El llanero solitario – Tercer Blockbuster Veraniego

El llanero solitario

Lo más llamativo del último trabajo del director de Rango es la contundencia con que la crítica se ha dedicado a destriparlo sin miramientos desde el día de su nacimiento. De acuerdo, El Llanero Solitario no es exactamente lo que llamaríamos una buena película. Pero aún así, no encuentro lógica alguna en el hecho de que el título que nos ocupa sea causa de tan inmenso boicot mientras que una saga tan claramente prefabricada como Piratas del Caribe fuera acogida por el mundo entero como la más inmensa de las innovaciones aventurescas. Pues personalmente, no creo que haya genialidad en ninguno de los dos casos, pero así como en el de las aventuras del ultra-empalagoso Capitán Jack Sparrow mi posicionamiento está más que claro, debo confesar que en el caso de El Llanero Solitario mi corazón se encuentra algo dividido: por una parte estoy de acuerdo en que se trata de una cinta de aventuras ligera e ingenua que no hace otra cosa que narrar la historieta de siempre. Pero por otra, creo que esta película cuenta con determinados ingredientes sorprendentemente bien llevados que dan como resultado trepidantes secuencias que claramente están por encima de la media. Es por esta dicotomía que me dispongo a dividir el artículo en dos apartados.

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Lo que hace de El Llanero Solitario una película repetitiva

Sin duda alguna lo peor de El Llanero Solitario son sus dos personajes principales. Ambos están presentados no como dos personajes determinados de una historia específica sino como la réplica de unos personajes prototípicos ya conocidos por todo el mundo: el uno como el clásico “bueno de película” defensor de la justicia y el otro como el producto comercial standard en que hoy en día se han convertido la mayoría de los papeles de Jonny Depp. No es difícil deducir que de la unión de ambos perfiles no nacerá ninguna interacción interesante ni mucho menos innovadora. Sencillamente tenemos a dos protagonistas que responden a un perfil prefabricado y que parecen haber caído en medio de una historieta convencional más bien poco prometedora. Historieta que, como es previsible, estará dotada de numerosos gags confiados a la sobreactuación de Johnny Depp que rozan el ridículo, y de secuencias de acción saturadas de infografía; padrina oficial de las películas de aventuras contemporáneas dotadas de efectos especiales. Dicho lo cuál, a la única conclusión a la que podemos llegar es que el visionado de El Llanero Solitario no supondrá ningún gran descubrimiento.

Lo que hace de El Llanero Solitario una película entretenida

Lo cierto es que, a pesar de todo lo dicho, Gore Verbinski sabe hacer un buen uso de los decorados y de la exquisita dirección de arte con que cuenta su película. Ambientes como el burdel en el que se encuentra una también repetitiva Helena Bonham Carter o el pueblo de Texas desde el que parte el grupo de Rangers en busca de los forajidos se despliegan en la historia con suma elegancia, creando un escenario tan creíble como apetecible de descubrir, ideal para una película “del oeste”. Y lo mismo sucede con el perfil de personajes que rodean a los dos protagonistas: tanto el grupo de forajidos como los Rangers que cabalgan tras ellos, e incluso el conjunto de políticos (entre los cuales se encuentra un excelente Tom Wilkinson) responden perfectamente a lo que se espera de su tipología de personajes. Y esta vez sí, de la unión de los tres apartados nacen una serie de trepidantes secuencias de pura adrenalina que alternan más de una acción a la vez con suma maestría, tratando con sumo cuidado el tempo y haciendo confluir las tres situaciones en varias explosiones de acción desenfrenada que en ocasiones incluso resulta divertida. Con lo cuál uno llega a olvidar por momentos la mediocridad de los dos personajes principales.

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A lo largo de este verano me he referido a dos películas pertenecientes al subgénero denominado Blockbuster Veraniego. En ambas hablé de la autoría que tan fácilmente podía percibirse en cada una y de cómo esta los convertía en dos trabajos que logran ir algo más allá del mero producto comercial palomitero. El primero es Star Treck: En la oscuridad y el segundo Guerra Mundial Z. Pues bien, esta vez nos encontramos, es cierto, ante el más flojo de los tres Blockbusters Veraniegos que más han dado que hablar este verano. Pero la buena noticia es que, a diferencia de otras ocasiones, esta vez hasta el más flojo de los trabajos cinematogràficos puramente comerciales del verano cuenta con aspectos reivindicables, como por ejemplo este firme tempo narrativo que incluso logra que por momentos disfrutemos de la película sin plantearnos nada más de ella. O dicho en otras palabras, ojalá el mínimo de todas las superproducciones veraniegas sea este. Sin duda, este logro es algo debido a la autoría del director Gore Verbinski. Sin duda, esta es otra conquista del Nuevo Cine del Siglo XXI.

