Nuevo Cine del Siglo XXI (5)

Imatge

Segunda generación: estableciendo clichés, reduciendo realismo

Centrémonos ahora en las dos generaciones de la segunda edad de oro. Así como no existe ninguna duda de que la primera se distingue por ser la generación que salvó Hollywood actualizando su narrativa, a día de hoy aún se discute sobre el papel que representó esta segunda generación en la historia del cine. Algunos críticos se refieren a James Cameron, Tim Burton y Robert Zemeckis como los autores del Nuevo New Hollywood (New New Hollywood), mientras que otros aúnan dichos sujetos con Ridley Scott, Brian de Palma y Quentin Tarantino para catalogarlos a todos como los directores del Cine Posmoderno. En cualquier caso, la influencia que tuvo el New Hollywood de los años 70 sobre el cine de la segunda generación es innegable, lo que desata una compleja parábola estilística.

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En los inicios, Francis Ford Coppola actualizó el género “gangsteri”l de los años treinta con El Padrino, Steven Spielberg rescató al arqueólogo aventurero de los años cincuenta con Indiana Jones, Peter Bogdanovich recuperó la comedia romántica del cine clásico con ¿Qué me pasa, doctor? y Michael Cimino modernizó el estilo bélico con El cazador. Estas son algunas de las más llamativas aportaciones cinematográficas que hicieron los directores de la primera ola del New Hollywood, tomando al propio cine como influencia. Pero debemos tener en cuenta que sus referencias no solo se remiten al aspecto genérico, ya que estos cineastas también imitaron tipología de planos, argumento, fotografía o estilo de montaje de determinados clásicos. Hé aquí la primera oleada de directores del New Hollywood. Más tarde, entre los años ochenta y los noventa, aparece la segunda tanda de cineastas para rematar el trabajo. Su aportación consiste básicamente en que si el cine de la primera generación se distinguía por usar el dispositivo cinematográfico en favor de un objetivo, el de la segunda casi convirtió al dispositivo cinematográfico en el objetivo en sí.

Por ejemplo, si Steven Spielberg encontró en Indiana Jones el esqueleto ideal para los films familiares de aventuras, Robert Zemeckis se benefició del descubrimiento copiándole la estructura en Tras el corazón verde, con la clara intención de lograr una pieza que todo el mundo identificara como cinta de aventuras. O si con La puerta del cielo Michael Cimino dio al western la firma cinematográfica que hasta entonces solo Sergio Leone y Sam Pekimpah habían logrado, Lawrence Kasdan ofreció con Silverado un film de disparos y sombreros de ala que ya no se inspiraba en la realidad americana de finales del siglo XIX, sino en clichés cinematográficos ya establecidos del género. Y volviendo a Spielberg, donde este presentó a un imbatible tiburón famélico como motor que hiciera girar los engranajes de su historia, James Cameron convirtió al androide indestructible de Terminator en el personaje principal de su trama. Y la lista sigue. 

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Con ello, el cine se consolidó como dimensión alternativa convirtiéndose en unreceptáculo de clichés cada vez más alejado del realismo. Pero sería un error ver esta transformación como algo peyorativo, pues las nuevas fórmulas “no realistas” permitieron a los cineastas de antaño traernos joyas como Eduardo Manos TijerasAvis¿Quién engañó a Roger Rabbit? o El club de la lucha. El problema se dio cuando la realidad quedó tan lejos del cine que lo único que este recordaba de ella era una radiografía caricaturesca troceada y esparcida en forma de clichés genéricos. Por ejemplo, el concepto de “Bruce Willis socorriendo a su hija en medio de un incendio” ya no correspondía a la imagen de un padre desesperado tratando de proteger a un ser querido, sino a la de un héroe cinematográfico conocido por todos cuyo deber está escrito en el título del film. Nuestra identificación con el personaje ya no se debía a su parentesco con la realidad, sino a nuestro previo conocimiento del papel predeterminado que este desempeñaba; si se me permite la comparativa, algo muy parecido a lo que sucede con los Best Sellers contemporáneos. 

