Las flores de la guerra

Las flores de la guerra es básicamente una historia tan tópica como ingenua narrada de forma puramente académica; a mi entender, conceptos no necesariamente peyorativos siempre y cuando vayan por separado. Pensemos, por ejemplo, en las sutiles formas que acompañaban los espeluznantes acontecimientos de La linterna roja, y a modo de contraste, recordemos las deslumbrantes coreografías secundadas por una original planificación de la intrascendente historia que es La casa de las dagas voladoras. Lo dicho pues: el interés hacia un relato sorprendente puede socorrer una realización de formas académicas, del mismo modo que la vaciedad de una historia puede encontrar refugio en una realización de formas destacables. El problema se da cuando el relato tópico y el formato convencional van cogidos de la mano, como sucediera con las altamente rentables Lo imposibleBurried (Enterrado) o El orfanato. Pues así es la película que nos ocupa.

Ello no quiere decir que el último trabajo de Zhang Yimou no tenga nada destacable. En el arranque, por no ir más lejos, el aclamado director nos brinda una deliciosa demostración de control narrativo, a nivel tanto visual como temporal. En realidad casi todo el film está plagado de deslumbrantes exhibiciones visuales, pero lo que podía funcionar como introducción al poco rato produce aborrecimiento por no desprenderse de la condición de mera filigrana estética. ¿Pero cuál es el problema, se preguntarán algunos, si las mayores joyas del director – como Heroe o El camino a casa – destacan por ser filigranas visuales prácticamente vacías de contenido? Pues el problema está en que esta vez Zhang Yimou ha pretendido hacer convivir la estética con el acercamiento a los personajes, algo que concluye en la exhibición de lo que parecen maniquíes deshumanizados cuya personalidad se reduce a las necesidades del argumento.

Tenemos, pues, una historia tópica narrada de forma convencional por un director que de repente siente interés por sus personajes. Como puede preverse, el resultado no es nada bueno. De repente nos encontramos ante la evolución poco creíble de un personaje por el que no sentimos ninguna simpatía, lo que contrasta negativamente con su contexto, que pretende aparentar realismo en el sentido más crudo de la palabra. Y este contraste crea una extraña dicotomía entre personajes y contexto que, así como en títulos como Lo que el viento se llevó o Titanic  podía dar buenos resultados, en este no encuentra harmonía en ningún momento. Y es  que tal vez Zhang Yimou haya realizado su juego de manos demasiado cerca del público para poder ocultar los hilos.

Con todo, Las flores de la guerra aún contiene puntuales destellos de cine en estado puro, en el mejor sentido de la expresión. Algunos ejemplos son el intento de fuga por parte de dos prostitutas, resuelta mediante un elegante (y aparente) plano secuencia, así como el creíble y bien planteado acto heroico realizado por un soldado chino superviviente a la masacre, o la violenta ocupación de la iglesia por parte de los japoneses. Lástima que dichos destellos de belleza tarden tan poco tiempo en ceder su protagonismo a los poco interesantes personajes que participan en esta historia, pues desafortunadamente, estos acaban cargando con todo el peso del relato sin fuerza suficiente para soportarlo. 

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El riesgo de describir lo incierto

Imatge

Zero Dark Thirty es una obra hecha sin maniqueísmos ni escenas vergonzosas, totalmente desmitificadora y que por momentos roza la excelencia. No obstante, en mi opinión se trata de una película fallida, y los más llamativo es que discernir lo mejor de ella de lo que casi la  convierte en una ópera menor me resulta harto difícil. Veamos si con una prudente disección de sus características desentrañamos el misterio.

Objetividad y realismo

Salta a la vista que el objetivo principal de Bigelow es relatar sin adornos los hechos que conducieron a la CIA hasta la (supuesta) captura de Bin Laden hace apenas año y medio. Sí, lo sé: en ciertas ocasiones se ha acusado a la directora de posicionarse con el bando americano, y a ello respondo que, más allá de mi discrepancia sobre tales afirmaciones, en primer lugar Zero Dark Thirty muestra sin timidez los brutales métodos empleados por parte de la CIA para conseguir la información deseada (es decir, las torturas), y en segundo, la (fantástica) secuencia final no puede verse de otro modo que como un valiente cuestionamiento sobre la legitimidad de la operación mediante la cual se detuvo al terrorista, secuencia que, cuando menos, deja claro que dicha operación se cobró la vida de más de un inocente. De modo que, sea cual sea la posición de Bigelow, es indudable que nos ofrece la libertad de juzgar los hechos desde todas sus caras.

