X-men: Días del futuro pasado (Bryan Singer)

x-men

Tal vez fuera de esperar que el tiempo convirtiera en productos de calidad indiscutible (especialmente a ojos de los críticos) las primeras entregas de X-Men (a cargo de Brian Singer) y Spiderman (dirigidas por Sam Raimi). Sin embargo, a ojos de un servidor tales títulos siguen siendo a todas luces un mal ejemplo de lo que deben ser las cintas de superheroes. Por eso es de agradecer que hoy en día disfrutemos de las renovadoras miradas de autores (pues se han ganado este calificativo en toda regla) como Joss Whedon, Mathiew Vaungh o Marc Webb; directores cuando menos muy interesados en mostrarse fieles al producto de viñetas en el que se inspiran sus películas. Pues no es ningún secreto que fueron ellos (acompañadas por la efectiva incorporación de Marvel en la empresa cinematográfica) quienes poco más de media década atrás revolucionaron el terreno superheroico con notables producciones como la franquicia Iron Man, X-Men: Primera Generación, The Amazing Spiderman y la obra cumbre hasta la fecha del “género”, Los Vengadores. Es también gracias a la aparición de estos productos que actualmente el cine de superheroes goza de una salud inmejorable, por lo que no es de extrañar que Brian Singer haya aprovechado el momento para redimirse como autor.

x-men 4

Así pues, en la producción de X-men: Días del futuro pasado encontramos a un director venido a menos (recordemos sus últimos trabajos: Superman Returns, Valkiria y Jack el Cazaguigantes) que aprovecha la saludable situación en que se encuentra el cine de superheroes para situarse en lo más alto del terreno cinematográfico comercial; estrenando una de las cintas superheroicas más esperadas (aprovechando, además, la inmerecida medalla obtenida por sus primeras incursiones en la franquicia a la que el título presente da continuidad). Teniendo en cuenta lo mencionado, el director de Sospechosos Habituales no tenía más que repetir la fórmula de X-men e X-men 2 y confiar en que su nombre en tanto que creador de la franquicia y la buena situación del cine de superheroes hicieran el resto para situarle de nuevo en la posición de director rentable (de ahí la escepticidad con que muchos miramos el proyecto cuando el nombre de Singer fue anunciado como director). Afortunadamente, el visionado de el título que nos ocupa basta para darse cuenta de que Singer ha aceptado con responsabilidad y honestidad su posición, esforzándose en ofrecer un nuevo punto de vista a la franquicia y ante todo confiando en la buena mano de Matthew Vaungh como colaborador en el desarrollo del guión.

x-men 3

X-men: Días del futuro pasado retoma la tendencia iniciada por su precuela (X-men: Primera generación) de entender las habilidades superheroicas de sus personajes no como una montaña rusa destinada a llenar huecos argumentales (como sí ocurría en las primeras producciones de X-men) sino como un pequeño engranaje usado para construir un parque de atracciones cuyos puntos fuertes son los protagonistas y una trama bien perfilada y desarrollada. Así, la habilidad regeneradora de Lobezno, el poder psíquico de Charles Xavier, el control que Magneto ejerce en el material metálico o la habilidad camaleónica de Raven / Mystique no son más que meras herramientas que fortifican un guión de estructura sólida. Un guión que, dicho sea de paso, encontramos plagado de tópicos que muy fácilmente podían caer en el terreno de lo ridículo de no ser usados debidamente (amistad, viajes en el tiempo, dicotomías morales, búsqueda de la propia identidad…). Pues la película de Brian Synger no se conforma con repetir fórmulas, sino que busca explorar las posibilidades que ofrece el hecho de contar con conceptos únicamente existentes en el terreno de la ficción, como ya en su tiempo hicieron trabajos tan notables como Regreso al futuro, Indiana Jones o la primera trilogía de Star Wars.

x-men 2

Así es como X-men: Días del futuro pasado se sitúa en la posición de una de las propuestas cinematográficas anuales más interesantes dentro del terreno comercial, sin nada que envidiar a trabajos tan reivindicables como Capitán América: El soldado del invierno u The Amazing Spiderman: El poder de electro. En resumen, Bryan Singer no solo ha dejado atrás sin problemas las fórmulas obsoletas que condujeron al éxito sus anteriores trabajos, sino que además ha conseguido una cinta de aventuras renovadora y sorprendente, destinada a convertirse en el modelo a seguir para futuras producciones comerciales. Una película, en definitiva, que logra despertar interés por una historia de apariencia simplona y que además, por qué no decirlo, arroja una buena ráfaga de aire fresco a este “subjenero” comercial tan manido hoy en día como es la película de viajes en el tiempo. Y para redondear el asunto, Brian Synger y 20 century fox (acompañados en el viaje por Sony y su nueva saga de Spiderman) han fabricado un simpático juguete que constituye una sana (y necesaria) competencia para el (por otra parte elegante) sello que Marvel Productions ha dibujado en el superheroe a lo largo de los últimos años. Podemos decir que el “panorama superheroico” se encuentra, ahora sí, en su primera edad de oro.

