Nuevo Cine del Siglo XXI [ 6.2 ]

Imatge

4 .- No es país para viejos – 2007

En el año 2007 se da un importante acontecimiento que va incluso más allá de la recuperación de los personajes y el despoje del carácter prefabricado. Para poner orden a los hechos, empecemos por un rápido análisis sobre las siete producciones galardonadas por el Oscar a la mejor película antes del al estreno de No es país para viejos – es decir, desde el año 2000 hasta el 2007 -.

Gladiator: El sueño americano en la época romana.
Una mente maravillosa: El sueño americano en el terreno psicológico.
Chicago: El sueño americano en formato musical y con corrupción de por medio.
El señor de los anillos – El retorno del rey: La aventura de Frodo Bolsón despierta un innegable halo a sueño americano.
Million Dolar Baby: El sueño americano con final agridulce.

He aquí el Quinteto del Sueño Americano. Lo que sigue son dos producciones que, si bien no comparten la particularidad principal de los títulos anteriores, sí están dotados de un envoltorio más que adecuado para participar en lospremios de la academia. Hablamos de Crash (Colisión), una supuesta crítica social dotada de una moraleja final semejante a “en el fondo todos somos buenos” e Infiltrados, manido thriller policíaco en donde la verdad termina inevitablemente saliendo a la luz. En cualquier caso, seria injusto no admitir que estos dos últimos títulos representaron algo así como el inicio del despertar del sueño americano, pero lo cierto es que el corte definitivo todavía estaba por llegar.

Imatge

La sorpresa se da en el año 2008 cuando una producción de atmósfera oscura y final catastrofista es galardonada por la academia como Mejor Película. Y lo más significativo es que esta película no solo borra del mapa una atmósfera moralista que impregnaba el aire de los Oscar desde hacia siete años, sino que además recibe la estatuilla dorada sin necesidad de modificar ni un centímetro de su apariencia original, algo que no sucedía desde hacia aproximadamente dos décadas. Y es que esta vez no se trata de una historia de amor con final triste, como El Paciente inglés, ni del sacrificio de un personaje heroico que conduce a su pueblo a la libertad, como Braveheart. De hecho, el trabajo de los hermanos Coen ni siquiera recuerda al crecimiento personal de un sujeto que halla la muerte tras llenar su vacío existencial, como en American Beauty.

No es país para viejos es, sencillamente, una historia de carácter pesimista de inicio a fin en donde no impera ningún valor moral ni los personajes experimentan evolución alguna. Sobra decir, entonces, que se trata de una película que (a diferencia de las galardonadas en años anteriores) presenta un formato absolutamente despojado de todo indicio “newhollywodiense”. En resumen, es con esta película que, tras reconquistar el terreno de la acción con Casino Royale y rodear la metrópolis con los títulos Buenas noches y buena suerteBrokeback Mountain Expiación, el proceso de actualización cinematográfica empezado en el año 2005 logra penetrar el corazón del sistema.

La intervención en el panorama cinematográfico de una película de carácter tan claramente depresivo (por decirlo de algún modo) dio como resultado la posibilidad de entrar en la industria a importantes trabajos como Winter’s BoneEl topo o La carreteraeste último basada en la novela homónima de Cormac McCarthey, autor responsable de la pieza adaptada por los hermanos Coen.

 

Anuncios

Nuevo cine del siglo XXI (1)

Los héroes acuden al rescate

Tras semanas y semanas de referirnos a él, probablemente haya llegado el momento de asentar de una vez por todas las características principales del Nuevo Cine del Siglo XXI .  Hemos hablado de reinvención, del cuestionamiento de las normas y de la desaparición y el recién resurgimiento del producto de calidad para todos los públicos. Sin duda todos estos rasgos pertenecen a esta nueva corriente cinematográfica, pero para comprender exactamente a qué nos referimos debemos remontarnos a los antecedentes del movimiento.