Cruce de caminos (Derek Cianfrance)

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Con frecuencia me refiero a las películas norteamericano de inicios de siglo XXI como piezas pertenecientes a un cine autoreferencial, únicamente bebedor de si mismo y que ha olvidado por completo la realidad que antaño tuvo como referente. Hablo de títulos como Gladiator, Piratas del Caribe, Una mente maravillosa o Million Dolar Baby: películas cuyos personajes ya no parecen sacados de la realidad, sino de una selección de personajes estereotipados vistos infinidad de veces en la gran pantalla. Pero no es únicamente una cuestión de personajes. Fijémonos, por ejemplo, en el modo en que se desarrolla la acción o la planificación de cada escena. En dichas películas nada de ello se asemeja ya a la realidad, sino que es presentado ante el público mediante códigos narrativos cinematográficos (uso exagerado de la música, fotografía bella cuando se presenta personajes “buenos” y sombría para los personajes “malos”…) que el espectador asocia involuntariamente a un tipo de situación. En pocas palabras, un cine que se tiene a si mismo como único referente.

A menudo hablo también de cómo el Nuevo Cine del Siglo XXI trata de reconciliarse con una narrativa bebedora de múltiples fuentes, planteando un tipo de cine que no tiene como único objetivo mirarse el ombligo. En este apartado encontraríamos títulos como La vida de Pi, Los Vengadores, Los Miserables o Argo, películas que sacan el máximo potencial de su fuente principal (un libro en el caso de La vida de Pi, los cómics con Los vengadores, el famoso musical con Los miserables y un hecho real en la galardonada Argo), casi olvidando los códigos cinematográficos más convencionales. Es como si dichas adaptaciones buscasen la complicidad de sus obras originales para encontrar nuevas fórmulas narrativas. Pues bien, en el caso del título que nos ocupa hablamos de una pieza cinematográfica que en cierto modo se encuentra en el punto medio entre ambas formas narrativas: Cruce de caminos es una película de tintes claramente realistas que no desaprovecha ocasión alguna para evidenciar su condición cinematográfica, algo que hace con secuencias que por momentos resultan encantadoras… y en otros tal vez demasiado cargantes.

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Empezando por lo básico, los personajes que protagonizan el último trabajo de Derek Cianfrance resultan escalofriantemente creíbles. En la primera media hora del metraje, dicho director centra toda su atención en definir al personaje principal y facilitar nuestra familiarización con él, en ocasiones logrando secuencias que rozan la brillantez. Se trata de una presentación totalmente desprovista de clichés que nos muestra sin temor lo mejor y lo peor del mencionado personaje. Y lo cierto es que se trata de una presentación tan bien construida que uno termina por no saber si odiar o compadecerse del que entonces es el protagonista del relato. Además, cabe decir sobre el apartado formal (ciñéndonos todavía a esta primera media hora de la película) que las fórmulas narrativas de Cianfrance están 100 % al servicio del relato: uno presta atención a los acontecimientos que se dan antes que a las filigranas narrativas del director, si bien estas resultan tan agradables de ver como fáciles de identificar (sin duda, un equilibro difícil de lograr).

Con tal eficacia se cierra la primera de las tres historias interrelacionadas que forman la película Cruce de caminos; y es precisamente a partir de este cierre cuando al joven director parece empezar a temblarle el pulso. Y es que el punto culminante del primer capítulo es tan trepidante (atracos a bancos hiperrealistas y persecuciones magistralmente rodadas) que no es de extrañar que Cianfrance afronte los dos capítulos que le siguen con cierto temor a provocar un fuerte desliz argumental, haciendo volar por los aires toda la atención que hasta entonces prestaba el espectador. Algo que, al parecer, intenta compensar mediante un uso exagerado de las formas, uso que en ocasiones, como dijimos, resulta cargante. Así pues, a pesar de que los nuevos personajes son igual de creíbles (e interesantes) que los inicialmente presentados, lo cierto es que hay determinados momentos de las segunda y tercera historia de la película en que el apartado formal adquiere un protagonismo tal vez demasiado exagerado, que provoca exactamente lo que el director parece querer evitar: distracción.

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Para ser más precisos, digamos que no se trata exactamente de un barómetro que vaya subiendo y bajando según la secuencia, sino más bien de una dosis de estilo formalista repartida a partes iguales que no afloja su intensidad cuando la situación lo requiere. Es decir, la intensidad con que se manifiesta el apartado formal es prácticamente la misma en todas las secuencias, algo que, evidentemente, no siempre sienta bien a la película. Dicho en pocas palabras, hablamos de una película claramente manierista que teme perder el interés de su público si en algún momento deja sus filigranas cinematográficas a un lado. De modo que, miren ustedes por donde, nos encontramos ante una película de personajes claramente realistas dotada de un manierismo radicalmente alejada de la realidad. Como si el director pretendiera encontrar un punto medio entre esta imitación de la realidad que es la esencia del cine y esta autoreferencia tan propia de grandes autores cinematográficos tales como Martin Scorsese o Quentin Tarantino.

A pesar de todo, el resultado supera con bastante el aprobado; pues en realidad, si bien es cierto que una vez finalizada la primera historia el filme pierde cierta fuerza, no es menos cierto que el interés del relato no decae en absoluto y que los personajes poseen el interés suficiente como para que deseemos saber más y más sobre ellos. Además, el reto que Cianfrance se plantea a si mismo resulta tan interesante como difícil de llevar a cabo: hacer una cinta de denuncia social sin dejar de plantear un punto de vista en cierto modo optimista. Y lo cierto es que lo hace con tal delicadeza que ambas cosas no contrastan en absoluto, sino que logran una harmonía que dota al filme de un punto de vista relativamente desenfado. En parte es gracias a ello que la larga duración de la película no se hace pesada en ningún momento. En resumen, lo que tenemos ante nosotros es una filigrana bien desarrollada que plasma con toda dignidad un discurso firme y atrevido y que en ningún momento cae en la pretenciosidad. Algo que, al menos en parte, resulta gracias la habilidad con que Derek Cianfrance mezcla esta imitación de la realidad tan propia del Nuevo cine del Siglo XXI con la exagerada autoreferencia tan distintiva del cine de inicios de milenio.