Anuncios

El consejero (Ridley Scott)

the-counsellor

Soy de la opinión de que el largo listado de trabajos cinematográficos pertenecientes a Ridley Scott cuenta únicamente con dos películas reivindicables (al menos hasta hace muy poco tiempo), a saber, Alien y Blade Runner. Son dos películas que sacaron del caparazón al conocido director, los films, en definitiva, con los que Scott dio a conocer su nombre a inicios de los años ochenta. De modo que, siendo el caso que estas son las dos únicas películas interesantes del director inglés, puede decirse que hablar de la obra de Scott implica referirse a una obra que terminó apenas habiendo empezado; quedando ahora lejos aquel director que antaño nos sorprendió con innovadoras revisiones de la ciencia-ficción y habiendo persistido del mismo solo una silueta sin personalidad, incapaz de desmarcarse de las pautas convencionales. En resumen, casi resulta innecesario precisar que existen dos excepciones en la insulsa fimografia del director; resultando más cómodo (y casi más sincero) atreverse a hacer la afirmación “no me gusta el cine de Ridley Scott”… … o al menos eso podía decir antes del estreno de su último trabajo.

Para aquellos que puedan estar leyendo este artículo, les ahorro el misterio: títulos como Thelma y Louis, Gladiator, Black Hauk Derribado o American Gangster no me parecen en absoluto buenos trabajos. Más allá del obvio mérito técnico y estético que puedan tener, todas ellas son a mí entender películas vacías y prefabricadas. No obstante, son también producciones aclamadas tanto por público como crítica; todo lo contrario de lo que sucede, precisamente, con la película que nos ocupa. Hablamos de una película esperada con altísimas expectativas (en parte debido a la atrevida convinación de Comrmac McCarthy y Ridley Scott, en parte por su importante elenco de actores) que fue recibida con durísimas críticas concernientes a la (supuesta) superficialidad con que la película está narrada. Desde mi punto de vista, sin embargo, El consejero carece de todos los aspectos peyorativos presentes en los anteriores trabajos del director y es poseedora de una imponente puesta en escena que apuesta por una fría y humilde dirección, ideal par plasmar en imágenes el (excelente) guión ofrecido por el autor de The Road.

el consejero

Es probable que sea precisamente por la humildad con que está narrada, por esa ausencia de grandilocuencia y sobretodo por la carencia de grandes filigranas técnicas que la película ha sido tachada de mediocre y diáfana, sin duda alguna debido a una confusión de sencillez por simplismo. Y es que en realidad es precisamente esta naturalidad, esta ausencia de piruetas narrativas innecesarias lo que permite a los personajes de El consejero aflorar sin dificultades, quedando todos y cada uno perfectamente retratados. En resumen, si Ridley Scott nos tiene acostumbrados a películas en donde los personajes quedan ahogados por una puesta en escena exagerada (Gladiator, El reino de los cielos, Black Hauw Derribado) lo que ahora encontramos es una propuesta en donde los únicos protagonistas son los personajes y los sucesos que estos viven. No encontramos nada sobrante en El consejero; únicamente un seguido de hechos narrados con una estimulante crudeza y a un conjunto de personajes tan interesantes como bien definidos. Al parecer, Scott ha decidido permitir al guión de McCarthy manifestarse tal y como fue escrito.

Una de las grandes virtudes de la nueva película de Scott es su apuesta por insinuar antes que por mostrar. Con ello me remito especialmente al brutal desenlace de la cinta, este en donde el director de Prometheus demuestra todo lo que es capaz de sugerir una sola imagen, una en la que el público se ve obligado a imaginar todo lo que esta esconde, sin dejar espacio alguno para las dudas. Algo que encuentra un perfecto complemento en los habilidosos diálogos de los personajes, que asumen la elegante función de acompañar a dichas imágenes sin llegar a tomarles el relevo. A todo ello se le añade también una objetiva y ágil puesta en escena que nos ofrece atrevidas e imprevisibles secuencias, algunas provistas de un alto grado de violencia y otras poseedoras de un aire casi onírico (recordemos la desenfadada secuencia de tiros en medio de una carretera desierta de desenlace imprevisible o la impactante escena en que Cameron Díaz se refriega en el coche del personaje interpretado por Javier Bardem). Todo un ejercicio de reinvención de estilos por parte de un director radicalmente familiarizado con un cine que hasta ahora pretendía mostrar más de lo que contienía.