Con relatar la operación sin adornos no me refiero únicamente al crudo realismo con que se reproduce todo el proceso (algo bastante admirable), sino que también me refiero a cómo el film muestra sin miedo la incertidumbre y absoluta falta de conocimiento que acompañó la operación de búsqueda y captura del famoso talibán, algo aún presente tras su ejecución e incluso a día de hoy. De hecho, lo más escalofriante de esta pieza es que nos muestra cómo los responsables del golpe irrumpieron por la fuerza en una propiedad privada sin la seguridad de estar acorralando a un criminal y no a una desconcertada familia que nada tenia que ver con su cometido. Incluso una vez finalizado el golpe se nos permite poner en duda si la persona abatida es realmente la buscada, y lo más importante, se nos plantea una interesante pregunta: el hecho de que lo fuera, ¿realmente cambiaría algo?

Hasta aquí todo va bien. Realismo, fidelidad a los hechos, un tratamiento serio y maduro de los acontecimientos, ausencia de heroicidades… ¿Qué es lo que falla, entonces?

Imatge

Desinformación: retrato de la incertidumbre

Para definir con precisión la última pieza de Bigelow creo que deberíamos quedarnos con la mencionada pretensión de dibujar una persecución a oscuras, es decir, ese proceso de tratar de acorralar a un concepto más que a una persona cuyo paradero es prácticamente tan incierto como su propia existencia. Resumiendo, contemplamos algo muy parecido a lo que ya vimos en la primera temporada de The Wire: la búsqueda del sujeto mediante el mismo descubrimiento de su existencia.

Sin duda es una apuesta interesante y hay que reconocerle a la veterana directora los esfuerzos empleados para realizarla de forma objetiva y creíble. Pero mi sensación es que, aún tratándose de una obra realizada con el máximo cuidado, Bigelow no ha tenido del todo en cuenta la herramienta más importante para relatar con fidelidad unos hechos tan polémicos: el distanciamiento. Y con él no me refiero precisamente al personal. Para entender al tipo de distanciamiento al que me refiero, recuérdese cómo la irregularidad de la película se acreciente cuanto más próximos nos resultan los acontecimientos narrados, especialmente en su última hora (a pesar de la magnífica secuencia final ya mencionada).

A todo el largometraje lo acompaña una misma sensación: “aquí falta algo”. ¿El qué? Vaya usted a saber. Tal vez existan futuras fuentes de información conocedoras de verdades esenciales para entender la totalidad del proceso, o tal vez tuvieran lugar entramados políticos aun desconocidos que obstaculizaron las investigaciones. En todo caso, mi sensación es que hay cierta vaciedad en Zero Dark Thirty que con toda probabilidad habría sido resuelta en caso de haberse realizada algunos años más tarde. Y es que, a decir verdad, parece como si dicha pretensión de dibujar la abstracta búsqueda de lo invisible se apodere del relato creando vacíos difícilmente identificables pero que dejan una extraña sensación de falta de contenido.

Lo dicho pues: tal vez la recientemente galardonada directora se haya precipitado al decidir abordar tan tempranamente un tema como este, y tal vez de haber esperado un poco más habría contado con el conocimiento de algún detalle importante para comprender los verdaderos hechos, o como mínimo, con el suficiente distanciamiento temporal para narrarlos con un esqueleto más sólido, detalle aparentemente pequeño pero que probablemente podría convertir esta buena película en una obra maestra.

Band Of Brothers (2001)

L’origen

L’any 1999, Steven Spielberg va estrenar Saving Private Ryan (Salvar Al Soldado Ryan), amb un èxit brutal de crítica (91% RT, 8.1 Imdb) i recaptació mundial (481 milions de dòlars). Tot i així, moltíssima gent va criticar l’argument, per increïble, per estúpid i per massa heroic. I no sense raó: la pel·lícula ens parla d’una petita esquadra que ha de rescatar a un soldat, en Ryan, que ha perdut als seus altres 4 germans. Segons Spielberg, està basat en una història real; i no ho discuteixo. Però sincerament, quan un es para a pensar 5 minuts sobre la pel·lícula, només pot arribar a la conclusió de que és una gran imbecil·litat tot plegat.

A aquest guió lamentable, hi hem de sumar els típics defectes “made in Spielberg”. Per començar, la obsessió amb el bé i el mal. A totes les seves produccions, hi ha gent molt bona i gent molt dolenta. En aquest cas, no cal comentar qui són els herois angelicals i qui els dimonis que volen acabar amb el món. D’altra banda, l’efectisme emocional, que tant funciona a E.T., A.I., Schindler’s List… el trobem aquí perillosament induït. Perquè? Doncs per què la guerra és un tema tant seriós i verídic que no cal forçar res per fer que la gent s’emocioni. D’això hi ha un exemple perfecte: The Pianist, de Roman Polanski. Estils diferents, que demostren que la sobrietat i versemblança al tractar temes tant devastadors, és el camí correcte. Ho és, perquè dubto que algú consideri el film de Spielberg millor que el de Polanski en quant al que és el reflex de la guerra i els sentiments dels que l’han patit.