Guerra Mundial Z – Segundo Blockbuster veraniego

Guerra Mundial Z

Hace apenas unas semanas me referí a Star Treck: En la oscuridad como la primera entrega de una serie de bokbusters veraniegos sorprendentemente prometedora. Y es que como entredije, esta vez no nos encontramos ante un conjunto de superproducciones hollywoodienses que entienden el producto comercial como un objeto desalmado y exclusivamente destinado a vender millones; sino que lo que tenemos ante nosotros es un conjunto de películas cuidadosamente escogidas por sus directores en las que la autoría prevalece por encima del reconocible sello del cine palomitero. Y si en el caso del film de J.J. Abrams hablamos de un trabajo que poseía una sorprendente capacidad para aunar comercialidad y buen perfil de personajes, en el caso de Guerra Mundial Z nos encontramos ante una película que, a pesar de no ser perfecta, logra mantener al espectador pegado a la pantalla lanzándolo ágilmente y sin pausa de un conflicto a otro, evitando de este modo todo tipo de recreación o monotonía.

Vaya por delante, el último trabajo de Marc Foster dista mucho de ser una película profunda o de personajes elaborados. De hecho, en ciertos momentos incluso desprende cierta aroma a moralina familiar americana almibarada, algo que sin duda para algunos resultará insoportable (algo comprensible). Pero sorprendentemente, nada de ello impide que aún así se trate de una película endiabladamente entretenida e incluso hasta cierto punto innovadora. Entonces, ¿donde radica el interés de una película nada profunda y de moralina almibarada que ni siquiera posee personajes elaborados? Pues, en realidad, lo primero con que se gana el respeto el título que nos ocupa es su autoconciencia. Es decir, Guerra Mundial Z jamás toma en serio su propio discurso ni pretende engañar al público inchando a sus personajes de falsa profundidad (a diferencia de títulos como Piratas del CaribeCrepúsculo, Las aventuras de Tintín y compañía). Precisamente, el mérito del nuevo trabajo del director de Descubriendo nunca jamás se encuentra en la valentía con que éste asume el reto de convertir una “película ce zombies” en un blokbuster comercial, jugando elegantemente con las armas del subgénero.

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Es cierto, los personajes de Guerra Mundial Z no son nada profundos; pero si están muy bien perfilados y reaccionan ante los conflictos de forma consecuente y (sobre todo) creíble (recordemos, por ejemplo, la forma instintiva con que actúa Jerry Lane (Brad Pitt) durante el inesperado conflicto del atajo de tráfico inicial; o la rápida reacción del mismo ante el incidente del avión – reacción muy semejante a la que probablemente tendría cualquier ser humano no perteneciente a una película hollywoodiense contemporánea- ). Dicho de otro modo, hablamos de una película cuyos personajes no son estúpidos. Y por lo que respecta a la falta de profundidad del argumento, lo que Marc Foster plantea es un film de entretenimiento suficientemente valiente como para atreverse a admitir su objetivo (lo dicho: entretener) sin falsas reflexiones existenciales o giros dramáticos inesperados. Y sin duda logra lo que pretende de forma tan elegante como sincera y sin rozar el ridículo en ningún momento.

Como ya entredije más arriba, Guerra Mundial Z es innegablemente una película trepidante de inicio a fin. De hecho, da la sensación de que el director que hace cinco años fuera abucheado por el mediocre (aunque en mi opinión infravalorado) resultado de Quantum of Solace demuestra haber aprendido de sus errores convirtiendo el exageradamente frenético tempo del film bondiano en un dinámico pero relajado devenir de conflictos en el film que nos ocupa. Y lo bueno es que tan dinámico resulta el fluir de los acontecimientos como imprevisibles son los caminos por los que estos nos conducen. Algo que, sumado a un buen uso de la infografía (que, lejos de lo que los trailers parecían pronosticar, en ningún momento ensombrece la trayectoria del argumento) despeja de artificios innecesarios el escenario permitiendo identificar la elegante mano de Marc Foster, que guía respetuosamente a su público por los nuevos caminos del terreno comercial.

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Star Trek: En la oscuridad – Primer Blockbuster veraniego

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El Nuevo Cine del Siglo XXI es una corriente cinematográfica que se caracteriza sobre todo por presentar un estilo narrativo que se aleja del sello “newhollywoodiense setentero”. No obstante, ambas corrientes comparten un rasgo determinado, presente en la mayor parte del cine de alta calidad. Este rasgo no es otro que la autoría. Por ejemplo, tan reivindicable es la personalidad de Ang Lee en su película La vida de Pi como lo es la de William Friedkin en su film de terror El exorcista; y si queremos ser más quisquillosos, igual de visible es la mano de Christopher Nolan en la trilogía de El caballero oscuro que la de Francis Ford Coppola en la trilogía El padrino. Evidentemente, existen grandes títulos cinematográficos de nula autoría, como también hay productos desechables en el terreno del cine de autor. Pero en cualquier caso, es innegable que una personalidad bien definida es capaz de obrar milagros donde un trabajo académico obraría una catástrofe. Y aquí se encuentra, precisamente, lo interesante de los principales blockbusters programados para este verano, una serie de películas de indiscutible autoría que demuestran que el citado Nuevo Cine del Siglo XXI ha empezado su conquista en el campo veraniego.