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Nuevo cine del Siglo XXI (4)

La auto-referencia no es el único camino

Resumiendo, digamos que la primera edad de oro de Hollywood empezó a finales de los años 20 dando la bienvenida a la era sonora para terminar a finales de los 50 en las puertas del asentamiento del color. Los motivos de esta crisis cinematográfica se resumen en tres conceptos: la llegada de la TV, la prohibición de la exhibición del producto propio, y especialmente, el agotamiento de formas. Lo que siguió fue una década de incertidumbre durante la cuál los cineastas del modernismo europeo (especialmente los de la Novelle Bague) y puntuales títulos americanos (como Grupo Salvaje, Bonni and Clyde o Easy Rider) reivindicaron el cine como pasión. Y a continuación, la cinefília llegó a Hollywood en la legendaria década de los 70.

Es cierto, esto fue lo que salvó al cine. Las películas aprendieron a explotar sus posibilidades narrativas como nunca antes lo habían hecho; de repente tomaron conciencia propia y empezaron a explotar sus recursos narrativos sin miedo a perder la transparencia. El desafío de explorar a fondo las posibilidades que ofrecía el dispositivo cinematográfico tomando como modelo a los directores pioneros significó para Hollywood el nacimiento de la autoría. Así surgió la segunda edad de oro hollywoodiense cuya resonancia llegaría a su punto culminante a finales de los años 90. El ciclo había vuelto a empezar. 

Analicemos los parecidos entre ambas edades. La primera puede dividirse en dos generaciones: la que emerge entre los años 10 y 20 con la llegada de los directores Howard Hawks, John Ford, Fritz Lang, Alfred Hitchcock, King Vidor, Roul Walsh o William Willer y la que nace entre los 30 y los 40 con la aparición de cineastas como Billy Willder, Orson Welles, John Huston, Otto Preminger, Elia Kazan, Henry Hathaway, Preston Sturges, o Nicholas Ray. La segunda edad de oro de Hollywood (denominada New Hollywood) también puede dividirse en dos oleadas: la primera aparece entre los años 60 y los 70 con los directores Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, Robert Altman, Peter Bokdanovich, George Lucas, Terrence Malick, Michael Cimino o William Friedkin y la segunda entre los años 80 y los 90 con la aparición de cineastas como James Cameron, Robert Zemeckis, Tim Burton, Ridley Scott, Lawrence Kasdan, John McTiernan, Petter Jackson, Quentin Tarantino o David Fincher.

 

Volviendo a la Primera Edad de Oro, aunque existan claras diferencias entre las dos oleadas que la forman el caso es que ambas comparten la característica esencial de ser pioneras del cine. Por ejemplo, es cierto que King Vidor, a diferencia de John Huston, hizo una contribución inigualable durante la era del cine mudo con la excelente Y el mundo marcha, pero también es innegable que la aportación que el segundo hizo al género negro con El Halcón maltés cambió para siempre la historia del cine. En definitiva, ambas generaciones fueron creadoras de un lenguaje, inventoras de una narrativa. Si queremos ser más minuciosos, tal vez podamos decir que unos crearon las señas del lenguaje ofreciendo los primeros films de la historia mientras que los otros perfeccionaron los dialectos del idioma aportando al cine el acabado de los géneros.

Del mismo modo, las dos oleadas de la Segunda Edad de Oro (70 / 80 – la “generación Steven Spielberg” – y 80 / 90 – la “generación James Cameron” – ) tienen una característica en común muy evidente: ambas están formadas por directores que ya no inventan el cine, sino que lo actualizan. Y lo hacen tomando como referente al propio cine. Este es el vínculo entre los directores y su obra del que antes hablamos: donde unos debieron inventar, los siguientes tuvieron que reinventar. Y si prestamos atención, nos daremos cuenta de cómo desde los inicios de los años 70 hasta mitades de la década del 2000 el cine no ha probado otra fórmula que la de la reinvención narrativa mediante el propio reciclaje. 