La reinvención narrativa cinematográfica que está teniendo lugar en nuestros días empieza durante la segunda etapa del boom del cine de super-heroes hollywoodiense (que a día de hoy todavía continúa). Esta abarca, aproximadamente, desde mitades de la primera década del nuevo milenio hasta la actualidad.  Para resumirlo, digamos que hablamos del momento en que los jóvenes efectos especiales generados por ordenador empezaron a perder su originalidad y las piruetas gratuitas de los personajes con super-poderes (entiéndanse, por ejemplo, las primeras Spiderman, el primer Hulck, CatWoman, los primeros X-men o Daredevil) piden a gritos algún tipo de contenido que las justifique.

https://i0.wp.com/collider.com/wp-content/uploads/kick-ass_movie_poster_propaganda_01.jpg

El cambio esperado empieza con la llegada de películas como Watchmen y El caballero oscuro y termina por reformar de pies a cabeza las claves de la película del super-heroe convencional, empezando por la incorporación en el cine de Iron Man y acabando con la reciente Los Vengadores [ Para más información, les invito a consultar la reflexión Herois i hereus: http://cinemaspotting.net/2012/01/21/herois-i-hereus-recopil%c2%b7latori/ ]Esta reforma cinematográfica supuso la maduración del super-heroe, la desaparición de la inocencia de la película del super-bueno y el super-malo para dar la bienvenida a cintas de moralidad más ambigua y que generalmente justificarían su condición naif con la auto-parodia (tómense como ejemplo Iron Man, Capitan America, X-man: First Class o la ya mencionada Los vengadores).

Y aquí es donde empieza la reinvención estilística que provocaría la aparición del Nuevo Cine del Siglo XXI, pues esta maduración supone el nacimiento de lo que llamaremos el “cuestionamiento de un género u estilo narrativo”, usado a modo de licencia para lograr una película de este mismo género. Por ejemplo, Kick-Ass es un film que ridiculiza las características principales del cine de super-heroes con el único fin de presentar lo que en el fondo no es más que otra película de super-heroes. Estos son los primeros indicios del cambio. Pero ¿exactamente de qué cambio hablamos?

https://cinemaspotting.files.wordpress.com/2013/02/caballero.jpg?w=300

Remitiéndome de nuevo a la historia del cine, los años sesenta fueron para hollywood una época de caos e incertidumbre. En aquel entonces resultaba difícil prever si una producción cosecharía éxito o fracaso, ya que el agotamiento genérico exigía una reforma estilística pero no existía ninguna indicación sobre hacia donde apuntaban las preferencias del nuevo espectador. Pues bien, a lo largo de la primera década del 2000 ocurre algo parecido, y el cambio del que hablamos consiste en la desaparición de este desorden estilístico mediante la aparición de un nuevo estilo de cine comercial. Pero antes que nada y a modo de punto de partida, analicemos las características básicas de los éxitos comerciales cinematográficos que dieron la bienvenida al nuevo milenio.

1.- Fin de una era, caos que antecede al nuevo orden

Los inicios de la primera década del 2000 arrastraron consigo una clara tendencia hacia la simplificación argumental en favor del ensalzamiento de las formas, algo propio de los años 90. Esta tendencia se explica por el hecho de que, de igual modo que los años cincuenta supusieran el fin de la Primera Edad de Oro de Hollywood, la última década del siglo XX representó la traca final del ciclo de New Hollywood iniciado en los años setenta.

https://i0.wp.com/www.juice.ph/cms_images/27815/39943843.jpg

Así, los 90 nos trajeron los últimos fluidos de una naranja exprimida al máximo dando forma a títulos como Bailando con lobos, La lista de Schindler, Forrest Gump, Cadena perpetua, Titanic o Shackespeare in Love, películas que, como vemos, en ocasiones son de notable calidad pero siempre muestran una clara tendencia reduccionista.

Curiosamente, nada más empezar el nuevo milenio tuvo lugar un hecho que eclipsaría momentáneamente este agotamiento estilístico. Se trata de la explosión del cine de efectos especiales generados por ordenador. Películas como Matrix o la segunda trilogía de Star Wars abrían nuevas puertas a la narrativa moderna, ofreciendo un territorio ficticio https://i0.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/ca/7/7a/Matrix.jpgilimitado cuyas posibilidades parecían infinitas. Todo ello creó un anonadamiento óptico que ocultaba el insustancial contenido de la mayoría de los estrenos que tuvieron lugar.