Sobra decir que Star Trek: En la oscuridad se encuentra dentro de este colectivo. Y lo más interesante es que, si bien es cierto que la personalidad de J.J. Abrams ha logrado convertir en una pequeña joya un proyecto que hecho de otro modo probablemente rozaría el ridículo, también lo es que el creador de Lost ha llevado a cabo un trabajo muy distinto de lo que suele esperarse de un director al que se denomina “autor”. Me explico. El caso es que la mano de J.J. Abrams se percibe en Star Trek: en la oscuridad no como una tendencia introspectiva destinada a convertir la película en un trabajo personal (como sí podría decirse de El caballero Oscuro, Origen e incluso – mal que me pese – de El hombre de acero) sino mas bien como un ejercicio de convertir en apto para todos los públicos un universo que hasta hace poco tiempo casi podía tacharse de elitista (vamos, un mundo solo apto para los trekis). Es decir, si un director como Christopher Nolan personaliza un universo y unos personajes antaño exclusivamente pertenecientes al imaginario colectivo, J.J. Abrams hace exactamente lo contrario. Una apuesta indudablemente atrevida, especialmente teniendo en cuenta el buen resultado.

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Hablamos de algo parecido a un ejercicio de comercialización bien entendida, un acercamiento de la franquicia al gran público que, a diferencia de buena parte de los blockbusters contemporáneos, no toma a este último por analfabeto. Si por ejemplo en los casos de Piratas del Caribe, Las cronicas de Narnia, A todo gas, Tintín y parecidos el objetivo era hipnotizar al gran público mediante los brincos imposibles de una serie de personajes sin alma, en su último trabajo J.J. Abrams vierte un cariño especial a sus protagonistas para lograr una agradable conexión entre estos y su público. Gracias a ello el gancho comercial ya no se encuentra en la magnitud de los efectos especiales ni en la espectacularidad visual de las aventuras (que las hay y muy bien hechas), sino en un bien despertado interés por descubrir adonde llevarán las experiencias de cada uno. Y una vez expuesto su carisma, J.J. Abrams exprime al máximo su potencial, poniendo a prueba su personalidad y sacando a relucir virtudes y defectos de todos ellos. Pues si uno presta atención, se da cuenta de que cada uno de los personajes experimenta y resuelve su propia crisis personal, contribuyendo de forma discreta al desarrollo de la aventura.

Todo ello y una cuidada contención del uso de los efectos especiales y de los tempos narrativos hacen que las escenas de acción y las aventuras espaciales resulten tremendamente apetitosas. En resumen, J.J. Abrams descubre una nueva y bella forma de manifestar su sello personal que puede resumirse de la siguiente forma: un refinado proceso de comercialización que no entiende el producto comercial como la simplificación de lo complejo sino como la exaltación de lo interesante. Con lo cual podemos decir que estamos ante una de esas películas de aventuras comerciales que hacen que uno pueda hablar de buen cine en medio de una conversación de grupo. Y en cualquier caso, siempre resulta agradable poder compartir la gustosa experiencia de descubrir títulos cinematográficos que no entienden la inhibición como un acto de dejar inconsciente de un porrazo la totalidad de nuestro intelecto.

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Nuevo cine del Siglo XXI [ 7 ]

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A grandes rasgos, esta serie de películas se encargó de limar pacientemente el grueso de bálsamo artificioso que cubría la mayoría de los films comerciales de inicios de milenio. Algunos con extrema seriedad (Buenas noches y buena suerte, No es país para viejos, Brokeback Mountain,), otros con frescura y desenfado (Juno, Iron Man, El discurso del rey) y otras mediante la reinvención genérica con ciertos toques de realismo (Casino Royale, El caballero oscuro, Zodiac), todos estos títulos alejaron al cine de la desgastada autoreferencia noventera y buscaron para él nuevas fuentes de inspiración. Pero como dijimos más arriba, hablamos de un “inicio de purificación” que vino de la mano de un colectivo de films que puede dividirse en dos apartados: el de aquellos cuya innovación ya ha sido probada gracias a su visible influencia en trabajos posteriores (los acabados de mencionar) y el de aquellos títulos que, por el momento, no parecen tener sucesión. Habiendo conocido ya a los primeros, centrémonos ahora en el segundo colectivo.

El resurgimiento de los “hermanos pequeños”

En el segundo apartado del presente estudio (2.- Una corriente, dos generaciones) se mencionaron los cuatro rasgos principales que caracterizan el Nuevo Cine del Siglo XXI. El segundo señalaba de dicho cine que este forma parte de una corriente perteneciente a una serie de directores que pueden dividirse en dos bloques: el de aquellos cuyos primeros trabajos ya formaron parte del movimiento (como el mencionado caso de El discurso del Rey) y el de aquellos que “antaño fueron vistos como hermanos pequeños de los grandes cineastas y que hoy, tras un largo tempo de inactividad, regresan como autores consagrados y principales responsables de las tendencias del cine contemporáneo”.