Nuevo cine del Siglo XXI (3)

Artistas consagrados y aciertos puntuales

Pero exactamente, ¿a partir de qué momento podemos decir que entra en acción dicho colectivo de cineastas? Para poner orden, veamos qué directores estaban al mando antes de la aparición es esta nueva ola y qué sucede con ellos cuando se da el cambio.

Anteriormente definimos el estilo cinematográfico de inicios de milenio como un cine “de temática más tópica que profunda orientado a exaltar el aspecto formal de modo simplista y más bien convencional”. Este estilo, como también dijimos, puede ser dividido en tres categorías, a saber, el género aventurero de palomitas (El Señor de los Anillos, Harry Potter, Star Wars, Matrix, Las crónicas de Narnia, Spiderman), el cine de formas exageradas al servicio del fondo (Big Fisg, Chicago, Amelie, Descubriendo Nunca jamás) y el cine de la exaltación del individuo como superviviente vencedor (Gladiator, El Pianista, Million dolar Baby, Master and Comander). Veamos ahora quienes eran los responsables de todo esto.

Otra vez recordando lo dicho, el cine de inicios de milenio arrastraba la inercia estilística de los noventa, y el caso es que esta tendencia también puede observarse en los directores. En primer lugar está el simple hecho de que la mayoría de los cineastas de la década anterior siguen en pie en los inicios del 2000. En segundo lugar, en aquel entonces también seguía vigente la continua aparición de nuevos realizadores de reducida producción destacable (algo propio de los noventa). En resumen, hablamos de películas puntuales que en la mayoría de los casos son recordadas mucho antes que su autor (al menos en tanto que director).

Por ejemplo, así como en los noventa encontramos los casos de Kevin Costner con Bailando con lobos, Martin Brest con Esencia de mujer, Frank Darabont con Cadena perpétua, Mel Gibson con Brave Heard, Anthonny Mingella con El paciente Inglés, Scott Hicks con Shine o Chris Noonan con Babe, el cerdito valiente, en los inicios del 2000 tenemos los casos de Stephen Daldrey con Las horas, Rob Marshall con Chicago, Gary Ross con Seabiscuit, más allá de la leyenda, Todd Field con En la habitación, Marc Foster con Descubriendo Nunca Jamás o Chris Columbus con Harry Potter y la piedra filosofal.

Estos últimos y un conjunto de cineastas ya consagrados que o bien llevaban varios años dando sus últimos coletazos o bien alcanzaron entonces su edad de oro – como el caso Clint Eastwood con Mystic Riber y Million Dólar baby, Ridley Scott con Gladiator y American Gangster, Lasse Halstrom con Chocolat y Las normas de la casa de la sidra o Petter Jackson con la trilogía de El señor de los anillos– son los autores que acaparan la cartelera de inicios de milenio justo antes de que el Nuevo cine del Siglo XXI entre en acción.

En resumen, digamos que tenemos a un conjunto de directores dividido en dos colectivos: el primero, el de los cineastas consagrados, y el segundo, el de las puntuales apariciones de obras remarcables por parte de sujetos de corta vida cinematográfica. Y este conjunto de cineastas es el que nos ofrece el estilo de cine de inicios de milenio. Pero más allá de las definiciones hechas hasta ahora, las películas de este conjunto de realizadores comparten una característica esencial, que en el fondo, es la responsable de todas estos rasgos tan reconocibles del cine de inicios de milenio (entiéndanse las tres categorías mencionadas de este “cine de temática más tópica que profunda orientado a exaltar el aspecto formal de modo simplista y más bien convencional”).

