por fortuna ha predominado en la cartelera cinéfila española de este prolífico (y muy particular) año que ha sido 2014.

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El lobo de Wall Street: Scorsese en el Siglo XXI [ I ]

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El hecho de que el El lobo de Wall Street se haya estrenada al mismo tiempo que La gran estafa americana nos da el punto de partida perfecto para observar cómo se percibe hoy en día el cine de Martin Scorsese. Hablamos de un estilo que ha tenido una peculiar evolución, tanto por lo que respecta a sus rasgos distintivos como en su recepción por parte de la audiencia. Los primeros trabajos del director de Gangs of New York tuvieron más bien poco éxito en términos taquilleros, si bien la crítica se mostró interesada en ellos desde el principio. Joyas como Taxi Driver, Toro Salvaje, El rey de la comedia e incluso Uno de los nuestros no lograron ni de lejos el éxito de sus contemporáneas Tiburón, El Padrino, Star Wars, Indiana Jones o La lista de Schindler. Una maldición que el director arrastró consigo hasta el año 2006, momento en que Infiltrados se convierte en su primer gran éxito comercial, premiado con la estatuilla dorada. Un éxito que, en cierto modo, reencaminó la carrera de Martin Scorsese permitiéndole hacerse un hueco dentro del terreno comercial, facilitando al mismo tiempo que, años después, una película tan scorsesiana como El lobo de Wall Street haya supuesto uno de sus mayores éxitos.

Pero la cálida acogida que hoy en día vive el trabajo que nos ocupa no se explica únicamente por el camino abierto mediante la oscarizada Infiltrados. El hecho se da, sobre todo, gracias el importante recorrido cinematográfico que ha experimentado el estilo del cineasta. Vayamos un poco hacia atrás. En los años setenta, el tipo de narrativa que el director italoamericano expuso sorprendió por su violencia explícita y por su capacidad para aunar un lenguaje cinematográfico muy explícito con una exposición cruda y realista de los acontecimientos. Se trataba de un tipo de narrativa nunca visto en hollywood, tomado prestado de recientes corrientes cinematográficas como la Novelle Vage o el Neorrealismo Italiano. Como era de prever, el público no estaba preparado para un impacto visual tan directo, motivo por el cuál los trabajos del director fueron archivados rápidamente en el apartado de “cine minoritario”. Pero a lo largo de los treinta años que transcurren entre las primeras manifestaciones del artista y su más reciente éxito se dan un seguido de sucesos que situarán el estilo “scorsesiano” en la cumbre de un tipo de cine que hoy en día toda la audiencia reconoce. Veamos cuales son.

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Existen dos importantes cineastas dentro del terreno “subcomercial” que fundan los cimientos de su despegue cinematográfico en inconfundibles influencias scorsesianas. Ellos son Quentin Tarantino y Paul Thomas Anderson. En las primeras películas de ambos se observan reconocibles influencias de dicho autor en lo que a narrativa se refiere, desde el uso que hacen de la violencia explícita hasta el tipo de montaje que encontramos en sus películas; como también en sus llamativos planos secuencia. Lo que encontramos en sus primeros trabajos es una especie de adaptación del sello scorsese orientado al gran público; algo semejante a una reinvención de dicha narrativa pasada por el filtro comercial. Todo ello deriva en la explosión de una pequeña moda centrada en la agilidad narrativa, dentro de la cual encontramos los primeros pasos de directores como Guy Ritchie (Snatch, Cerdos y diamantes), Fernando Meirelles (Ciudad de Diós) e incluso Andrew Niccol (El señor de la guerra). Así es como un estilo de narrativa en un primer momento reservado para un público selecto se convierte en el pan de cada día del terreno convencional. No hace falta decir que La gran estafa americana es una heredera indiscutible de esta “moda scorsesiana”.

Todo lo mencionado nos conduce hasta el año presente, en donde encontramos los estrenos simultáneos de El lobo de Wall Street y La gran estafa americana. Y lo primero que hay que decir es que, a pesar de todo el camino recorrido, el sello de Scorsese se mantiene totalmente intacto. En su última producción, el director italoameticano demuestra conservar su capacidad para sorprender, su capacidad para seguir innovando a pesar de la importante influencia que su estilo ha tenido en el cine. Nos encontramos ante un contexto cinematográfico plagado de referentes del sello Martin Scorsese en el que este último se levanta como el rey de la función, como el amo indiscutible de un estilo que a día de hoy él sigue dominando mejor que nadie. Pues su película es tan fresca como sus primeros trabajos, tan sorprendente como lo fuera hace ya más de veinte años Uno de los nuestros. El sello de Martin Scorsese ha sido adaptado a todo tipo de géneros, llegando a convertirse en un formato independiente al contenido; pero a pesar de todo el director sigue recordando su razón de ser originaria, y lejos de caer en convencionalismos, lo emplea como herramienta necesaria al servicio de la historia que desea contar.

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De ahí que, a pesar del indudable buen acabado que conforma La gran estafa Americana, El lobo de Wall Street se encuentre a años luz de la misma; honrando así la incansable paciencia con que Martin Scorsese ha ido labrando su estilo, logrando finalmente instalarse como dominante indiscutible del cine contemporáneo. Hablamos de un estilo que se ha ido impregnando de forma imperceptible en nuestro día a día, convirtiéndose poco a poco en el sello convencional del cine contemporáneo. En pocas palabras, Martin Scorsese ha logrado que el público de hoy en día esté preparado para apreciar su grandeza como no lo estuvo hace veinte años. La la mano temblorosa con la que filmó sus trabajos más recientes (recordemos las algo fallidas Gangs of New York, El aviador o Inflitrados) ha perdido ahora toda su timidez para explotar sin pudor en una de las grandes manifestaciones del talentoso Martin Scorsese. Con todo, es un auténtico placer reencontrarse con el auténtico Scorsese en una película de sorprendente frescura y de admirable solidez. La pieza cumbre de un director que ha sabido reinventarse manteniendo intacta su característica personalidad.