Centrándonos en el segundo caso, la manifestación más evidente de este resurgimiento de “genios dormidos” se dio en la ceremonia de los Ocars del año 2009. En aquel momento, el conjunto de títulos mencionados más arriba (Buenas noches y buena suerte, No es país para viejos, Brokeback Mountain, Juno, Iron man, Casino Royale, El caballero oscuro, Zodiac, etc…) ya había allanado el terreno para que este conjunto de directores casi olvidados pudieran regresar fortalecidos y reforzados gracias a esta nueva dosis de reinvención. Y el hecho es que gracias a ellos el cine recibió un fuerte y necesario empujón sin el cuál el Nuevo Cine del Siglo XXI sería inconcebible. 

Nuevo Cine del Siglo XXI [ 6.8 ]

10 .- El discurso del rey – año 2010

El discurso del rey

Hasta ahora hemos hablado de películas que planteaban un nuevo enfoque estilístico que más adelante se convertiría en el germen del Nuevo Cine del Siglo XXI. Pero ahora, con esta última película de la selección, ya estamos hablando de cine 100 % perteneciente a dicha corriente. Este segundo trabajo de Tom Hooper supone, además, un cierre de ciclo en dos aspectos. Sobre el primero, recordemos cómo la primera película que comentamos (Buenas noches, y buena suerte) tenia por objetivo exaltar la epicidad de un personaje verídico sin pasar por alto su humanidad. Lo mismo sucede con el trabajo que nos ocupa, de modo que podríamos decir que la reforma empezada en 2005 sugiriendo un nuevo enfoque en el cine biográfico concluyó su operación en 2010 con una película de planteamiento similar pero de rasgos comerciales mucho más personalizados. Por otra parte, está el hecho de que, sin duda, podemos considerar a Tom Hooper como uno de los directores ya pertenecientes a la nueva corriente.

Es decir, las películas de las que se ha hablado hasta ahora o bien pertenecían a viejas glorias que resurgieron inesperadamente (David Fincher, Hermanos Coen, Ang Lee, James Cameron) o bien son los trabajos de determinaos debutantes que, sencillamente, participaron en esta transición de corrientes (Jaison Reitman, Joe Wright y Jon Favreau). En el caso de Tom Hooper, en canvio, sin duda hablamos de un director de una de las primeras películas encabezadoras del Nuevo Cine del Siglo XXI. Me explico. Con la llegada de El discurso del Rey se da un cambio de conceptos en lo concerniente al campo comercial; y para entenderlo nos es muy útil esta comparativa mencionada entre dicho título y el que en 2005 diera origen al cambio, Buenas noches y buena suerte. Fijémonos, sobre todo, cómo el trabajo de George Clooney necesitó despojarse de toda complicidad hacia los personajes para desmarcarse del empalagoso estilo comercial entonces tan de moda gracias a títulos como Una mente maravillosa, Descubriendo Nunca Jamás o Million Dollar Baby.

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Es decir, a inicios de milenio, debido a la ya mencionada tendencia cinematográfica de alejarse de la realidad, se había perdido de vista al protagonista entrañable pero imperfecto. Pero en el caso de El discurso del Rey, el legado de películas como Juno u Avatar (ambas protagonizadas por personajes entrañables pero desperfectos) permitió que Tom Hupper pudiera tratar con cierto cariño a sus protagonistas, sin por ello convertirlos en mártires o héroes americanos. Pues si nos fijamos, en los primeros años del siglo XXI los protagonistas de las películas de hollywood tan solo podían ser buenos, malos o aspirantes a la excelencia. Tomemos como ejemplo los casos de Gladiator, Una mente maravillosa y Million dólar Baby (protagonizadas por el bueno), Chicago y Mistic Riber (protagonizadas por el malo) o El señor de los anillos y Master and Comander (protagonizadas por personajes que evolucionan, es decir, aspirantes a la excelencia). En cualquier caso, no era posible encontrar en hollywood una película en donde el protagonista, a pesar de “bueno”, arrastrara consigo defectos humanos que sencillamente no cambiaran.

El logro de El discurso del rey, por lo tanto, se resume en el hecho de conseguir aunar al personaje simpático pero imperfecto del cine independiente con la narrativa comercial propia de hollywood que lo convierte en una figura épica. Se trata de una exaltación hecha desde los ojos humanos, magnificando al personaje y permitiendo al público cierto encariñamiento hacia él pero sin olvidar en ningún momento que se está hablando de una figura real (algo igualmente aplicable a todos los personajes secundarios). Un trabajo como este, que en un principio podría parecer de poca importancia, hizo posible el resurgimiento de un director de cine a quien ya dábamos por desaparecido en combate. Estoy hablando de la leyenda viviente que es el director Steven Spielbeg, que se reconcilió con el buen cine aplicando mucho de lo mencionado más arriba a su magnífica Lincoln.