Esta característica encuentra su razón de ser en un fuerte vínculo existente entre los directores de antaño y su obra. Y hablamos, sencillamente, de que el cine llevaba entonces décadas y décadas retroalimentándose, o dicho de otro modo, el cine había alcanzado la cumbre del metalenguaje llegando a convertirse en un arte que solo bebe de sí mismo.

Nuevo cine del Siglo XXI (2)

Una corriente, dos generaciones

Empecemos por identificar las principales características que suelen encontrarse en este nuevo cine. En primer lugar tenemos una clara desaparición de ingenuidad y simplismo que da la bienvenida a un cine más profundo y complejo. Si a inicios del milenio la figurita dorada era para un gladiador representante de la justicia que lograba vengar a su familia asesinada (Gladiator, 2000), a finales de la década esta misma estatuilla se entregó a un grupo de marines agresivos, emocionalmente desestructurados y de heroicidad dudosa (En tierra hostil, 2008- 2009).

En segundo lugar encontramos en este cine una evidente tendencia a explotar géneros ya existentes bajo el escudo de la reinvención. Así, si en los primeros años del 2000 Spiderman deslumbraba al público gracias a sus increíbles superpoderes, en estos últimos años la auto-parodia genérica ha salvado al cine de super-héroes de caer  en el ridículo (y de paso nos ha ofrecido un nuevo estilo de cine de aventuras).

En tercer lugar, esta nueva corriente se caracteriza por presentar rasgos claramente comerciales que no tienen nada que ver con el estilo setentero del New Hollywood. Por ejemplo, si el producto comercial que participaba en  los Oscars en inicios del milenio llevaba por título Chocolat, Una mente maravillosa, Descubriendo Nunca Jamás o El pianista (películas cuyos rasgos principales son característicos del cine de masas de finales de los setenta e inicios de los ochenta), en los últimos años de la década encontramos compitiendo entre sí a películas como Juno, El curioso caso de Benjamin Button, El lector o Cisne Negro (cintas comerciales que nada tienen que ver con el mencionado estilo).  

La cuarta característica, y tal vez la más curiosa, es que podemos dividir a los padres de esta nueva ola cinematográfica en dos apartados: los directores contemporáneos cuyas primeras producciones forman parte del Nuevo Cine del Siglo XXI, y los directores de inesperado resurgimiento tras un largo tiempo de permanecer en la sombra. Veamos cada apartado.

En el grupo de los primeros tenemos a un conjunto de directores generalmente surgidos a mediados del 2000 provinentes de la televisión, como Tom Hooper (El discurso del Rey, Los Miserables), Christopher Nolan (El caballero Oscuro, Origen), Joe Wright (Expiación, Hanna), Ruben Fleischer (Bienvenidos a Zombieland, Gangster Squad), Tony Gilroy (Michael Clayton, El legado de Bourne), Matthew Vaughn (Kik-Ass, X-men: First Class), Bennet Miller (Truman Capote, Moneyball: rompiendo las reglas), Rian Johnson (Looper) o Tomas Alfredson (Déjame entrar, El Topo).

En el segundo apartado encontramos a un seguido de directores que curiosamente antaño fueron vistos como hermanos pequeños de los grandes cineastas de entonces y que hoy, tras un largo tempo de inactividad, regresan como consagrados autores y principales responsables de las tendencias del cine contemporáneo. Entre ellos encontramos a Danny Boyle (Slumdog Millionaire, 127 Hours), Stephen Daldry (El lector), David Fincher (El curioso caso de Benjamin Button, La red social), Ang Lee (Brokeback Mountain, La vida de Pi), Kathryn Bigelow (En tierra hostil, Zero Dark Thirty), los hermanos Coen (No es país para viejos, Valor de ley), Darren Aronofsky (El luchador, Cisne Negro) David O. Russell (The Fichter, El lado bueno de las cosas) o Alexander Payne (Los descendientes).