the_counselor_michael_fassbender

12 años de esclavitud (Steve McQueen)

12-años-de-esclavitud-e1386787513935

12 años de esclavitud viene a situarse como la más lograda de esta serie de películas acerca de la lucha en contra de la discriminación negra que está teniendo lugar en nuestros días. Hasta ahora y dentro de este campo, habíamos podido disfrutar de un estudio histórico situado en territorio político por parte de Steven Spielberg con su interesante Lincoln; de una revisión sobre el género western desde un crítico y atípico punto de vista gracias a la exageradamente sobrevalorada Django Desencadenado de Quentin Tarantino; y también de un rápido repaso histórico de hechos relativamente recientes en la política norteamericana con la algo desinflada El mayordomo de Lee Daniels. Lo que ahora tenemos (y con previsiones de continuar la serie con la todavía no estrenada Mandela, del mito al hombre) es un testimonio directo de las espeluznantes experiencias que vivieron los afroamericanos durante el oscuro período de la esclavitud, una reproducción magníficamente orquestada no tanto de una época como de las vivencias de cierto col·lectivo social en su momento brutalmente maltratado.

12-años-de-esclavitud-3-e1386787553742

Salta a la vista que el director afroamericano no está interesado en filmar una película de buenos y malos. Para el, como declaró en la revista Dirigido por… (y como ya demostró en sus dos anteriores trabajos), sus personajes son sencillamente personas; más allá del color de su piel y de su condición social. Su objetivo, como siempre, es indagar en las emociones que experimentaron dichos personajes, explorar sus sentimientos y plasmar minuciosamente las experiencias que estos viven. Y para lograrlo, Steve McQueen los sigue muy de cerca, como si tratara de traspasar el significado literal de lo que vemos para penetrar en su estado emocional. Así, con mucha delicadeza y mediante un acertado contraste entre planos generales descriptivos y primeros planos introspectivos, el director de Shame logra una perfecta conexión entre espectador y protagonistas, haciendo nacer entre ellos una complicidad indescriptible y siendo capaz de plasmar en la pantalla conceptos tan abstractos como son las emociones y los sentimientos.

12yas-1-e1386787721837

12 años de esclavitud logra llegar a nosotros mediante el apartado sensorial, pasando por alto los (inevitables) juicios que previsiblemente hará el espectador sobre las injusticias que este contempla para conectar con él a través de las emociones, evocadas mediante secuencias que más que mostrar transmiten, más que sentenciar sugieren. Tenemos, por ejemplo, la fría secuencia en que contemplamos por primera vez a los esclavos trabajando sin descanso con el acompañamiento de la canción racista sobreexpuesta en las imágenes, cantada por el personaje interpretado por Paul Dano para “darles la bienvenida”; o la igualmente eficaz escena en que vemos cómo Solomon Northup camina con dificultad de puntillas y sin avanzar por encima del barro, éste sujetado por una cuerda atada a su cuello, acompañado por el inquietante sonido de sus pies pisando fango, tratando en vano de encontrar un soporte que le permita estarse quieto. Secuencias que, en definitiva, dan por supuesto nuestro posicionamiento y se centran en hacernos conectar con los personajes más que en despertar nuestra rabia o indignación (cosa que, indirectamente, también consiguen).

12-años-de-esclavitud-2-e1386787765955

Con todo, 12 años de esclavitud se presenta no solo como la mejor película de la mencionada serie sobre la discriminación negra, sino también como una de las propuestas cinematográficas más interesantes del año; destinada, como incontables veces se ha dicho, a ser la favorita de los Oscar 2014 y a convertirse en uno de esos clásicos indiscutibles como hoy en día son El padrino, La lista de Schinler o la todavía algo reciente El pianista. Porque Steve McQueen logra todo lo mencionado mediante la apertura de nuevos caminos en la narrativa cinematográfica, innovando en el lenguaje visual de este séptimo arte todavía hoy algo puesto en duda y defendiendo su condición artística como pocos directores lo consiguen. 12 años de esclavitud es, en definitiva, una prueba más de la actual reforma que está viviendo el cine para todos los públicos que recupera este posicionamiento nada infantil que en sus mejores momentos nos ha dado el cine y que sitúa a Steve McQueen como uno de los importantes directores del Nuevo Cine del Siglo XXI.