Però no tot són defectes. Tècnicament, és inapel·lable. Conté una de les millors seqüències d’acció dels últims temps: el desembarcament de Normandia. Està situada a l’inici, seguint una de les màximes de Spielberg: “Si una pel·lícula no m’enganxa en els primers 10-15 minuts, deixo de veure-la”. En aquest cas, tota la raó: és impossible no estar concentradíssim durant i després de l’escena inicial de Ryan. La fotografia és brillant i en el seu moment, força innovadora. Janusz Kaminski (DP) utilitza una paleta de colors esmorteïts, tant, que sembla blanc i negre en segons quin pla. A això li hem de sumar una sobre-exposició constant, que fa que el cel es vegi absolutament blanc, sense detall. La majoria de seqüències d’acció estan filmades càmera en mà, presumptament amb steadicam. En l’apartat sonor també és una obra d’art: és un tòpic, però sembla que estiguem a dins de les batalles. Potser se li pot retreure que les armes no fan un soroll tant potent com hem vist, per exemple, a qualsevol pel·lícula de Michael Mann.

El mite

Tres anys més tard, la HBO va estrenar Band of Brothers (Hermanos de Sangre). Aquesta mini-sèrie de 10 capítols segueix les aventures de la Companyia Easy, de la 101st Airborne Division (paracaigudistes). És un dels escamots més reconeguts a la història militar dels Estats Units, ja que va ser desplegada a Normandia, el Dia-D, i va participar fins el final de la guerra. Va passar per França, Holanda (Operació Market Garden) i Bèlgica, a la Batalla de les Ardennes.

Per veure aquesta sèrie cal tenir clar que està enfocada des del punt de vista de l’homenatge a aquests soldats. Per tant, l’heroïcitat i el sentimentalisme hi són presents, però en menor mesura que a Ryan. L’avantatge de BOB és que l’argument és versemblant i bastant creïble. Tampoc es mostra als alemanys com a dolentes màquines de matar mesquines; simplement no se’ls mostra. Spielberg es centra plenament en l’esquadra. El seu dia a dia, els seus integrants, i les relacions entre ells. Tot això adobat amb seqüències bèl·liques del mateix calibre que Ryan, repartides en 10 capítols carregats d’acció.

Emoció i neu

Per damunt de tot, BOB parla de l’amistat. Relacions de confiança que es van solidificant durant la llarga campanya de la Companyia E. Com a espectadors som partícips d’aquestes relacions, acompanyant als personatges en qualsevol conversa menor que tinguin. Aquesta companyonia també es trasllada als combats, en que s’observa la cohesió del grup no només com amics, sinó com un grup de combat de primer nivell. Però aquests soldats també són vulnerables, expressen les seves pors sense embuts, i si afloren en un moment tens, sempre hi ha algú per ajudar.

Tot el que anem recopilant sobre els personatges gairebé sense adonar-nos-en, té la seva catarsi en l’episodi 6, “Bastogne”. En els capítols anteriors, hem vist les pors d’algun soldat “secundari”, repescat d’algun altre esquadró. En gran part, hem vist grans combats resolts de manera magistral (assalt als anti-aeris del capítol 2), i demostracions de caràcter (Bull Randleman al capítol 4, el despietat Speirs en un dels inicials, les ganes de matar de Guarnere, el brillant i constant lideratge de Dick Winters…). Però a Bastogne, tot canvia. L’argument ens situa en un bosc nevat, amb temperatures gèlides. Els soldats estan atrinxerats dia i nit, i just en la intersecció del front aliat i l’alemany. La Companyia té ordres d’esperar, de retenir la posició com sigui. Per afegir-hi més llenya, els alemanys els bombardegen constantment amb artilleria. La gent té por, a més del malestar causat

"Doc" Roe

"Doc" Roe, el metge protagonista de "Bastogne"

pel fred i la inactivitat. És un dels capítols amb més ferits, per tant és tot un encert que la narració es centri en el Doc Roe, el metge. Es passa dia i nit donant consells, cuidant al seus ja amics, i portant als ferits amunt i avall cap a un hospital improvisat d’un poble proper.

En el capítol següent, més diürn, és on es nota que la sèrie funciona. Mor més d’un personatge protagonista, i de manera dantesca. És un dels moments més tristos que un ha vist en una sèrie, potser per la versemblança i el realisme del tema que es tracta; i perquè prèviament als títols de crèdit de cada capítol apareixen els veterans reals de la Companyia Easy, explicant el que va passar, i en la majoria de casos no poden retenir les llàgrimes.

“Bastogne” i “The Breaking Point” són motiu suficient per veure aquesta mini-sèrie.

Conclusió

The Pacific no funcionava perquè era molt dispers, a cada capítol veiem un grup de soldats diferents i no acabàvem d’empatitzar amb cap. A Band Of Brothers, l’aspecte dramàtic funciona a la perfecció perquè sempre seguim el mateix grup de soldats.

Valoració: ****/4