Evidentemente existen diferencias entre los estilos de los cineastas de uno y otro colectivo, pero sin duda, las películas más significativas de ambos forman parte de una misma corriente: el Nuevo Cine del Siglo XXI.

Nuevo cine del siglo XXI (1)

Los héroes acuden al rescate

Tras semanas y semanas de referirnos a él, probablemente haya llegado el momento de asentar de una vez por todas las características principales del Nuevo Cine del Siglo XXI .  Hemos hablado de reinvención, del cuestionamiento de las normas y de la desaparición y el recién resurgimiento del producto de calidad para todos los públicos. Sin duda todos estos rasgos pertenecen a esta nueva corriente cinematográfica, pero para comprender exactamente a qué nos referimos debemos remontarnos a los antecedentes del movimiento.

La reinvención narrativa cinematográfica que está teniendo lugar en nuestros días empieza durante la segunda etapa del boom del cine de super-heroes hollywoodiense (que a día de hoy todavía continúa). Esta abarca, aproximadamente, desde mitades de la primera década del nuevo milenio hasta la actualidad.  Para resumirlo, digamos que hablamos del momento en que los jóvenes efectos especiales generados por ordenador empezaron a perder su originalidad y las piruetas gratuitas de los personajes con super-poderes (entiéndanse, por ejemplo, las primeras Spiderman, el primer Hulck, CatWoman, los primeros X-men o Daredevil) piden a gritos algún tipo de contenido que las justifique.

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El cambio esperado empieza con la llegada de películas como Watchmen y El caballero oscuro y termina por reformar de pies a cabeza las claves de la película del super-heroe convencional, empezando por la incorporación en el cine de Iron Man y acabando con la reciente Los Vengadores [ Para más información, les invito a consultar la reflexión Herois i hereus: http://cinemaspotting.net/2012/01/21/herois-i-hereus-recopil%c2%b7latori/ ]Esta reforma cinematográfica supuso la maduración del super-heroe, la desaparición de la inocencia de la película del super-bueno y el super-malo para dar la bienvenida a cintas de moralidad más ambigua y que generalmente justificarían su condición naif con la auto-parodia (tómense como ejemplo Iron Man, Capitan America, X-man: First Class o la ya mencionada Los vengadores).

Y aquí es donde empieza la reinvención estilística que provocaría la aparición del Nuevo Cine del Siglo XXI, pues esta maduración supone el nacimiento de lo que llamaremos el “cuestionamiento de un género u estilo narrativo”, usado a modo de licencia para lograr una película de este mismo género. Por ejemplo, Kick-Ass es un film que ridiculiza las características principales del cine de super-heroes con el único fin de presentar lo que en el fondo no es más que otra película de super-heroes. Estos son los primeros indicios del cambio. Pero ¿exactamente de qué cambio hablamos?

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Remitiéndome de nuevo a la historia del cine, los años sesenta fueron para hollywood una época de caos e incertidumbre. En aquel entonces resultaba difícil prever si una producción cosecharía éxito o fracaso, ya que el agotamiento genérico exigía una reforma estilística pero no existía ninguna indicación sobre hacia donde apuntaban las preferencias del nuevo espectador. Pues bien, a lo largo de la primera década del 2000 ocurre algo parecido, y el cambio del que hablamos consiste en la desaparición de este desorden estilístico mediante la aparición de un nuevo estilo de cine comercial. Pero antes que nada y a modo de punto de partida, analicemos las características básicas de los éxitos comerciales cinematográficos que dieron la bienvenida al nuevo milenio.

1.- Fin de una era, caos que antecede al nuevo orden

Los inicios de la primera década del 2000 arrastraron consigo una clara tendencia hacia la simplificación argumental en favor del ensalzamiento de las formas, algo propio de los años 90. Esta tendencia se explica por el hecho de que, de igual modo que los años cincuenta supusieran el fin de la Primera Edad de Oro de Hollywood, la última década del siglo XX representó la traca final del ciclo de New Hollywood iniciado en los años setenta.