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Nuevo Cine Del Siglo XXI [ 6.7 ]

9 .- Avatar – año 2009

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 Es un hecho probado que una reflexión profunda bien desarrollada puede convertirse una fantástica obra artística. De hecho, existen incontables ejemplos cinematográficos que lo corroboran. Pienso en películas como Persona (Igmar Bergman, 1966), 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrik, 1968), Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972), Funny Games (Michel Haneke, 1997), El árbol de la vida (Terrence Malik, 2011 – no me cansaré de defenderla- ) o En la casa (François Ozon, 2012). Lo curioso de esta serie de películas es que en su estreno o bien fracasaron comercialmente o bien fueron tildadas de pretenciosas por buena parte de la crítica. En fin, se trata de un hecho trivial que no me molesta en absoluto… si no fuera porque cuando finalmente irrumpió en nuestras pantallas una cinta de aventuras que cumplía su objetivo al pie de la letra rápidamente fue tachada de superficial y vacía. Y entonces un servidor se formuló una inocente pregunta: ¿En que coño quedamos?

Exponer esta pequeña reflexión tiene para mi dos funciones. La primera es purificar mi conciencia tras el duro esfuerzo que me supuso elogiar la película El caballero oscuro. La segunda, y ahora hablando en serio, es la de aproximarnos a un hecho que debemos tener en cuenta si pretendemos comprender qué fue exactamente lo que aportó al cine la llegada de una película (debo admitirlo) poco más profunda que el hueco de una cuchara. Y este hecho es que, en el año 2009, llevábamos infinidad de tiempo sin presenciar el estreno de una película de aventuras decente cuyo formato se redujera al esquema argumental convencional, sin otra pretensión que la de distraer a la familia. Fijemonos en el arranque de milenio. Toda película de aventuras que podamos encontrar de aquel entonces cuenta con un cebo comercial encargado de reciclar seguidores (por ejemplo, el bestseller, como en los casos de El señor de los anillos, Harry Potter y Las crónicas de Narnia), e inmediatamente deriva en un sinfín de secuelas que monopolizaron la taquilla (ídem, Piratas del Caribe).

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En resumen, en aquel entonces no había película de aventuras que se atreviera a destacar por su propia identidad, y casi todas acabaron convirtiéndose en soporíferos espectáculos de infografía gratuita (recuérdese cómo desde que George Lucas y Petter Jacson demostraran de lo que eran capaces los ordenadores las películas de aventuras parecieron olvidarse por completo de la realidad – añádase a este colectivo las dos secuelas de Matrix y 007: Muere otro día -). Y todavía hay un factor más a tener en cuenta: la aparición de la piratería, entonces incrementada por la recién aparecida crisis financiera. Recordémoslo: en aquel entonces, los videoclubes empezaban a extinguirse y los cines comenzaban a sufrir graves sacudidas económicas. La gente, hipnotizada por sus monitores, parecía estar perdiendo el interés hacia la pantalla gigante; y de hecho, antes de la aparición del título que nos ocupa tan solo El caballero Oscuro logró un taquillazo significativo desde que Petter Jackson cerrara su trilogía en 2003.

En tales circunstancias apareció James Cameron con su hipnótico experimento tecnológico. Y a pesar de la dura situación, una vez más demostró su capacidad para orquestar superproducciones de dimensiones inconmensurables, usando como único soporte la estructura convencional de la historieta de aventuras. De repente la gente volvió a correr hacia las salas, el cine recuperó su carácter universal, las películas volvieron a aparecer en las conversaciones triviales… y lo que es más, las familias reencontraron aquella humilde película de aventuras para comentar durante el almuerzo, aquella que años atrás encontraran en Las minas del rey Salomón, La reina de Africa, Indiana Jones o Tras el corazón verde. Todo ello se dio, en gran parte, gracias al hecho de que James Cameron lograra una tremenda innovación al conseguir lo que tantos otros ya habían intentado sin éxito: servirse de los avances tecnológicos para hacer llegar sus personajes a aventuras nunca vistas. Algo muy parecido lograrían más tarde Los vengadores y La vida de Pi.

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Nuevo Cine del Siglo XXI [ 6.6 ]

8 .- El caballero oscuro – año 2008

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Antes de empezar, les suplico me concedan un instante de sinceridad para expresar abiertamente el gran esfuerzo que supone para mi escribir este artículo. Y es que por más oportunidades que he dado a la película, sigo en el mismo sitio: a pesar de todo el esfuerzo de documentación que puedo entrever en ella, a pesar de la evidente seriedad con que Christopher Nolan transporta una celebridad del cómic a la gran pantalla, y a pesar también del gran trabajo de construcción de personajes que vertebran la sexta película del director de Memento, a pesar de todo ello, digo, sigo encontrando soporíferas estas dos horas y media de acción y giros argumentales para mí tan inverosímiles como previsibles. No obstante, siendo el caso de que esta no es una serie de artículos sobre mis gustos sino sobre acontecimientos cinematográficos (relativamente) palpables; y siendo un hecho palpable que El caballero oscuro aportó al cine de acción elementos indudablemente necesarios, guardo mi criterio personal en un cajón y empiezo (tan objetivamente como me veo capaz) con el tema que nos ocupa.