Este hecho y la mencionada tendencia reduccionista que los inicios de la década arrastraba condujeron al cine hacia una simplificación argumental que hoy podemos clasificar en tres categorías: las películas de aventuras comerciales en estado puro, las películas que buscaban la exaltación formal, y el cine sobre personajes cuyo objetivo era realizar una dura proeza casi siempre relacionada con la superación personal.

1.1 Aventura gráfica, explotación de formas y heroe callejero

Entonces, la entrada al nuevo milenio nos trajo la conclusión de las sagas Matrix y la segunda trilogía de Star Wars, películas clave en la demostración de las posibilidades que ofrecía la tecnología digital. Pero existen otros títulos que condicionarían el campo comercial en lo que a aventuras se refiere de forma si cabe aun más notable.

Estamos hablando, en primer lugar, de las exitosas El señor de los anillos y Harry Potter; y en menor medida pero también de un éxito nada despreciable, Piratas del Caribe, Spiderman o X-men. Estos títulos deribaron en un bombardeo de películas de aventuras saturadas de efectos especiales con argumento y personajes de escasa profundidad, como Las crónicas de Ridick, Los 4 fantásticos, Eragon o Las crónicas de Narnia. En definitiva, hablamos de un cine cuyo único objetivo era explotar al máximo las posibilidades formales que ofrecia el nuevo juguete llamado infografía.

Cartatula pelicula gladiator

En otro terreno encontramos un conjunto de películas que exploraban las posibilidades de los gráficos por ordenador en beneficio del argumento u reflexión que proponían, como son los casos de Amelie, Big Fish, Charlie y la fabrica de chocolate, Descubriendo Nunca jamás y los casos más evidentes de Mouling Rouge y Chicago. Películas en las que los efectos especiales generados por ordenador no eran el propio objetivo, sinó que estos estaban al servicio de un discurso.

Por último tenemos el espacio cinematográfico reservado a los títulos comerciales que probablemente mejor aguantarán el paso del tiempo. Se trata del apartado de géneros que centra su atención en el protagonista del cine americano por excelencia, aquel que debe valerse de sí mismo para lograr su objetivo, ya sea este vencer a sú adversario, alcanzar un logro personal o sobrevivir ante duras y crueles condiciones. Dentro de esta categoria encontramos las aclamadas Gladiator, Náufrago, Una mente marabillosa, El Pianista, El último Samurai, Master and comander o Million Dolar Baby.

Una vez hecho el resumen, digamos que así fue más o menos el cine comercial de los cinco primeros años del nuevo milenio (y parte de los que siguieron): producciones de temática más tópica que profunda orientadas a exaltar el aspecto formal de modo  simplista y tirando a convencional. Pués este es el aspecto que hoy en día el Nuevo Cine del Siglo XXI se está encargando de cambiar.

Gran poder, poca responsabilidad

Imatge
Hay algo realmente curioso en el último trabajo del director que tiempo atrás nos trajera las deliciosas Criaturas Celestiales y Agárrame a Esos Fantasmas. No es su innovación tecnológica, ni tampoco la reinvención de un género. Todo lo contrario. Se trata de descubrir cómo el responsable de la que muchos consideraron largo tiempo la última superproducción de calidad (desde mi punto de vista algo falso a partir de la aparición de Avatar, Los Vengadores o La Vida de Pi) es ahora la principal víctima del peligroso juguete que en parte convirtió a su trilogía en la joya que hoy es considerada, a saber, la animación por ordenador.Llegar a todos los públicos sin perder la dignidad no es una tarea fácil. En la trilogía ESDLA y especialmente en la primera pieza (La Comunidad del Anillo, en mí opinión la mejor de las tres) Peter Jackson contaba con una historia de inmensas dimensiones que permitía simplificar numerosas situaciones (generalmente convirtiendo diálogo en acción) sin desvirtuar la esencia de la obra original. Aquello dinamizaba el argumento y entretenía al público no entendido. Tanto había para contar que el director pudo decidir sin problemas en qué momentos adaptar con fidelidad y en qué otros retocar a modo de anzuelo comercial. Desafortunadamente, esta es una de las (muchas) fórmulas que Jackson ha querido repetir en su nuevo trabajo.