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Así, los 90 nos trajeron los últimos fluidos de una naranja exprimida al máximo dando forma a títulos como Bailando con lobos, La lista de Schindler, Forrest Gump, Cadena perpetua, Titanic o Shackespeare in Love, películas que, como vemos, en ocasiones son de notable calidad pero siempre muestran una clara tendencia reduccionista.

Curiosamente, nada más empezar el nuevo milenio tuvo lugar un hecho que eclipsaría momentáneamente este agotamiento estilístico. Se trata de la explosión del cine de efectos especiales generados por ordenador. Películas como Matrix o la segunda trilogía de Star Wars abrían nuevas puertas a la narrativa moderna, ofreciendo un territorio ficticio https://i0.wp.com/upload.wikimedia.org/wikipedia/ca/7/7a/Matrix.jpgilimitado cuyas posibilidades parecían infinitas. Todo ello creó un anonadamiento óptico que ocultaba el insustancial contenido de la mayoría de los estrenos que tuvieron lugar.

Este hecho y la mencionada tendencia reduccionista que los inicios de la década arrastraba condujeron al cine hacia una simplificación argumental que hoy podemos clasificar en tres categorías: las películas de aventuras comerciales en estado puro, las películas que buscaban la exaltación formal, y el cine sobre personajes cuyo objetivo era realizar una dura proeza casi siempre relacionada con la superación personal.

1.1 Aventura gráfica, explotación de formas y heroe callejero

Entonces, la entrada al nuevo milenio nos trajo la conclusión de las sagas Matrix y la segunda trilogía de Star Wars, películas clave en la demostración de las posibilidades que ofrecía la tecnología digital. Pero existen otros títulos que condicionarían el campo comercial en lo que a aventuras se refiere de forma si cabe aun más notable.

Estamos hablando, en primer lugar, de las exitosas El señor de los anillos y Harry Potter; y en menor medida pero también de un éxito nada despreciable, Piratas del Caribe, Spiderman o X-men. Estos títulos deribaron en un bombardeo de películas de aventuras saturadas de efectos especiales con argumento y personajes de escasa profundidad, como Las crónicas de Ridick, Los 4 fantásticos, Eragon o Las crónicas de Narnia. En definitiva, hablamos de un cine cuyo único objetivo era explotar al máximo las posibilidades formales que ofrecia el nuevo juguete llamado infografía.

Cartatula pelicula gladiator

En otro terreno encontramos un conjunto de películas que exploraban las posibilidades de los gráficos por ordenador en beneficio del argumento u reflexión que proponían, como son los casos de Amelie, Big Fish, Charlie y la fabrica de chocolate, Descubriendo Nunca jamás y los casos más evidentes de Mouling Rouge y Chicago. Películas en las que los efectos especiales generados por ordenador no eran el propio objetivo, sinó que estos estaban al servicio de un discurso.

Por último tenemos el espacio cinematográfico reservado a los títulos comerciales que probablemente mejor aguantarán el paso del tiempo. Se trata del apartado de géneros que centra su atención en el protagonista del cine americano por excelencia, aquel que debe valerse de sí mismo para lograr su objetivo, ya sea este vencer a sú adversario, alcanzar un logro personal o sobrevivir ante duras y crueles condiciones. Dentro de esta categoria encontramos las aclamadas Gladiator, Náufrago, Una mente marabillosa, El Pianista, El último Samurai, Master and comander o Million Dolar Baby.

Una vez hecho el resumen, digamos que así fue más o menos el cine comercial de los cinco primeros años del nuevo milenio (y parte de los que siguieron): producciones de temática más tópica que profunda orientadas a exaltar el aspecto formal de modo  simplista y tirando a convencional. Pués este es el aspecto que hoy en día el Nuevo Cine del Siglo XXI se está encargando de cambiar.