Como ya vimos en el artículo concerniente a Iron Man, en el año 2008 la figura del superhéroe cinematográfico se encontraba en considerable mal estado. Todo el mundo quería borrar de su mente el desagradable recuero que era la tercera aventura del hombre araña, los mutantes superpoderosos no parecían tener nada nuevo que decir, la precuela de Superman llevada al cine por Brian Singer fue vita por casi todo el mundo como una catástrofe, y nadie se atrevía siquiera a mencionar la olvidable irrupción de Catwoman en las salas de cine. Y curiosamente, si hacemos un pequeño esfuerzo, es fácil recordar que antes de la aparición del hombre de hierro en las pantallas (película que, como dijimos, arrojó por primera vez algo de luz en el terreno superheroico cinematográfico) los únicos títulos de superhéroes perdonados por la crítica eran tres películas protagonizadas por un mismo personaje. Evidentemente, me estoy refiriendo a Batman (Tim Burton, 1989), Batman vuelve (ídem, 1992) y Batman Begins (Christopher Nolan, 2005), esta última especialmente bien recibida y responsable directa de la producción del título presente.

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Con todo, cuando Iron man bajó de los cielos cogiendo a público y crítica desprevenidos tan solo Batman Begins podía contarse como título que la acompañara en el trayecto de “reinserción superheroica”. No obstante, pronto se unió a ellas la inesperadamente bien recibida The Incredible Hulk, película con la que marvel reinició la franquicia y añadió seriedad y complejidad a la trama, de lo que resultó una película considerablemente satisfactoria. Aun así, estas tres películas no fueron más que los preparativos del verdadero espectáculo. Pues mientras todo esto pasaba, Nolan daba los toques finales a un cuidadísimo trabajo (o al menos eso dicen) consistente en reconstruir a un personaje que durante años y años arrastró consigo la maldición lanzada por el temible Joel Schumacher. Y es que el rechazo que Batman forever y Batman y Robin produjeron en el público fue de dimensiones tan inmensas que cualquier director que desde entonces se aventurara a dirigir las nuevas aventuras del hombre murciélago se convertiría automáticamente en el punto de mira de público y crítica.

Por eso es innegable que el exitazo logrado con las películas Batman Begins y especialmente El caballero oscuro arrastra consigo un mérito muy considerable. No solo fue el hecho de que los fans de la franquicia recuperaran la fe en el Batman cinematográfico, sino que además medio mundo corriera por primera vez a las tiendas de cómics deseoso de conocer al superhéroe que tan buen rato les hiciera pasar en el cine (sigo sin entenderlo…). La nueva mirada humanizadora hacia la figura, la bien detallada caracterización de los personajes y sobre todo el traslado de Bruce Waine a un mundo más creíble del que estábamos acostumbrados dotaron al legendario vigilante nocturno de los elementos necesarios para reconciliarlo con su público. Algo que, sumado al hecho de tratar al superhéroe no como un monigote que vive aventuras espectaculares, sino como un personaje cuyas habilidades espectaculares tan solo deben usarse para añadir complejidad a la trama, arrastró al cine a una inmensa cantidad de espectadores no aficionados a la franquicia. Todo esto, mal que me pese, fue lo que más adelante tomarían prestado de Nolan las maravillosas Kik-Ass, X-men: First Class y Skyfall.

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Nuevo Cine del Siglo XXI [ 6.5 ]

7 .- Iron Man – año 2008

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Antes de la irrupción en las pantallas de las dos películas Iron Man y El caballero Oscuro la figura del superhéroe llevaba años peleada con el buen cine. Batman y Batman Vuelve a parte, eran poquísimas las películas protagonizadas por personajes superpoderosos que uno podía citar sin ruborizarse. Este hecho que puede atribuirse a dos razones:

1.- Antes de la llegada de joyas como Watchmen, Batman: año uno, El regreso del caballero oscuro o Arkham Asylum el cómic de superhéroes era poco más que un libreto de aventurillas destinado a entretener a los niños. Y esto es precisamente lo que el cine estuvo llevando a la pantalla durante años y años antes de que los verdaderos aficionados al cómic conquistaran parte del terreno cinematográfico. Y desgraciadamente, hasta entonces buena parte de los cinéfilos vivió convencida de que el buen cine y los superhéroes eran incompatibles.

2.- Nos guste o no, los superhéroes acostumbran a necesitar una producción capaz de sacar a relucir sin modestia sus habilidades fantásticas. Y esto no se dio al 100% hasta la aparición de la imagen generada por ordenador, algo que, además, en un primer momento no pareció nada bueno, pues de pronto los directores parecieron volverse locos jugando a descubrir cuanto más era capaz de hacer su nuevo juguete. Algo que, como es de esperar, acabó con toda profundidad de los personajes, que de repente parecieron convertirse en monigotes destinados a dar saltitos de un lado para otro.

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Para entender a qué me refiero, no hay más que ver el boom de películas de superhéroes que prácticamente monopolizaron las taquillas desde inicios de la década del 2000 hasta aproximadamente el año 2008: Blade, X-men, Spiderman, Hulk, Darredevil, Catwoman, La liga de los hombres extraordinarios, Los cuatro fantásticos, Superman Returns y todas las continuaciones respectivas. No es hasta el año 2005 cuando Christopher Nolan demuestra con Batman Begins que existe algo más allá del superhéroe destinado a dar brincos y a luchar maquinalmente en el nombre del bien. Pero ya llegaremos a eso.