No solo el reducido número de páginas distingue a la pequeña novela El Hobbit de la épica saga El Señor de los Anillos. A diferencia de la famosa trilogía, la primera entrega de la serie novelesca ambientada en la Tierra Media no es más que un modesto relato de aventuras dirigido a la juventud (sin que nada de ello la desmerezca). Los personajes son menos complejos, el argumento es más sencillo y las peripecias son más abundantes. Lamentablemente, ello convierte el modus operandi de Jackson que tan buen resultado dio con su anterior adaptación en una operación de simplificar lo simple.

Las situaciones que salvaban El Hobbit de convertirse en una novela de aventuras del montón (obviando la aparición del hobbit por primera vez en la literatura, algo que Jackson tuvo la oportunidad de explotar en su trabajo anterior) en la película están reducidas a la simple acción gratuita: los ágiles diálogos entre Bilbo y los Trolls, el encuentro entre enanos y trasgos, la elegante pelea entre gigantes… Acción y más acción, todo es reducido al mínimo exponente. Por si fuera poco, temeroso de no llenar las salas saltando al vacío, el director de Mal Gusto introduce innecesarias apariciones de personajes pertenecientes a la trilogía de forma casi ofensiva; apariciones, evidentemente, inexistentes en la novela. Y no hace falta decir que ninguna de ellas aporta nada al relato.

Volviendo a la insistencia en repetir fórmulas, súmese a lo mencionado la decisión de convertir una pequeña novela de aventuras en una gigantesca trilogía. Para ello, evidentemente, hará falta relleno, y como resultado, ya no es que Jackosn simplifique situaciones mediante la sustitución del diálogo por la acción. Es que ensancha pequeñas situaciones de forma innecesaria y bombardea todo el film de efectos especiales a modo de apisonadora. Así, El Hobbit va hinchándose de aire y más aire como si de un globo se tratara. No parece coincidir, el experimentado director, con la manida frase popular “lo bueno si breve dos veces bueno”.

A pesar de todo, la película se recupera notablemente cuando llega la aparición de Gollum. Esta vez sí, Jackson reproduce con fidelidad y sin grandilocuencia la fantástica escena de los acertijos, momento en que la aventura parece incluso re-encaminarse, como si los guionistas hubiesen querido llegar (sin terminar de saber como) a un punto concreto para empezar a relatar entonces la verdadera historia. Teniendo en cuenta las dos horas que lo preceden, tal vez podrían habérselo replanteado.

Como ya dijimos, llegar a todos los públicos sin perder la dignidad es una tarea difícil. Pero aún lo es más cuando abundantes escenas espectaculares amenazan con enterrar personalidad y credibilidad de un trabajo. Por ello y teniendo en cuenta la cantidad de dinero que se dedica a las mismas (y también pensando en el extenso número de espectadores que se espera arrastrar al cine con ellas) podríamos incluso afirmar que la aceptación de llevar a cabo una superproducción de calidad comporta cierta responsabilidad moral. Y ello, al menos desde mí punto de vista, debería obligar a un director a abordar con modestia y cuidadoso trabajo su propuesta, como lo hizo, por ejemplo, Ang Lee en La Vida de Pi.

En su momento Peter Jackson supo utilizar los efectos especiales generados por ordenador para redondear una buena obra como nadie lo había hecho hasta entonces, demostrando así que el uso del impacto visual es un recurso válido si se usa debidamente. Pero su última pieza se encuentra claramente lejos de esta posición y su capacidad para aunar comercialidad y buen cine parece encontrarse en la cuerda floja. Por ello un servidor le ruega reconsidere la forma de abordar las dos entregas restantes o, en su lugar, se replantee realizarlas.