Tal vez por la crisis financiera, tal vez por el cansancio del abuso de infografia o tal vez por desgaste propio, en el año 2008, la figura del superhéroe casado con el bien ya no era tan convincente como en sus inicios. De hecho, adaptaciones de cómics de carácter más adulto como la ya citada Batman Begins o la muy respetable Sin City parecían funcionar mucho mejor tanto a nivel económico como en el ámbito crítico. Y dentro de este nuevo terreno encontró un perfecto encaje la divertidísima Iron Man, una película que por primera vez se atrevió a ridiculizar al superhéroe al presentarlo como un alcohólico empedernido cuyos actos respondían únicamente a su egocentrismo.

Este carácter desenfadado, esta voluntad de priorizar la construcción del personaje ante el espectáculo visual y este saludable aspecto cómico que, paradójicamente, aportaría seriedad al trabajo, fueron los elementos que propulsaron hacia el éxito a esta nueva apuesta marveliana, elementos que, además, convertirían el género de superhéroes en el cine de aventuras contemporáneo gracias a las películas Star Trek, Kik-Ass, X-men: First class, Los vengadores y Iron Man 3.

Nuevo Cine del Siglo XXI [ 6.3 ]

5.- Juno – 2007

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 Así como cuando hablamos del cine de acción mencionamos una crisis de ideas que abarca aproximadamente un espacio temporal de doce años, en el caso de la comedia podríamos hablar de un agotamiento de inspiración iniciado a finales de los años ochenta que sigue presente a día de hoy. Pero, a diferencia de lo sucedido con la acción, no es que la comedia desapareciera de la faz de la tierra de un día para el otro, sino más bien que a partir de inicios de los años noventa se dio una especie de desmejora progresiva que terminaría por colocar la comedia en el mismo saco de cine prefabricado en que se encuentran la mayoría de las películas comerciales de inicios de milenio. Hablando a grandes rasgos, podríamos decir que el canto de cisne del género lo dieron películas como Blues Brothers, Porky’s, Esta casa es una ruina, Cita a ciegas, Un par de seductores o Un pez llamado Wanda, en una traca final de joyas cinematográficas que el cine cómico jamás volvería a experimentar.

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Como hemos dicho, llegados los años noventa empezó el declive. Modestos resurgimientos como Atrapado en el tiempo, La boda de Muriel, El gran salto, Seis días y siete noches o Una terapia peligrosa fueron los claros síntomas de declive; pues demostraron que encontrar buenas comedias no solo empezaba a ser una tarea difícil, sino que además, las pocas que podían encontrarse resultaban estar a años luz del alto nivel que en su momento alcanzó dicho género. Desde mi punto de vista solo un título logró alcanzar la excelencia de las joyas de la comedia citadas más arriba, y este fue El gran Lebowski, y no olvidemos que tuvo que hacerlo desde una perspectiva mucho menos comercial que las anteriores. En cualquier caso, fueron sobre todo dos títulos, a saber, Algo pasa con Mary y American Pie, los que condenaron al exilio al cine de comedia inteligente. El hecho de descubrir el alto potencial comercial del gag verde o escatológico convirtió en innecesario elaborar buenos chistes o personajes, algo que condujo la comedia al cúmulo de despropósitos que encontramos en los cinco primeros años del milenio.

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Scary Movie, Los padres de ella, Scary Movie 2, American Pie 2, 40 dias y 40 noches, Crueldad intolerable, Scary Movie 3, American Pie 3, Dos colgaos muy fumaos, Los padres de él y Virgen a los 40 son algunos de los ejemplos de las comedias más taquilleras que podemos encontrar a inicios de milenio; perfectos ejemplos de cine prefabricado con personajes tan vacíos como el argumento. Pues como sucedió con la mayor parte del buen cine, las buenas comedias quedaron apartadas del circuito comercial para caer en manos de cineastas independientes como Tewwy Zwigoff (Ghost Wordl, Bad Santa), Wes Anderson (Los Tenenbaums, una familia de génios, Live Acuatic) o Tod Solonz (Cosas que no se olvidan, Palíndromos). Todo lo que se podía encontrar en el terreno comercial era cine sin identidad que en el mejor de los casos reducía al mínimo exponente la esencia de otras películas (fijémonos en la barata imitación que son Scary Movie y American Pie de los grandes títulos The Kentucky Fried Movie y Porki’s).

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Con todo, fue un auténtico alivio que en el año 2007 apareciera al fin una película capaz de aunar seriedad y comicidad para abordar con desenfado conflictos personales poco divertidos. Juno es un film que en su momento reincorporó en el cine la comedia de personajes reales y aportó frescura y naturalidad a un terreno que llevaba demasiado tiempo mostrándose con apariencias descaradamente estereotipadas. Pero el mayor logro del trabajo de Jason Reitman seguramente sea el de haber conseguido conciliar drama y comedia en un producto de fácil digestión a la vez que profundo. En resumen, una nueva y saludable forma de abordar la “desgracia” que serviría de referente a títulos posteriores como Up in the air, Cuarenta días juntos, Los chicos están bien, Margaret o El lado bueno de las cosas.

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